Fue en 1916 cuando Luis Osuna Ruiz y su hermano, con el espíritu emprendedor de todos los que inmigraron a Tomelloso en aquellos tiempos, decidieron montar una imprenta, que además era papelería. Ellos provenían de Tembleque (Toledo), y previo paso por Campo de Criptana, donde estuvieron un par de años trabajando en una tienda de tejidos, pensaron que era una buena idea establecerse en Tomelloso, un pueblo que por entonces no paraba de crecer.

El trabajo nunca les faltó, ya que había mucha demanda, y en la década de los 40 se incorporó el hijo de Luis: Manuel Osuna Lillo, quien durante más de cuatro décadas fue el motor de la empresa. En 1965 se incorporó su sobrino, Jacinto Ruiz Osuna, que continuó con la imprenta tras la jubilación de Manuel. Posteriormente, a finales del pasado siglo XX, se incorporaron sus dos hijos, Rafael y Gonzalo Ruiz Espinosa, quienes llevaron a cabo la renovación tecnológica tan necesaria, incorporando la tecnología Offset, ya que la imprenta de tipos móviles se había quedado obsoleta. Con la aparición de la impresión digital también la incorporaron, y actualmente trabajan con ambas tecnologías, dependiendo del trabajo de impresión que les demanden.

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La imprenta de tipos móviles, la que inventó el alemán Gutenberg en el siglo XV, se ha considerado como uno de los inventos cruciales en la historia del ser humano. Esta máquina prácticamente no cambió en cinco siglos, hasta su aparición a principios del siglo XX, aunque su desarrollo y normalización no llegó hasta la década de los 60. Sin embargo, era una tecnología cuya inversión resultaba cara, por lo que la mayoría de las imprentas siguieron usando la máquina tipográfica hasta finales del siglo XX.

Jacinto nos cuenta cómo era el trabajo en la máquina tipográfica. Primero se hacía un boceto, y a partir de ahí se componía el cliché a base de rellenar espacios y componer los textos con las letras una a una. Ese trabajo podía llegar a durar una jornada entera, si se trataba de algún cartel o composición especial. Cuando se trataba de facturas, tarjetas de visita o cartas con membrete, tenían algunos modelos, a los que solo cambiaban el texto. Una labor muy artesana y bonita.

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La adaptación a los nuevos tiempos, llevada a cabo por Rafael y Gonzalo junto a su padre, era una necesidad. Tuvieron que hacer un gran esfuerzo económico y profesional para poder seguir con el negocio familiar. Cuando Jacinto se jubiló, hace casi diez años, llegó la nueva adaptación incorporando la impresión digital. Con la proliferación de las copisterías y las empresas de impresión digital online han hecho que su oferta se tenga que ampliar, y ahora también trabajan cartelería, impresión en vinilo y otros materiales.

Esta es la historia de una empresa familiar con cuatro generaciones a su espalda. Otra bonita historia que habla del espíritu emprendedor de los tomelloseros, de esa Marca Tomelloso, de la que seguiremos hablando en próximos capítulos.

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