Todos los años al llegar estas fechas Tomelloso se engalana para celebrar las fiestas patronales que son sin duda la culminación de un año de trabajo y merecido descanso. Aunque muchos tomelloseros aprovechan estos días para irse unos días a la playa y otros destinos, la mayoría dejarán al menos un par de días de sus vacaciones para visitar el recinto ferial, el cual en los días previos es un hervidero de actividad.

En la víspera, el recinto se muestra hiperactivo lleno de camiones, en un aparente hormiguero caótico y loco escenario, donde se mezclan todas las atracciones a medio montar, un espectáculo imposible de imaginar el día de la inauguración, donde cada cosa está en su sitio. Camiones, hierros por los suelos, carpas, caravanas, y personas por doquier. Es el momento de los feriantes, los que hacen posibles todas las celebraciones de fiestas populares en todo el país.

Esta noche será el turno del público, el cual se sumergirá en un caos bien organizado de decenas de sintonías musicales y olores de pinchos morunos, pollos asados o berenjenas de Almagro, un caleidoscopio de colores, sonidos y olores que despiertan la alegría de todos nuestros vecinos.




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