El panorama posterior a la celebración de las hogueras de San Antón es asolador. Paseando por la avenida Juan Carlos I pareciera que estamos en la «Zona Cero» o en la ubicación de una zona de guerra. Las imágenes que acompañan este artículo hablan por sí solas de la falta de civismo colectiva, pues es evidente que casi ningún grupo de los que organizaron hogueras tuvo presente la idea de llevar bolsas de basura o algún tipo de contenedor para arrojar los desperdicios.

Tenemos la errónea idea de que los servicios de limpieza del Ayuntamiento son los que se deben encargar de recoger toda la basura que dejamos tirada en la calle. Esto no es algo puntual, y es habitual ver basura en el suelo a dos metros de una papelera, o los restos de un botellón junto a unos contenedores, por no hablar de todos esos que pasean a sus perros llevando una bolsa en la mano como atrezzo.

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Con este comportamiento colectivo, mantener la limpieza de nuestro muncipio nos cuesta muchísimo dinero a todos los tomelloseros, un dinero que podría utilizarse para muchas otras cosas necesarias. Recordemos que Tomelloso aspira a ser una importante ciudad de los circuitos turísticos nacionales, y estos comportamientos colectivos no ayudan en absoluto.

Los medios de comunicación están para contar la verdad, no solo debemos contar las excelencias de una sociedad. También hay que contar sus miserias, ya que es el único camino para mejorar. Los humanos en general solemos tener comportamientos diferentes cuando estamos en grupo a cuando estamos solos. Es muy curioso que aún podamos ver por nuestros barrios a muchas vecinas que madrugan para barrer la calle, y que barren la zona que ocupa su fachada, quitando todas las basuras arrojadas por los viandantes (incluidas las deposiciones de los perros), y que luego en grupo seamos tan poco cívicos.

Embellecer Tomelloso no es solo una obligación del Ayuntamiento, sino de todos y cada uno de sus vecinos. Este no es un problema exclusivo de Tomelloso, sino de toda la región y casi de todo el país, ya que no tenemos demasiada conciencia colectiva, pero lo cierto es que hay lugares donde estas actitudes son más visibles. Si tanto nos gusta presumir de nuestra ciudad, deberíamos cambiar nuestros comportamientos colectivos y también individuales.




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