La compañía que dirige María Eugenia Moya (María), Primer Acto Teatro, hizo una magnífica puesta en escena con esta original obra que nos da una nueva perspectiva sobre la obra inmortal de Cervantes. María es una apasionada, además de especialista, de El Quijote, y andaba buscando un guion para montar una obra. Casualmente encontró un libreto de José Luis Esteban, un autor aragonés, pero esa obra la tenía en exclusiva otra compañía. No obstante, el contacto entre ambos resultó ser positivo, ya que José Luis Esteban tenía una obra perfecta para Primer Acto: La Novia de Don Quijote.

Nada más leer el libreto, María fue consciente de que esa era la obra que llevaba años queriendo montar, por lo que se puso inmediatamente manos a la obra. Con la ayuda del director de teatro Javier Margán, se pusieron a montar la obra y hacer la producción con la colaboración e implicación de toda la compañía.

Las Artes Escénicas son trabajos colectivos, incluso cuando se trata de un monólogo. Pero en el caso de este trabajo, María se ha entregado en cuerpo y alma, ya que ha retocado el guion para hacerlo más quijotesco y manchego, ha organizado toda la producción, ha colaborado en la dirección con Morán, ya que en un monólogo es muy necesaria la ayuda de un director, pues la puesta en escena requiere la perspectiva de debajo del escenario.

María llena ella sola el escenario interpretando a Aldonza Lorenzo, pero también a Dulcinea, además de a otros personajes secundarios, como la moza del mesón, al bachiller Sansón Carrasco o al personaje de Quevedo, el buscón Don Pablos. El guion gira en torno a Aldonza Lorenzo (la persona), y su alter ego, Dulcinea del Toboso (el personaje). La obra comienza con el toque de campanas de difunto, es el entierro de Don Alonso Quijano, y su amada se pone a recordar la relación platónica.

Es una obra que hay que volver a ver, pues hay muchos matices que se escapan. La actriz mantiene el ritmo narrativo, a veces en tono de comedia y otras en tono más emotivo, con algunos momentos muy intensos que no dejan al público indiferente. Esta obra es la versión femenina de la inmortal obra de Cervantes, donde las novelas de caballería y el ideal de los caballeros andantes choca con la sensibilidad femenina, esas damas, las amadas por los caballeros andantes, quienes se quedaban solas esperando su regreso, que en muchos casos nunca ocurría.

Los tres personajes de la obra (Aldonza, Dulcinea y la moza del mesón) se mezclan como si fueran la misma persona, pero en todo momento se sabe cuál es el personaje que habla. En la obra también se habla sobre las redes sociales, comparando la literatura del siglo XVI con el mundo digital, una mezcla divertida que en ningún momento adolece de anacronismos.

En definitiva, una obra muy recomendable.




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