En la madrugada del 6 de octubre, a las 0:19 hora local, se registró una espectacular bola de fuego cruzando el cielo nocturno. Llegó a tener una luminosidad similar a la de la Luna llena. El bólido fue visto por numerosos testigos que se hicieron eco del fenómeno en redes sociales. También fue grabado por los detectores que la Red de Bólidos y Meteoros del Suroeste de Europa (Red SWEMN)  opera en el Complejo Astronómico de La Hita (Toledo).

Estos detectores trabajan en el marco del Proyecto SMART, que se coordina desde el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) con el objetivo de monitorizar continuamente el cielo para registrar y estudiar el impacto contra la atmósfera terrestre de rocas procedentes de distintos objetos del Sistema Solar. También la grabaron los detectores que este mismo proyecto de investigación tiene instalados en los observatorios de Calar Alto, Sierra Nevada, Sevilla, La Sagra (Granada), Huelva, El Aljarafe, Faro de Cullera (Valencia) y La Hita (Toledo.

DO La Mancha

Esta bola de fuego ha sido analizada por el investigador responsable del Proyecto SMART, el astrofísico José María Madiedo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Según los resultados de este análisis, el fenómeno se produjo al entrar en la atmósfera terrestre una roca a una velocidad de unos 85 mil kilómetros por hora. La roca procedía de de un asteroide. Estas rocas que se cruzan con la órbita de la Tierra reciben el nombre de «meteoroides». El brusco rozamiento de la roca con la atmósfera a esta enorme velocidad hizo que la roca (el meteoroide) se volviese incandescente, generándose así una bola de fuego que se inició a una altitud de unos 90 km sobre la localidad de Palomares del Campo (Cuenca). Desde allí avanzó en dirección noroeste y se extinguió a una altitud de unos 26 km sobre la localidad de Huete (Cuenca). La gran luminosidad que alcanzó este bólido hizo que pudiera verse desde más de 700 km de distancia, por lo que pudo ser observado desde la totalidad de la Península Ibérica. La roca se destruyó completamente en la atmósfera, de manera que ningún fragmento de ella consiguió llegar al suelo.




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