lunes, 2 febrero, 2026

Valentía, verdad y responsabilidad política

Artículo de opinión de Carmen Pérez González, Vicesecretaria de Acción Social de Nuevas Generaciones de Castilla-La Mancha

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Hay silencios que pesan más que cualquier palabra. Silencios que no nacen de la prudencia, sino del miedo a asumir responsabilidades, de proteger intereses antes que vidas. Tras la tragedia de Adamuz, ese silencio empieza a ser insoportable.

Lo ocurrido no puede despacharse como un simple infortunio ni ocultarse tras explicaciones genéricas.

Adamuz fue un accidente sobre el que existen demasiadas preguntas sin respuesta y dudas razonables sobre si se actuó con todas las garantías necesarias. Y cuando existen esas dudas, la responsabilidad política se vuelve ineludible.

Hoy hay familias rotas. Supervivientes que siguen esperando respuestas. Y los hechos conocidos hasta ahora apuntan a posibles fallos en la gestión de las infraestructuras: ADIF no renovó completamente las vías, dejando tramos antiguos unidos a tramos nuevos mediante soldaduras que hoy están bajo investigación. Esto no es un detalle técnico: es la diferencia entre la vida y la muerte.

No se puede normalizar ni minimizar un accidente que refleja decisiones cuestionables y una preocupante falta de transparencia que aún hoy sigue generando dudas.

Vinícola de Tomelloso

Desde nuestra tierra, resulta especialmente doloroso comprobar cómo Emiliano García-Page y otros dirigentes socialistas han optado por defender al Gobierno de Pedro Sánchez y a Óscar Puente, en lugar de situarse con claridad del lado de las víctimas. Han cerrado filas, relativizando los hechos y justificando lo injustificable, mientras las familias siguen esperando respuestas claras.

Paco Núñez lo ha dicho con claridad: Page defiende lo indefendible, ampara la falta de explicaciones y protege a quienes tenían la obligación de garantizar la seguridad. Castilla-La Mancha no puede resignarse a ser cómplice del silencio.

La exigencia de responsabilidades no debería depender del color político. Si este accidente hubiera ocurrido bajo gobiernos del Partido Popular, las demandas habrían sido inmediatas y unánimes. La coherencia no es ideología: es decencia democrática.

Cuando se relativiza un error en función de quién gobierna, se lanza un mensaje muy peligroso: que la política protege al poder antes que a las personas. Y la ciudadanía lo percibe con claridad.

QUIXOTEUS

Quien ha perdido a un ser querido no busca confrontación partidista. Busca algo mucho más humano: verdad, respeto y justicia. Quiere saber qué ocurrió y que se asuman responsabilidades.

No bastan las palabras de condolencia. No bastan los comunicados tibios. No basta con cerrar filas en torno a los responsables políticos. Callar ante un accidente que exige explicaciones es fallar a las víctimas.

Adamuz no puede quedar enterrado bajo el ruido de otros debates ni bajo el silencio de quienes deberían actuar. Lo ocurrido exige explicaciones claras y responsabilidades políticas.

Por respeto a las víctimas, por la seguridad de todos y por la credibilidad de nuestras instituciones:

Óscar Puente debe dimitir.

Y quienes en Castilla-La Mancha lo defienden deben explicar por qué priorizan la fidelidad partidista sobre la defensa de las víctimas y de la seguridad pública.

Hoy, más que nunca, hace falta valentía.

Valentía para hablar.

Valentía para exigir explicaciones.

Valentía para no callar.

Porque cuando la política falla y el silencio se impone, también deja víctimas.

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