Los mercados son puntos de encuentro entre aquellos que desean comprar y los que ansían vender. Esta coincidencia de sujetos, con intereses opuestos, se salda de diversas formas, en función de la intensidad del árbitro invitado a la fiesta: la competencia.

La (buena) competencia es el motor de la innovación, causante de muchos de nuestros gozos. Por esa razón debemos observar su sano desarrollo, procurando un marco jurídico en el que la defensa de aquellos individuos menos favorecidos no tenga por qué ser numantina. Oigan, ofrezcamos oportunidades a la gente. Bien se merecen.

Parece tarea compleja aquella de preservar la competencia y abogar por una distribución equitativa de las ganancias en el mercado. Sin embargo, una cosa lleva a la otra si se garantiza, suficientemente, la igualdad de oportunidades. Los mercados (privados) dependen, de esta forma, de otros mercados (públicos y no tan visibles) como el de la educación, donde sus protagonistas hacen más bien del que, a solas, puedan imaginar.

No es broma. Los beneficios de una (buena) educación se desparraman más allá de los cuerpos y de las mentes que la reciben. Como un reguero de agua, encuentra la tierra más blanda para expandirse y, poco a poco, va calando. Se denominan externalidades positivas y fomentan la aparición de más y mejores casillas de salida para todos. Cuanta más educación tenga una comunidad, mejor.

Por eso, no llegaremos muy lejos con el «yo no he sido» o el «a mí, eso no me pasa». Estas premisas cercenan la cadena de la externalidad, anulando el efecto de onda expansiva que tienen las mejores políticas públicas jamás inventadas. En el (buen) mercado nos encontramos todos y conjugamos, al mismo tiempo, el «yo» con el «nosotros». No hay sitio para polizones. Si los encontramos, pongámoslos a remar.

Concluyendo, la base del (buen) mercado es la (buena) competencia que nos conduce a la (buena) innovación ¿Y cuáles son los cimientos del (buen) mercado? Los mercados de la educación y de la sanidad. Sí, oiga, mercados en tanto nos encontramos los que deseamos educarnos y los que nos van a proveer de tan preciado bien ¿Hay algo más hermoso que un (buen) mercado? Cuidemos nuestra educación. Va para todos, también para un servidor.

ACREDITA
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