El salón de plenos del Ayuntamiento de Tomelloso ha acogido este mediodía, a las 12:30 horas, el acto institucional con motivo del Día Mundial Contra el Cáncer, que se conmemora hoy, 4 de febrero. Al mismo han asistido el alcalde de la ciudad, Javier Navarro, miembros de la corporación municipal y representantes de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Tomelloso.
El acto ha comenzado con la lectura del manifiesto nacional por parte del alcalde, un texto centrado en la necesidad de avanzar hacia una atención oncológica más humana, integral y personalizada, que tenga en cuenta no solo la enfermedad, sino también el impacto emocional, social y familiar que conlleva el cáncer. Un manifiesto que recuerda que cerca de 800 personas reciben cada día en España un diagnóstico de cáncer y cómo, desde ese momento, “todo se frena, todo cambia”, poniendo el foco en la escucha activa al paciente y su entorno .
Tras la lectura, Javier Navarro ha dirigido unas palabras a los asistentes, en las que ha expresado su reconocimiento a las personas que conviven con la enfermedad. “No puedo más que manifestaros mi más profunda admiración por el valor y el coraje que tenéis en el día a día a la hora de enfrentaros a una situación tan compleja y tan difícil”, ha señalado. El alcalde ha subrayado además que el cáncer “es una enfermedad que nos afecta a todos, directa o indirectamente”, y ha reiterado “todo el apoyo del Ayuntamiento de Tomelloso” a la labor que realiza la AECC.
Navarro ha destacado la importancia de insistir en la visibilización de la enfermedad y en la puesta en marcha de “todos los medios, todas las herramientas y todas las voces” para avanzar hacia una atención más humana, consciente de que se trata de “una realidad compleja y difícil de conseguir, pero en la que no hay que dejar de insistir”.
A continuación, ha tomado la palabra Mar Morcillo, presidenta de la AECC en Tomelloso, quien ha incidido en el mensaje central del manifiesto de este año: tratar a cada paciente como una persona única. “No podemos tratar igual a una persona con un cáncer mínimo que a una persona con un cáncer terminal, ni a un adulto que a un niño”, ha explicado, remarcando que “en una vida hay muchas vidas y, como tal, hay que cuidarle”.
Morcillo ha querido hacer especial hincapié en la figura del cuidador, un papel que, según ha señalado, sigue estando infravalorado. “El cuidador es alguien tan importante como el paciente, porque si el cuidador viene abajo, el paciente no tiene dónde apoyarse”, ha afirmado. En este sentido, ha alertado de las consecuencias que puede tener el desgaste físico y emocional de quienes cuidan: “Muchas veces el paciente se cura o la enfermedad termina, y el cuidador no sabe qué hacer con su vida porque la ha dejado completamente a un lado”.
La presidenta local de la AECC ha recordado que el cuidado debe ser una responsabilidad compartida por toda la familia y el entorno. “Cuanta más gente se implique, más cuidadores habrá y más querido se sentirá el paciente”, ha indicado, apelando a un compromiso colectivo para mejorar la calidad de vida tanto de los enfermos como de quienes los acompañan durante el proceso.
El acto ha concluido con el agradecimiento de la AECC al Ayuntamiento por su apoyo y por facilitar un espacio institucional que, según Morcillo, permite que “el mensaje llegue mucho más lejos”. Un mensaje que, en este Día Mundial Contra el Cáncer, vuelve a reclamar escucha, empatía y una atención centrada en las personas frente a uno de los mayores retos sociosanitarios de la sociedad.

MANIFIESTO
DÍA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER
4 de febrero de 2026
Ese día amaneció como cualquier otro, la agenda de la jornada estaba llena de actividades, el calendario apuntaba planes para las próximas semanas y meses, la familia requería la atención con diversas necesidades y en la cabeza había varias responsabilidades laborales. Pero, entonces, sin pedir permiso, todo se frenó. Todo cambió. Las prioridades se dieron la vuelta por un puñado de palabras. Unas palabras que han escuchado hoy cerca de 800 personas en nuestro país, que han recibido un diagnóstico de un cáncer. Escuchar esas palabras no estaba en las previsiones de estas personas, no deseaban escucharlas, no contaban con esta circunstancia y, sin embargo, les ha cambiado la vida.
A partir de ese momento el tiempo se medirá y se vivirá de otra manera, se contará de forma diferente. A partir de ese puñado de palabras los planes en la agenda serán otros, tendrán otra importancia, también otro valor y se incluirán otro tipo de citas.
No se les olvidará lo que tenían previsto hacer aquella mañana cuando escucharon la palabra cáncer, con qué idea fueron a la consulta, qué les pasó por la cabeza cuando oían lo que no querían… No se olvidarán casi de ningún detalle porque a partir de ahí los sabores de la vida se degustarán de forma diferente, las lágrimas quizá asomen más a menudo, vivirán momentos duros, se adaptarán como puedan a las nuevas circunstancias, tendrán miedos y cambiarán muchas cosas en sus vidas.
Después de levantarse de aquella silla, tras un diagnóstico, que a veces cuesta comprender, vienen situaciones como la negación, la incomprensión, el miedo o la incertidumbre. El cáncer suele implicar procesos prolongados, decisiones complejas y un impacto que trasciende lo estrictamente biomédico, afectando a la vida personal, familiar, social y laboral. La incertidumbre, el desgaste emocional y la necesidad de apoyos múltiples forman parte de estas trayectorias. Por este motivo, los pacientes y familiares reclaman una atención oncológica más humana e integral.
Para hablar de humanización es importante entender que el cáncer, para cada paciente, y su entorno, es único, es su tumor, y se traduce en unas necesidades concretas.
Es importante entender que el cáncer tiene consecuencias e implicaciones en la salud, pero también en aspectos sociales, familiares, laborales, económicos, emocionales y que cada paciente necesita personalizar también la atención a cada una de esas necesidades. Humanizar la atención implica situar a la persona en el centro del sistema, no solo desde una perspectiva relacional o ética, sino también como un elemento con impacto directo en la salud, en los resultados clínicos y en la experiencia del proceso asistencial. Escuchar la voz del paciente debe ser una prioridad para, en primer lugar, entender y comprender, pero, también, para acompañar y adaptar la atención a las necesidades de cada paciente y su entorno.
La atención integral al paciente, la participación y autonomía de las personas con cáncer, generar nuevos espacios asistenciales y fomentar el bienestar y la formación de los profesionales sanitarios deben ser los ejes de actuación y desarrollo de un nuevo modelo de atención más humana e integral.
- Contribuyamos a integrar el bienestar psicológico y social como un derecho estructural, inseparable del cuidado clínico a lo largo de todo el proceso asistencial, desde el diagnostico hasta la supervivencia o los cuidados al final de la vida.
- Contribuyamos a garantizar el derecho de cada persona a comprender su situación, tomar decisiones informadas sobre su salud y participar en el sistema que la atiende
- Contribuyamos a mejorar todos aquellos elementos que determinan profundamente la experiencia de las personas, los tiempos, los circuitos, la burocracia, la intimidad o los espacios asistenciales.
Una atención integral y más humana supone escuchar a quien mejor conoce el cáncer, es decir, las personas con cáncer y su entorno. Ellos lo enfrentan, ellos conviven con la enfermedad. Escuchar al paciente, pero también, saber explicar para que la persona con cáncer entienda su situación en cada momento y pueda tomar decisiones de forma conjunta con los profesionales. Humanizar también es apoyar a quienes cuidan, cuidar a los cuidadores, porque su bienestar es también el bienestar de la persona con cáncer.
Este 4 de febrero, Día Mundial Contra el Cáncer, es una oportunidad para poner en valor la escucha con el fin de adaptar la atención a cada persona con cáncer y sus necesidades. Para alcanzar un compromiso común para que se escuche la voz de cada paciente.
Este 4 de febrero es una oportunidad para aminorar los obstáculos que los pacientes encuentran en su proceso contra el cáncer a través de una red compacta y personalizada de atención, apoyo y más servicios a pacientes y familiares que respondan a sus necesidades.
Este 4 de febrero es una oportunidad para mejorar los entornos asistenciales de los pacientes.
Este 4 de febrero es una oportunidad para alcanzar el compromiso de todos, por una atención integral y más humana frente al mayor reto sociosanitario que tenemos como sociedad: el cáncer.




