El Gobierno de Castilla-La Mancha va a «luchar con uñas y dientes» para defender los intereses del sector del vino ante la posibilidad que estudia el Parlamento europeo de introducir un nuevo etiquetado en las botellas que incluya información sobre el riesgo de su consumo, considerando «muy injusto y que no se sostiene en criterios científicos» el hecho de comparar bebidas destiladas con vino de buena calidad.

A preguntas de los medios por esta información tras la rueda de prensa para dar cuenta de los acuerdos del Consejo de Gobierno de esta semana, la portavoz del Ejecutivo castellanomanchego, Blanca Fernández, se ha mostrado «en desacuerdo» con esa posibilidad ya que «el vino no es cancerígeno» y «no se puede homologar a las bebidas destiladas».

Además, ha añadido que «está demostrado que tiene taninos y efectos positivos para la salud si se trata de un buen vino como mayoritariamente hacemos en Castilla-La Mancha», región con el mayor viñedo del mundo, algo que no solo «nos hace sentir orgullo» sino que hace que se genere empleo, que se exporte, y que se cree marca España y marca Castilla-La Mancha.

Siguiendo en el ámbito europeo, preguntada por el borrador del Pacto Verde de la UE, que contempla la inclusión de los aceites esenciales de lavanda dentro de la categoría de productos químicos, de tal manera que incluirían la etiqueta de «tóxicos» –y que afectaría al cultivo de esta planta en la zona de la Alcarria–, ha asegurado que el Gobierno regional hará «todo lo posible para que esto no salga adelante».

Para ello, va a trabajar con sus eurodiputados y con el Grupo Parlamentario para defender también los intereses de la Comunidad Autónoma al respecto, «que son razonables», pues «nadie que conozca bien el proceso de extracción de aceite de lavanda puede pensar que es producto químico», pues el aceite se extrae por medios mecánicos y es natural.




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