Por fín, tras dos años de parón, el estremecedor ruido de las cadenas sobre un fondo silencioso que estremece, ha vuelto a recorrer las calles de Tomelloso. La Procesión del Silencio, la que nevase, lloviese u helase siempre salía. El virus pudo con ella.

Pero en la madrugada de este Sábado Santo, la Hermandad de Penitentes de la Santa Cruz salían a la calle a las 3 de la madrugada al ritmo de los tambores.

Varios centenares de cofrades han salido ataviados con una túnica franciscana, cubiertos con el capuz bajo el cual a algunos de les veía la mascarilla, cabizbajos y con semblante serio. Una Estación de Penitencia, que recorre las calles principales de esta ciudad que no duerme. La Gran Cruz Expiatoria como seña del sufrimiento de Jesús nuestro Señor.




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