Emiliano García-Page se haya inmerso en la ficción de un enfrentamiento irreal ante Pedro Sánchez, porque hay políticos que intentan parecer lo que no son. Que viven a lomos de una eterna simulación. Que construyen un personaje, que levantan un relato artificioso, que buscan situarse en un espacio que no les corresponde. Y en la siguiente pantalla está Emiliano García-Page. Que es un socialista fetén. Muy socialista. Siempre lo ha sido. Y, lo que es más importante, siempre lo ha demostrado con hechos.
Porque uno no es lo que dice en una entrevista. Page no es lo que aparenta ante los medios o en la televisión. Uno es lo que vota, lo que decide y lo que impone a los ciudadanos a través de sus políticas. Y en Castilla-La Mancha, la realidad es incontestable: Page aplica una política fiscal socialista, una política burocrática socialista y una política institucional profundamente socialista. Page es socialista por derrape y por demasía, y eso hace mucho daño a la sociedad castellano-manchega.
Mientras otras comunidades autónomas han entendido que bajar impuestos es la mejor forma de atraer inversión, generar empleo y mejorar la vida de las familias, Castilla-La Mancha sigue instalada con Page en el modelo fiscal clásico del socialismo: recaudar más, gravar más y aliviar menos. Page aplica con puño de hierro una política fiscal socialista: más impuestos, menos libertad.
Veamos ejemplos evidentes. Page mantiene el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. En Castilla-La Mancha, heredar sigue teniendo un coste que en otras regiones ha desaparecido o se ha reducido de forma significativa. Aquí, sin embargo, el Gobierno regional sigue viendo en el fallecimiento de un familiar una oportunidad recaudatoria.
Page también mantiene una tarifa autonómica del IRPF elevada, sin aplicar una bajada estructural que permita a las familias disponer de más renta en un contexto de inflación acumulada y pérdida de poder adquisitivo.
Todo esto es una decisión política. Page se la impone a todos los castellano-manchegos. No es una obligación. Es una elección ideológica. Es socialismo. Porque el socialismo cree que el dinero está mejor en manos de la Administración que en manos de los ciudadanos.
Pero el socialismo no solo se caracteriza por subir impuestos. También por construir un entramado burocrático que ahoga la iniciativa. Un modelo socialista aplastante: más leyes, más trabas, menos oportunidades
En Castilla-La Mancha, emprender es más difícil de lo que debería ser. Invertir requiere más tiempo, más permisos, más trámites. Cada proyecto debe superar capas y capas de procedimientos administrativos que retrasan su puesta en marcha. Es el modelo socialista clásico: regular más, intervenir más, controlar más. Page y PSOE en estado puro.
Leyes que crean nuevas leyes. Procedimientos que generan nuevos procedimientos. Administración que se protege a sí misma, en lugar de servir al ciudadano. Mientras otras regiones compiten por atraer empresas, Castilla-La Mancha compite en generar obstáculos. Y eso tiene consecuencias: menos inversión, menos empleo, menos oportunidades. Es socialismo, es Page.
Pero el socialismo no solo se manifiesta en la fiscalidad o en la economía. También en la forma de entender el poder. Un modelo institucional socialista: menos control en las Cortes, menos debate, menos democracia parlamentaria.
En Castilla-La Mancha, el presidente Page ha reducido al mínimo las sesiones de control parlamentario a su figura. El parlamento, que debería ser el principal instrumento de fiscalización del Gobierno, ha sido progresivamente vaciado de contenido en lo que respecta al control directo al presidente. La democracia parlamentaria le sienta mal a Page, le incomoda, le produce urticaria. Y por eso la rehúye.
Se han vetado debates. Se han bloqueado iniciativas de la oposición. Se ha utilizado la mayoría parlamentaria no para mejorar Castilla-La Mancha, sino para proteger al Gobierno de Page del escrutinio. No es una anomalía. Es coherente con el modelo socialista. Porque el socialismo, cuando gobierna, tiende a proteger al poder frente al control. Y a desproteger, por tanto, a los ciudadanos.
Pero si hay una prueba definitiva de que Page es socialista, muy socialista, no está en sus palabras. Está en sus votos. Emiliano García-Page siempre ha votado al PSOE. Siempre.
De hecho, Page ha afirmado públicamente que siempre votará al PSOE. Siempre lo hará. Pase lo que pase. Ha pedido incluso a Felipe González que siga votando al PSOE. Que apoye a Pedro Sánchez. Sus diputados en el Congreso votan sistemáticamente a favor de las decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez. Siempre a favor de Sánchez, siempre sanchistas, entre ellos el número dos de Page en el PSOE de Castilla-La Mancha. Page socialista, sanchista, del PSOE, por encima de Castilla-La Mancha y de cualquier circunstancia.
Cada ley. Cada decreto. Cada decisión. No hay ruptura. No hay distancia real. No hay oposición efectiva, hay disciplina socialista. Porque Page es socialista. Muy socialista.
En ocasiones, Page intenta construir un relato de distancia con Pedro Sánchez. Hace teatro de su falsa disidencia. Declara matices. Expresa discrepancias verbales. Sugiere incomodidad. Pero nunca actúa en consecuencia. Solamente alimenta la ficción del enfrentamiento: una estrategia, no una realidad. Page siempre piensa en Page.
Y por eso, Page nunca rompe. Nunca vota en contra. Nunca utiliza el poder parlamentario de su partido en Castilla-La Mancha para cambiar el rumbo del Gobierno de España. Todo es una estrategia para huir de su incapacidad y tapar su nefasta gestión. No existe en la acción política de Page ni asomo de patriotismo, es pura fantasía simuladora para consumo de los incautos.
Una estrategia para intentar ocupar un espacio político que no le corresponde. Para intentar atraer votantes moderados sin renunciar a las políticas socialistas. Pero los hechos son tozudos. Sube impuestos como un socialista. Mantiene la burocracia como un socialista. Arrolla a los emprendedores como un socialista. Reduce el control parlamentario como un socialista. Vota siempre al PSOE como un socialista.
Porque lo es. Page es socialista. Muy socialista. Y los castellano-manchegos merecen saberlo.




