Los obispos de las cinco diócesis de Castilla-La Mancha han hecho pública una carta conjunta en la que subrayan la relevancia de la asignatura de Religión Católica en la educación de los alumnos. En el escrito, dirigido especialmente a padres, alumnos y profesores, destacan que la enseñanza religiosa escolar constituye “una verdadera disciplina académica” y que su aportación va más allá de la transmisión de conocimientos.
Según los obispos, la asignatura de Religión ayuda a los estudiantes a enfrentarse a “las grandes preguntas sobre la existencia —quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde caminamos—” y a comprender mejor “las razones de la fe y de la moral cristianas”. En su mensaje, insisten en que esta materia “les permite adentrarse en la comprensión más profunda de nuestra cultura, nuestro arte y nuestra historia, tan marcados por la fe cristiana”.
Los prelados defienden que la enseñanza religiosa “lejos de oponerse a la razón, la ilumina y dialoga con ella, favoreciendo una inteligencia crítica, libre y abierta a la verdad”. Además, consideran que en el aula de religión “se cultiva el mundo interior, allí donde nacen las decisiones más importantes de la vida”. En este sentido, la carta señala que “es un espacio en el que los jóvenes pueden confrontarse con cuestiones decisivas: el sentido de la vida, la dignidad de la persona, el valor del sufrimiento, la experiencia del perdón y la esperanza que no defrauda. En este contexto, el corazón se ensancha y aprende a vivir desde el respeto, la empatía y el amor al prójimo”.
Los obispos también argumentan que la asignatura impulsa a los alumnos a comprometerse con la sociedad. “Les muestra que la fe no es algo intimista, sino que comporta una fuerte invitación a construir ‘la civilización del amor’, a vivir la justicia en las relaciones humanas, a cuidar la creación y a ponerse al servicio de los más vulnerables”. De este modo, afirman, “se forman ciudadanos responsables, capaces de construir una sociedad más humana, más fraterna y verdaderamente abierta al bien común”.
En la carta, los obispos se preguntan: “¿Por qué privar a nuestros jóvenes de esta riqueza? Más aún cuando la enseñanza de la religión no se impone, sino que se ofrece respetando plenamente la libertad de las familias, que son las primeras y principales educadoras de sus hijos”.
El mensaje concluye animando a los alumnos a aprovechar la oportunidad que representa esta asignatura. “La clase de religión puede ser para vosotros un espacio de auténtica libertad interior, donde descubrir que la vida tiene una profundidad y una belleza que van más allá de lo inmediato”. A las familias, expresan su agradecimiento “por su confianza y por su compromiso con la educación integral de sus hijos”, y subrayan: “Al elegir esta enseñanza, estáis apostando por una formación que abraza todas las dimensiones de la persona”.
Por último, los obispos reconocen la labor de los profesores de religión, a quienes agradecen su dedicación: “Con su trabajo cotidiano llevan a cabo la apasionante tarea de educar a los más jóvenes en la verdad y en el amor. Vuestra dedicación es un servicio valioso no solo a la Iglesia, sino también a toda la sociedad”.
