En la madrugada de este Domingo de Resurrección ha tenido la Procesión del Encuentro. Cristo Resucitado, victorioso de la muerte, se encontraba con su madre, María, a la que se le cambiaba el velo negro de luto, por otro blanco de alegría.
El encuentro se producía en la Plaza de España, ante el numeroso público que acudió, a pesar del cambio de tiempo y la amenaza de lluvia. Posteriormente, pronunció el Pregón Pascual Gustavo Apure, sacerdote de la parroquia de Santo Tomás.
Antes, Cristo Resucitado partió de la parroquia de San Pedro, entrado en la Plaza de España por la calle Nueva. La virgen María, que partió de Santo Tomás, llegó al ágora por la calle Independencia.
Este sábado, The Osuna Brothers triunfaron en la Sala CICATO de Tomelloso con una fiesta en la que interpretaron temas de los años 50 y 60.
Armados de sus instrumentos, de su ingenio y con alguna que otra sorpresa, estos dos músicos y showmen tomelloseros hicieron las delicias del numeros público que acudió a CICATO para pasar una velada de sábado divertida y sin estridencias.
Un nuevo éxito de estos hermanos, que se han convertido en imprescindibles y de la sala que les albergó, que con paso firme remonta el vuelo.
A las tres en punto de la madrugada de este Sábado Santo partía de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora la Procesión del Silencio. Medía hora antes, los cofrades de la Penitencia de la Santa Cruz, oraban en comunión.
Desfilaron, con el silencio solo roto por el desasosegado lamento de las cadenas arrastrando por el pavimento, por la calle Independencia, la Glorieta, Domecq, Carboneros, Carlos Morales, Doña Crisanta, Belén y Don Víctor.
Varios centenares de cofrades —tal vez medio millar— cabizbajos y mudos hacían esta Estación Penitencia, sin duda, la procesión más característica de nuestra Semana Santa. Vestidos con túnica negra, la única concesión a la estética —no obstante contenida— es el paso que sacan, la Gran Cruz Expiatoria del Pueblo.
Siguiendo con nuestra inmersión plena en la Semana Santa de Tomelloso, esta tarde-noche hemos asistido a la Procesión de la “Muerte y Entierro de Cristo”.
El desfile más solmene de todos los de nuestra ciudad ha salido a las ocho y media de la tarde de la Parroquia de La Asunción de Nuestra Señora y está recorriendo (cuando escribimos está crónica no había hecho nada más que empezar) las calles Don Víctor, Doctor Cajal, Monte, José María Serna, Independencia, Belén, Doña Crisanta y Plaza de España.
La Hermandad del Cristo de la Misericordia ha desfilado con los pasos, La Crucifixión de Jesús y el Cristo de la Misericordia. El Calvario y La Virgen de la Esperanza, han sido los tronos con los que ha marchado en procesión La Hermandad de Jesús del Perdón y Cristo del Calvario. La Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad en el Descendimiento, la de las capas españolas, ha marchado junto a su imagen titular, del mismo nombre que la hermandad. A continuación, el Santo Sepulcro, escoltado por sus hermanos, con traje negro y un piquete de la Guardia Civil. Cerraba el desfile, Nuestra Señora de la Soledad, son siete puñales clavados en el corazón por la muerte en la cruz de su hijo, acompañada por los miembros de su hermandad, ataviados de terciopelo negro.
Tras ver la película “El abrazo partido” convine conmigo mismo en cambiar mi mayor deseo —que no es otro, pascual lector, que el de xxxxxx—, dada mi proverbial y compulsiva volubilidad, por el de ser argentino. Y además judío.
Nombrar a la ropa interior femenina cómo bombacha o corpiño, aguantando los envites de la vida sin perder la compostura. Hablar inundando de palabras cualquier intersticio, como si el verbo fuese de aire o de fina arena; y a la vez ser judío cómo hipérbole de la decadencia, tan literaria ella. Y pasear por Corrientes, pongo por ejemplo, acompasando el paso al peso de tantos siglos sobre las espaldas, mientras a lo lejos se oye un bandoneón alargando la nota y rompiendo el silencio con aguda melancolía.
Al poco lo deseché y volví a mi anhelo anterior, a querer xxxxxx, fundamentalmente por mi señalada volubilidad y porque la fe mosaica no contempla la celebración de la Semana Santa.
La festividad llega cada año en primavera y oliendo a azahar, el perfume de La Saeta de Machado. O eso creo.
Una señal inequívoca y certera de la pronta llegada de la Semana de Pasión era cuando madre cogía a toda la prole y nos llevaba a un almacén grandísimo que estaba en la plaza, a comprarnos ropa nueva, que ella se encargaba de pagar durante el resto del año a tanto la semana. Había que estrenar necesariamente en el Domingo de Ramos si queríamos conservar nuestras manos pegadas a las muñecas.
Por cierto, todos los domingos, infalible y tocado con boina, aporreaba la puerta de la casa —de cualquiera por las que pasamos— el cobrador de la lonja que nos fiaba la ropa para recordarnos las consecuencias de nuestros actos y, sobre todo, la perseverancia de la memoria.
Hubo un tipo, fallecido no hace mucho, con cara leporina y que guiaba una bicicleta con cuadro de amazona, pintada de verde esperanza, que era un cobrador implacable. Le trabajaba, entre otros, a un taller de tractores. Le daban los casos más difíciles y los hacía efectivos por desesperación. Acosaba sin piedad y era capaz de ir cada hora a la misma casa. Cuentan que una señora hubo de ser atendida de un ataqué de nervios, pues no le supo dar razón cierta de cuando su marido volvería a la morada y fue diecisiete veces en dos horas, a ver si lo pillaba.
Volviendo a la Semana de Pasión y dejando a un lado los excursos estos de nuestras entretelas, entonces, el Jueves Santo por la mañana era laborable. Ahora no. Era el día del inexorable potaje, de los oficios y de la procesión. La de la Oración del Huerto. Pero no se haga mi voluntad sino la tuya. Y los monumentos.
Viernes Santo era el día (junto con la romería y la noche de la pólvora) en el que todo el mundo salía a la calle. Con traje o mantilla y con recato. Ahora las gentes pasean impúdicamente por el trayecto procesional y a la vista de quienes esperan de pie al borde de la acera. “Mirad el árbol de la Cruz, dónde estuvo clavada la salvación del mundo”. Por la tarde el Santo Entierro. Trajes oscuros, manolas, capas negras y guardias civiles escoltando el féretro de Nuestro Señor.
Antes, cuando digo que madre nos compraba la ropa fiada, el Viernes Santo era noche de pesadillas: el Mal campaba a sus anchas. Afortunadamente el domingo, y de nuevo la Luz, estaba ya cerca.
Kyrie eleison: Líbranos, Señor, del pasado que cada poco regresa a recordarnos lo que hemos sido y a negarnos descorazonadamente la posibilidad de remisión.
Christe eleison: Apiádate, oh Jesús, de nosotros tus siervos y líbranos del castigo de ser sujeto de conversación ajena y de que nuestro pellejo sea vendido por varas castellanas.
Esplendida mañana de Viernes Santo, casi veraniega, que ha hecho que los ciudadanos de Tomelloso salgan a ver pasar la Procesión “Camino del Calvario”.
A las once en punto partía el cortejo procesional, que ha durado más de tres horas, de la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora. Desde la Plaza de España ha avanzado por la calle de Socuéllamos, San Luis, Campo, San José, Ismael de Tomelloso, Prim, Cervantes, Nueva, para regresar a la Plaza.
Los pasos que han desfilado, acompañados por sus respectivas hermandades y cofradías, han sido: La Coronación de Espinas, La Flagelación, Jesús Pobre, María del Calvario, Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario, Nuestro Padre Jesús del Perdón y Nuestra Señora del Mayor Dolor.
EnTomelloso.com hemos transmitido en directo un año más, por streaming a través de nuestra web, la procesión.
Incluimos el vídeo y un amplio reportaje fotográfico.
Como en enTomelloso.com, hemos decidido imbuirnos de lleno en la Semana Santa de nuestra ciudad y aprovechando la noche primaveral, recorrimos los Monumentos. Comenzamos por la parroquia de San Pedro y terminamos en Nuestra Señora de los Ángeles.
¿Qué son los Monumentos? Pues tras la celebración de los Santos Oficios del Jueves Santo, una vez se ha repartido la Comunión, el Santísimo Sacramento se traslada desde el Altar donde se ha celebrado la Misa, en procesión por el interior de la iglesia, al llamado «Altar de la reserva» o «Monumento».Se trata de un altar efímero que se coloca ex-profeso para esta celebración, que debe estar fuera del presbiterio y de la nave central, debido a que en la celebración del Viernes Santo no se celebra la Eucaristía.
Se decoran con temas eucarísticos, flores, pasajes de la vida de Jesús y, al menos, doce velas. No deben llevar trofeos de la Pasión, paños negros o reliquias.
Es Tomelloso es una tradición recorrerlos. Había un importante trajín de gente de unos a otros.
La música. Entre otras muchas cosas emocionantes, la Semana Santa es música. Y emocionante ha sido disfrutar este jueves de uno de los mejores vientos del País. Como siempre discreto, profesional, cariñoso, cercano y sorprendente, después de 20 años volvió en esta Santa Semana para convertinos en unos privilegiados. Una vez más nos contagió con su magia, con su música, con su amistad, pero esta vez en la calle, como en el pasado, como en los inicios. Por San Isidro, Cervantes, San Magín, el instituto, la banda de música y el Real Musical. Por mi padre, por el suyo. Gracias amigo.
Poco después de las ocho y media de la tarde salía de la parroquia de Santo Tomas de Villanueva la Procesión de Jueves Santo, la de “La Oración y Juicio de Cristo”.
El desfile procesional ha recorrido las estrechas calles de la zona oeste de Don Víctor, Calvario, García Pavón, Carmen San Mateo, San Felipe, Santa Aurora y regreso a Don Víctor. Han desfilado la Oración del Huerto, el Juicio de Pilatos, Jesús de Meninaceli y Nuestra Señora del Mayor Dolor.
La tarde invitaba a salir a ver la Procesión, que aún no había acabado cuando redactábamos esta crónica a vuelapluma.