La primavera es un momento excepcional para acercarse a conocer el mayor viñedo del mundo. La Ruta del Vino de La Mancha, formada por nueve municipios que abrigan esta llanura vitivinícola (Campo de Criptana, Villarrobledo, Alcázar de San Juan, Socuéllamos, Tomelloso, El Toboso, Argamasilla de Alba, La Solana y, su última incorporación, Pedro Muñoz), te invita a darte el primer baño de la temporada entre tradición, historia y viñas, cuya Denominación de Origen puede presumir de ser de las primeras en ser reconocidas oficialmente.

Una oportunidad única para saborear de primera mano los vinos que bañan esta tierra de hidalgos, artistas, castillos y humedales y, al mismo tiempo, dejarse llevar por los siglos de historia que te cautivarán a cada paso. La Ruta del Vino de La Mancha te marca el camino. ¿A qué esperas para venir?

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1. Alcázar de San Juan: centro de interpretación del vino DO La Mancha

Nuestro punto de partida es Alcázar de San Juan, en pleno corazón de La Mancha. Esta ciudad esconde andanzas de Don Quijote en muchas de sus esquinas. En su Casa Museo del Hidalgo podrás conocer cómo vivían estos caballeros, un plan perfecto si viajas con niños, pues las aventuras de los héroes de la época captarán la atención de los más pequeños.

Ya por sus calles estrechas de piedras romanas y moriscas, Alcázar de San Juan (Ciudad Real) esconde tesoros de su época de esplendor en el siglo XVI, como el convento de San Francisco o la Real Fábrica de Pólvora, que fue una de las más importantes de la Península. Paseando por su alcazaba árabe (Torreón del Gran Prior, el Cubillo…) o sus yacimientos arqueológicos romanos confirmarás la importancia de este lugar, que se alzó entre murallas y torres en mitad de La Mancha.

Ya por aquel entonces, el vino estaba en la dieta de sus gentes, así que tomarse una copa o darse un homenaje gastronómico en cualquiera de los rincones de esta ciudad es casi obligatorio.

En Alcázar de San Juan merece una detenida visita el Centro de Interpretación del vino en la sede del Consejo Regulador de la DO de La Mancha. Su propuesta interactiva te acercará a este motor de la economía manchega a través del olfato, la vista y el sabor. Recuerda reservar en tu viaje una ‘experiencia’ en cualquiera de las bodegas de la zona, pues saldrás con ganas de poner en práctica todo lo aprendido. En toda la Ruta del Vino de La Mancha hay una amplia oferta de catas y degustaciones para todos los gustos y bolsillos.

Antes de continuar tu camino, no olvides subir al Cerro de San Antón. Los cuatro molinos de viento que vigilan la ciudad desde allí (dos se pueden visitar durante el fin de semana) no te dejarán indiferente. Una foto con ellos y las vistas de la llanura manchega desde lo alto serán la mejor despedida.

Museo del Hidalgo
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