Argamasilla de Calatrava hizo suya hace muchos años a Francisca Guillén Rubio. Lo hizo hasta el punto de que, a esta apasionada mujer y enfermera del Centro de Salud rabanero, sus usuarios le trocaron, con cariño, amistad, gratitud y otros merecidos halagos, su nombre de pila por el hipocorístico, y cercano, Paqui.

Se sellaba así la grata relación mutua que debe regir en la atención primaria de la medicina de familia y que, en el caso de la coordinadora de Enfermería de la localidad, se ha traducido, junto al resto de compañeros, en una denodada entrega durante este ya largo año y medio de pandemia. En su caso, ejerciendo además de coordinadora Covid.

De ahí que, en agradecimiento a tan impagable labor y lucha, en un contexto inicial de desconocimiento del comportamiento de un virus tan contagioso y destructor, y como homenaje general a todo el cuerpo de sanitarios que se han vaciado a nivel mundial, el Ayuntamiento le haya otorgado el honor de pregonar este año las fiestas patronales.

“Me sentí un poquito abrumada cuando me llamó la alcaldesa para comunicármelo, porque yo soy una mujer más de actos que de palabras y también ante la responsabilidad de saber transmitir todos mis sentimientos”, comenta Paqui durante un gentil y breve alto, compatible con sus quehaceres, en el número 14 de la calle Pinto.

“Pero luego también me sentía halagada porque es un reconocimiento que asumo, no tanto a mi persona, sino, sobre todo, hacia los sanitarios en general”, añade. Ése fue el motivo, si no único, sí al menos el fundamental, por el que “no tuve dudas en aceptar”. Las líneas maestras de su intervención ya las tenía hilvanadas hace tiempo.

Será durante los actos de inauguración de las celebraciones en honor a Nuestra Señora del Socorro, el domingo 5 de septiembre, que darán inicio a las nueve de la noche en el Centro Cultural, cuando Paqui Guillén Rubio pregone lo que el sentimiento le pide dar rienda suelta entre sus paisanos de acogida.

Natural de Villahermosa, se trasladó junto a su familia, siendo ella muy pequeña, hasta Puertollano. Hace ya 30 años que trabaja en Argamasilla de Calatrava. “Yo he crecido personalmente y profesionalmente aquí y me siento súper orgullosa de Argamasilla porque he visto crecer a los niños y niñas que yo vacunaba y que ahora son esos padres y madres que nos traen a sus niños y niñas”, confiesa.

Desde 1991 en el Centro de Salud rabanero

Titulada por la Escuela de Enfermería de la UCLM en Ciudad Real, en la quinta de sus promociones a mediados de la década de 1980, tuvo la oportunidad de cubrir una interinidad en Pozuelo de Calatrava durante cuatro años, desde donde pasaría ya al Hospital ‘Santa Bárbara’ de Puertollano, en su servicio de laboratorio unos diez meses.

Pero fue una vez aprobada la oposición, en 1991 y tras la baja maternal de su primer hijo, cuando se incorporó así ya por fin al Centro de Salud de Argamasilla de Calatrava, donde ha cultivado amistades y oficio. No en vano, “luego mis pacientes me han visto embarazada de mi hija”, explica con satisfacción.

En lo profesional, se muestra orgullosa del “espíritu de equipo” que caracteriza la labor entre el resto de “compañeros y compañeras” con quien atiende la salud de la población rabanera. “Estos centros están pensados para trabajar médico y enfermera, pero aquí hay verdadero trabajo en equipo y eso, en la pandemia, es lo que más ha sobresalido”.

Por eso apela al “compañerismo”, a la “generosidad”, a la “fuerza” y al “trabajo incansable” de todos en conjunto, por encima de lo individual. Y lo dice quien ha venido ejerciendo, y así sigue, como coordinadora Covid en la población. Desde dentro. la realidad general que se vivió tuvo su traslación en lo más local y cercano a la población.

“Realmente no estábamos preparados, ni nosotros ni tampoco la sociedad, nadie lo estaba porque nadie podía pensar que pudiera suceder lo que ha sucedido. Pero nuestra profesión es curar y salvar vidas. No ver morir”, apunta. A su juicio, “eso ha sido lo más duro de la pandemia, lo muertos”.

“Pacientes tuyos que dos días antes los mandabas al hospital, solos porque en la ambulancia tenían que ir ya aislados. Y luego no poder apoyar a la familia ante esa pérdida o a ese paciente darle cariño y no estar en soledad”, se sincera. Y también tiene en la muerte de compañeros sanitarios otra de estas situaciones tan duras.

La pandemia, en primera persona

Desde su vivencia más personal reconoce la dificultad de organizar un dispositivo frente a algo donde entraban en juego “muchas variables”, casi todas descorazonadoras. “Un día estabas bien y al día siguiente todo lo contrario. Al principio era súper difícil porque era un desconocimiento total de la transmisión o del virus y era muy difícil coordinar nada”.

Pero también rememora cómo, con el avance del tiempo y las sucesivas olas, “los protocolos han ido cambiando y lo que está claro que lo más importante es trabajar en equipo y trabajar con todas las variables de la sociedad”. Ayuntamiento, Policía Local, colegios y los propios niños, “que han sido ejemplares”, o con los rastreadores a los que se les orientaba “acerca de una población a la que tú conoces”.

Como enfermera de Pediatría, Paqui hace un inciso precisamente para con estos pacientes. El haberlos tratado en particular durante esa pandemia le reporta un sentimiento interior de gratitud. “Transmiten con la mirada y te cogen tu mirada. Los niños chiquititos te ven con mascarilla, tú les sonríes y la mirada te lo dice todo. Hemos hablado con la mirada, hemos abrazado con la mirada, hemos acariciado con la mirada”.

Y abunda: “El de los niños es uno de los colectivos que más se adaptan a las situaciones en la sociedad y también lo ven todo con la ingenuidad de su edad. Todo lo aceptan, todo les parece bien y se ponen mascarillas porque no pasa nada. Incluso un sábado tuvimos que hacer treinta y tantos PCR a niños de 4 y 6 años por un brote y se las hicieron sin problema. Se han adaptado a todo”.

Otra de las paradojas, positivas, que les ha rodeado ha sido el buen curso presencial en colegios. “En septiembre pensábamos que todo iba a ser un cerrar clases y clases y, sin embargo, no. La mayoría de los contagios que se hayan podido producir han sido externos siempre”, explica.

Otras caras de esta moneda las concreta Paqui en los numerosos apoyos que han sentido. En el contexto más cercano, no solo en los centros docentes a través de su profesorado o el del propio Ayuntamiento rabanero, sino también en general, “el reconocimiento y la colaboración de toda la ciudadanía, porque los sanitarios somos imprescindibles”.

El día en que llegó la vacuna a Argamasilla de Calatrava

La llegada de las primeras dosis para inocular en Argamasilla de Calatrava, en este caso a mayores y personal de la Residencia de Mayores, fue otra, si no la que más porque hay otras como queda dicho, de las cosas buenas de este periodo. Recalaban coincidiendo con un serio momento de “fatiga mental, física y mental”, por parte de los sanitarios.

“Ya te encontrabas agotada cuando se abría otra ola en la que empezar de nuevo y es verdad que con las vacunas es cuando ya empezamos a ver la luz después del túnel”, dice Paqui sin olvidar tan significativa fecha, el 5 de enero. “O sea, las trajeron los Reyes Magos y las pusimos ese día, por la tarde, en la Residencia”, revive con alegría.

Y de ahí fue saltando a sanitarios, a grandes dependientes y los mayores de 95 años. “Estábamos cansados, pero ya te compensaba todo tu esfuerzo físico y mental esta alternativa”, abundando en que, con ella, “también les transmitíamos nuestro entusiasmo a los pacientes”.

Para todos ellos tiene también palabras de agradecimiento. “Han colaborado mucho también, han venido a vacunarse e incluso lo hacían desde el coche porque la Policía Local cortaba la calle para facilitarlo y entre todos nos decíamos ‘venga, que vamos a poder con ellos’, en una muestra de ese entusiasmo”.

Llamamiento a mantener la precaución

Lejos de falsas euforias, Paqui advierte que, si “la vacuna ha abierto el horizonte a que esto poco a poco se vaya normalizando, las medidas sanitarias están para algo y hay que seguir cumpliéndolas”.

Entre otras cosas porque “vamos a seguir conviviendo con el virus, aunque ya no sea en una situación tan agresiva como lo fue anteriormente”. Por eso ya pronostica que habrá “que vacunar como la gripe se vacuna todos los años”.

Entretanto, esta enfermera, culmina el hilo argumental de un pregón, que lógicamente tendrá referencia al trabajo incansable de los sanitarios, a través del espejo de Argamasilla de Calatrava “que es el que más conozco”.

Una intervención emanada sin duda desde el corazón en la que hilvanará también una sentida alocución a las tradiciones y costumbres de Argamasilla de Calatrava y, cómo no, de sus fiestas patronales en honor a la Virgen del Socorro.

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