El Casino de Tomelloso acogió este jueves una conferencia de Santiago Arroyo sobre Francisco Martínez Ramírez, “el Obrero de Tomelloso”, en un acto enmarcado en el Plan Municipal de Lectura y que sirvió además como arranque de la programación del Mes del Libro. La concejala de Cultura, Inés Losa, destacó la relevancia de una figura “protagonista del plan municipal” y subrayó el simbolismo del lugar elegido, “tan vinculado al Obrero”, mientras Arroyo ofreció un recorrido amplio por la trayectoria de quien consideró decisivo en “la construcción del Tomelloso moderno”.
Antes de la conferencia, Losa agradeció la presencia de Arroyo y la colaboración del Casino para acoger un acto que definió como “un lujo”. La edil recordó que el escritor y periodista homenajeado está siendo eje de diversas actividades en los centros educativos y explicó que parte de la colección fotográfica expuesta previamente en la Posada de los Portales se había trasladado al Casino “para que sirva de marco a esta conferencia”.
Por su parte, Santiago Arroyo ya avanzó el tono de su intervención al definir el Casino como un espacio “muy emblemático”, al asegurar que fue aquí donde “se gestaron los principales cambios en Tomelloso y en La Mancha”. “Tomelloso le debe mucho”, resumió el investigador, que incidió en la dimensión polifacética del personaje: periodista, impulsor del ferrocarril, promotor cultural y hombre de pensamiento.

Ya en la conferencia, Arroyo articuló su intervención a partir de la biografía y el contexto ideológico de Francisco Martínez Ramírez, a quien presentó como una figura mucho más compleja de lo que ha transmitido la memoria popular. Frente a la imagen simplificada del personaje, explicó que fue “un republicano liberal de derechas” que defendía la libertad, la justicia social y el progreso material como base del desarrollo colectivo.
Uno de los aspectos centrales de la charla fue el papel del Obrero en la modernización económica de Tomelloso. Arroyo sostuvo que su gran obsesión fue combatir el aislamiento de la localidad y abrirla al exterior mediante infraestructuras, formación y organización económica. En ese sentido, situó como hitos fundamentales la creación del Círculo Instructivo del Obrero en 1903, el nacimiento del periódico El Obrero de Tomelloso y, sobre todo, la llegada del ferrocarril.
Sobre este último punto, el conferenciante fue rotundo al afirmar que lo ocurrido en Tomelloso fue un caso excepcional. “Lo que pasó en Tomelloso no pasó en ningún sitio”, señaló, al explicar que Francisco Martínez Ramírez impulsó un modelo ferroviario prácticamente cooperativo, con financiación local y una fuerte implicación del municipio. Arroyo recordó que el propio Pavón dejó escrito que “por su único y personal esfuerzo” el ferrocarril y “el aumento incalculable de la riqueza del pueblo” fueron una realidad.
A juicio del ponente, el tren cambió para siempre la historia económica local, al facilitar la salida del vino y el alcohol y atraer actividad industrial. Sin embargo, también recordó que el proyecto encontró resistencias y que el propio Obrero elaboró listas de quienes no apoyaron aquella iniciativa. Esa falta de reconocimiento, dijo, acompañó al personaje durante buena parte de su vida y se agravó tras la Guerra Civil.
Arroyo se detuvo también en la faceta periodística de Martínez Ramírez. Explicó que El Obrero de Tomelloso fue mucho más que una cabecera local: un periódico de alcance nacional, leído fuera de la comarca y utilizado como instrumento para defender los intereses agrícolas manchegos y para impulsar una nueva representación política. “Era un periódico nacional”, insistió, con una agenda en la que la crisis vitivinícola, la fiscalidad o la necesidad de escuelas ocupaban un lugar destacado.

En ese relato apareció igualmente la figura de Melquíades Álvarez, a quien Arroyo presentó como un aliado fundamental del Obrero y una pieza clave para entender el despegue político y económico de la zona en aquellos años. La relación entre ambos fue, según explicó, estrecha y duradera, y permitió conectar Tomelloso con corrientes intelectuales y reformistas de ámbito nacional.
La conferencia abordó además una faceta menos conocida: la de pensador económico. Arroyo destacó sus libros Reforma Monetaria, Moneda Nueva y La Peseta, en los que Martínez Ramírez reflexionó sobre fiscalidad, desarrollo rural y moneda común europea. Según explicó, algunos estudiosos han visto en esos textos una intuición temprana de lo que después sería el euro. Más allá de ese aspecto, el investigador subrayó el componente moral de sus escritos. “El Estado debe proteger a los labradores y no llevarlos a la usura y la pobreza”, recordó, resumiendo así una de las ideas fuerza del personaje.
Otro de los momentos más llamativos de la intervención llegó al hablar de Mirasol, la finca y residencia que Francisco Martínez Ramírez levantó junto al entorno ferroviario. Arroyo la definió como “un templo del arte y la sabiduría”, un espacio concebido no solo como vivienda, sino como lugar de encuentro para intelectuales y visitantes ilustres. Aquella construcción, explicó, simbolizó el momento de mayor plenitud del personaje, antes de su declive político y económico.
La parte final de la conferencia se centró en los años más duros de su vida. Arroyo relató cómo, tras la Guerra Civil, el Obrero quedó marcado por su vinculación al republicanismo, perdió patrimonio, sufrió el aislamiento social y vio frustrado incluso su intento de ser nombrado cronista oficial de la ciudad. “Fue tiempo de silencio”, resumió el conferenciante al referirse a ese último tramo vital, entre 1936 y 1949.
Pese a ello, en esos años siguió escribiendo y dejó textos de gran valor literario e histórico. Arroyo puso especial énfasis en la Historia de Tomelloso y en otros manuscritos que, a su juicio, deberían ser transcritos y editados. Entre los pasajes leídos, destacó uno dedicado a los bombos, con una prosa que sorprendió al auditorio: “El alma humana adquiere dentro del bombo una infinita amplitud”. Para Arroyo, ahí aparece también un Francisco Martínez Ramírez novelista y observador profundo del paisaje manchego.
Especial relevancia concedió igualmente a los textos en los que el Obrero ensalza a las mujeres trabajadoras de Tomelloso. El conferenciante rescató una frase que consideró muy avanzada para su tiempo: “Las mujeres campesinas son la alegría del pueblo y del campo. Sin ellas, Tomelloso sería como los demás pueblos”. Incluso recordó que Martínez Ramírez llegó a escribir que la ciudad “haría una estatua a las mujeres de Tomelloso en la figura de la cuevera”.
En el turno de preguntas, Arroyo defendió que, pese a los recursos y la posición social que alcanzó, Francisco Martínez Ramírez no orientó su actividad a un enriquecimiento egoísta, sino a proyectos que revertían en la comunidad. “Todo lo que hacía, lo hacía” con una vocación pública, vino a señalar, insistiendo en que su familia acabó viviendo con estrecheces y que buena parte de sus iniciativas nacieron del compromiso con su tierra.
La conferencia concluyó con una llamada a recuperar y difundir la obra de un personaje que, según el ponente, sigue sin ocupar el lugar que merece en la memoria local. Arroyo incluso se mostró partidario de que reciba el reconocimiento de hijo predilecto a título póstumo. “Seguramente Tomelloso no sería hoy lo que es si no hubiera sido por ese esfuerzo casi personal”, afirmó.
Con esta conferencia, el Casino de Tomelloso se convirtió en escenario de una reivindicación rotunda de Francisco Martínez Ramírez como periodista, empresario, reformista y pensador. Una figura compleja, a veces discutida, pero que, en palabras de Santiago Arroyo, estuvo en el origen de muchos de los avances que marcaron el paso “del Tomelloso antiguo al Tomelloso moderno”.
