Ayer se celebró el día del cuidador, y desde el Centro San Rafael quisieron rendir homenaje a todos los cuidadores. Lo hicieron a través de un taller de relajación y yoga a cargo de Lola Peinado Merchán, al que prosiguió la entrega de premios del I Concurso de relato corto “Mary Torres”.

“Todos los viernes”, del escritor Alberto de Frutos Dávalos, y “La Caperucita roja que se perdió en el bosque”, de María José Marquina, se alzaron con el primer premio del concurso. Desde el centro han manifestado que ha sido un honor felicitarles tanto por su calidad como por su calidez en el arte de cuidar. Alberto de Frutos finalmente no pudo desplazarse a Tomelloso, haciéndose presente a través de un vídeo muy entrañable. Sin embargo, también han puesto en valor a todos los participantes, a quienes agradecen que hayan compartido sus vivencias a través de este certamen.



(…) ¿Qué había detrás de Lourdes?, se preguntaba Ana mientras la oía respirar. ¿Dentro de Lourdes? Su vecina era como un signo de interrogación dolorosamente abierto. La pregunta nunca se concretaría y esa incertidumbre le resultaba insoportable. Pero, cuando se despedía de sus anfitriones, entendía que el amor no es una emoción inútil y aguardaba los viernes con la esperanza de que algún día se resolviera el misterio (…) (Alberto de Frutos)

(…) Lo que me toca ahora es atenderla y cuidarla lo mejor que pueda, darle todo el cariño que necesita, darle todos los besos que pueda y hacerle la vida más bonita a ella, como ella ha cuidado de mi toda su vida (…) (María José Marquina)



Si hay una enfermedad en la que encontrar el paradigma de los cuidados, esa es, sin lugar a duda, la enfermedad de Alzheimer. El cuidador principal asume la responsabilidad de la atención, apoyo y cuidados diarios, y además es quien acompaña la mayor parte del tiempo a la persona afectada por el Alzheimer, y quien sufre un mayor riesgo sobre su estado de salud en general.



Así lo han relatado desde el centro, donde además afirman que en la mayor parte de las familias, un único miembro, la mayoría de las veces mujer, es quien asume la responsabilidad del cuidado, lo que implica que contrae una gran carga física y psíquica. La tristeza, la preocupación, la soledad, la irritabilidad o la culpabilidad son sentimientos que afloran con mayor frecuencia en el cuidador de Alzheimer. Por todo ello, el cuidador debe ser objeto de atención en todas las fases de la enfermedad, incluso tras el fallecimiento, pues el Alzheimer deja huellas difíciles de borrar.

Por todo ello, el centro ha rendido un homenaje a estas figuras tan importantes: «que nuestros humildes gestos sirvan de homenaje a quienes viven, han vivido o vivirán mañana la experiencia de cuidar, que no cesemos en el empeño de conseguir un marco jurídico que proteja al cuidador, que cuide a la persona que cuida».



Dejar respuesta

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduce tu nombre