A remate de vendimias

Tradicionalmente, el final de la vendimia suponía el ingreso de dinero en las arcas familiares

La vida en la Mancha, y mas concretamente en Tomelloso, se rige por un ciclo anual que gira en torno a la viña y al vino, un ciclo que no tiene principio ni final, pues cuando los vinos ya reposan en las bodegas, las cepas han de podarse para planificar la próxima cosecha. Muchas industrias de aquí también nacieron en torno a la viña y al vino, por eso la mayoría de nuestras actividades dependen de ellos, una gran parte de los pequeños y medianos negocios dependen en gran medida de la vitivinicultura, y se podrían considerar industrias auxiliares de la misma.

No hace mucho tiempo (unas cuantas décadas), los comerciantes de Tomelloso vendían a crédito y cobraban «a remate de vendimia». Toda economía local estaba mucho más ligado a la vid. Las familias enteras trabajaban durante más o menos un mes en la recolección de la uva, y al finalizar esta se les pagaba. Los pequeños propietarios, que eran muchos, recogían la cosecha de su viña, de una o dos hectáreas, y la vendían a la cooperativa o a algún bodeguero. Los bodegueros vendían gran parte de su vino a las destiladoras, y todo ese ciclo se complementaba con el resto de negocios locales: Los talleres de herrería, que herraban a los animales de carga (básicamente mulas), los arados y todo tipo de aperos de labranza, y que posteriormente con la mecanización del campo, fabricaban remolques; los talleres de calderería, que reparaban y fabricaban los aparatos de destilación; o los guardicioneros que hacían los aparejos para los animales de carga.

DO La Mancha

Era una economía cerrada y casi autónoma que abría y cerraba ciclos, en la que todos dependían de todos, y en la que ningún eslabón de la cadena podía romperse, por lo tanto se estableció un sistema de venta a crédito, que no solo afectaba a las tiendas de alimentación, pues hasta la ropa se compraba a crédito, y los jornaleros que trabajaban a salario semanal, recibían el fin de semana la visita del cobrador. Pero en muchas casas, las compras más importantes (los muebles, el vestido de novia, el ajuar, la motocicleta o el televisor) se compraban o se pagaban “al remate de vendimias”. Se generó así una cultura de compromiso con la deuda adquirida, que en la mayoría de los casos era como una religión (podemos adaptar aquí la famosa frase hecha eso de “pagar religiosamente»).

Ésta forma de vida nos ha curtido un carácter peculiar. Los manchegos somos un híbrido entre la sobriedad castellana y el humor andaluz. Somos socarrones, desconfiados, trabajadores, y con una constancia y capacidad de sacrificio enorme, también somos muy individualistas, porque las circunstancias tan duras de ésta tierra nos han obligado a ello, quizá por eso también hay tantos literatos y artistas. Nuestro individualismo no nos impide ser solidarios, quizá porque somos conscientes de la dureza de la vida y de que las adversidades pueden llegar en cualquier momento. Un año malo de sequía o pedrisco pueden arruinar todo este frágil sistema económico.

Con la globalización de la economía y el progreso tecnológico, ese sistema se está desmoronando Es cierto que la economía local sigue dependiendo en gran parte de la viña y el vino, pero ahora ya no compramos a crédito hasta remate de vendimias en la tienda de la esquina, sino que compramos por Internet y pagamos con una tarjeta de crédito, por lo que esas tiendas que tanto hicieron por todos nosotros, están cerrando una a una, y nuestra ciudad se va viendo poco a poco como una ciudad fantasma en la que los locales comerciales vacíos llenan las calles de una triste desolación, de la que quizá aún no seamos conscientes. Y con la desaparición de ese pequeño comercio, también está desapareciendo parte de nuestra cultura tan especial y única.




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