Desalojan varias viviendas en Argamasilla tras el fuego en un almacén de melones

incendio argamasilla
Foto del incendio compartida en Facebook

El incendio declarado en un almacén de melones y de maquinaria agrícola situado en la localidad ciudadrealeña de Argamasilla de Alba ha obligado a los bomberos a desalojar varias viviendas aledañas, sin que el fuego haya provocado daños personales.

Según ha informado el Servicio de Atención de Urgencias (SAU) 112 de Castilla-La Mancha, el suceso ha tenido lugar sobre las 22.00 horas del lunes, en la calle Candil de esta localidad. Las llamas han provocado que se derrumbara el techo del almacén, lo que ha obligado a los bomberos de Tomelloso y a la Policía Local a desalojar varias viviendas aledañas.

Poco después todo los propietarios han regresado a sus viviendas, pues solo ha quedado afectado el patio de una de ellas.

El pintor José Manuel Exojo hace partícipe de su arte al torero Morante de La Puebla

Exojo entrega una de sus obras a Morante

El pintor manchego José Manuel Exojo ha hecho entrega de dos obras suyas al torero Morante de La Puebla, un gesto con el que el artista ha querido expresar la admiración que siente por el diestro, no sólo en el ámbito profesional sino también en el personal.

La primera de las obras, realizada en formato grande, recoge una imagen de una corrida del torero español en Ronda, con traje goyesco de color azul. A través de los contrastes de colores, José Manuel Exojo ha intentado “expresar toda la plasticidad que tiene el toreo de Morante de la Puebla y la grandeza de su figura, como torero y como persona”, tal y como ha explicado el pintor.

La otra obra es un retrato en el que el artista ha querido “captar la impronta, el interior de la figura de Morante de la Puebla” y plasmarlo en un lienzo a través de sus pinceles. Exojo ha calificado de “gran orgullo” el hecho de que una persona de la talla de Morante de la Puebla tenga dos obras suyas y ha destacado la amabilidad del diestro, que en todo momento se mostró encantado de recibir sendas obras de arte y elogió el estilo de Exojo.

En un acto íntimo, emotivo e intenso, el torero y el pintor hablaron de toros y de pintura, destacando lo que transmiten las pinceladas largas e intensas que caracterizan el estilo del pintor manchego.

Aunque la principal fuente de inspiración de José Manuel Exojo es La Mancha, el pintor reconoce sentirse muy atraído por el mundo de la lidia y son varias las obras que ha realizado sobre esta temática. Hace unos años también realizó un retrato del torero alcazareño Aníbal Ruiz.

Otros proyectos

Actualmente, José Manuel Exojo, considerado por muchos como el Sorolla castellano manchego, está trabajando en la preparación de dos exposiciones sobre El Quijote, que podrán visitarse en el Museo del Carmen de Valencia y en el Museo de Arte Contemporáneo de La Coruña. En ambas, se expondrán obras de temática quijotesca realizadas por el artista.

El año pasado, Exojo rindió tributo a El Greco con una exposición sobre el famoso pintor griego que fue visitada por más de 7.000 personas y que sirvió para recaudar fondos destinados al Banco de Alimentos.

 

Ángel José Medina y Josué Ocaña se hacen por quinta vez con el maratón de dobles de Argamasilla de Alba

20150817_Final maraton de tenis_campeones

Son ya cinco años consecutivos los que la pareja de tenistas formada por los argamasilleros Ángel José Medina-Josué Ocaña se han impuesto en el maratón de dobles de Argamasilla de Alba, que ha cumplido su undécima edición.

El pasado fin de semana se reeditó la final de 2014, en la que Jesús Hilario y Mariano Muñoz volvieron a sucumbir ante el juego más técnico de los campeones, aunque en esta ocasión consiguieron ponerles contra las cuerdas ganando un apretado segundo set, tras perder el primero, obligando a los jóvenes tenistas a disputar el tie break en el que se decidió la final.

Previamente, en semifinales, los campeones se deshicieron de la pareja formada por José Ángel Díaz y Rubén León, mientras que los subcampeones hicieron lo propio contra Enrique Mena y José Fernández.

“El torneo se ha convertido ya en un clásico, y se vive con compañerismo y una grata convivencia entre los jugadores y acompañantes”, indicaba el concejal de Deportes, José Antonio Navarro, tras la final y la entrega de trofeos a las cuatro mejores parejas; destacando igualmente el carácter abierto del torneo y del Medrano Club de Tenis, organizador del maratón, a tenistas de otras localidades sean socios o no.

El concejal de Deportes también anunció que en próximas fechas se reunirá con la directiva del Medrano Club de Tenis, para estudiar el acondicionamiento de las instalaciones de cara a la próxima temporada, que se iniciará en torno al mes de octubre, pues hasta que se dispute la final del torneo de feria, el 5 de septiembre a las 19.00 h., no se dará por finalizada la actual.

Socuéllamos concluye sus feria y fiestas a ritmo de Carnaval

cierre feria socuellamos

Socuéllamos puso el pasado 15 de agosto, el broche final con alegría y mucho colorido, a sus Feria y Fiestas, con una de las novedades de este año, el Carnaval de Verano, que congregó a cuatro comparsas locales y a numeroso público en las calles de la localidad, para presenciar el desfile.

Las comparsas de concentraron en la Plaza de la Constitución y realizaron el recorrido que les llevó hasta el recinto ferial. Cuatro fueron las comparsas que participaron. La Peña “Los Mismos”, luciendo disfraces de distintas temporadas como motivo de su 25º Aniversario. La comparsa “Las Musas” desfilaron bajo la temática “Mezcla de colores y fantasía” acompañados por Sheila Rodríguez, Dulcinea de honor. Les seguía la Peña “Male Male Mía” con su tema “Muy Olé” luciendo una espectacular carroza sobre la que bailaban Leticia López y José Ramón Salgado, Dulcinea de Honor y Quijote de las fiestas. Cerrando el desfile, la Peña “Maske” con su tema “Tribus africanas”, danzaban y lucían sus disfraces acompañados de una grandiosa carroza presidida por la Dulcinea Mayor, Rocío Haro.

Fue sin duda un bonito broche final para la Feria y Fiestas de Socuéllamos que terminó con la tradicional traca fin de fiestas al filo de la media noche del sábado día 15 de agosto frente al Ayuntamiento.

 

 

Cementerio de Tomelloso “Pequeño Pére-Lachaise”, XX Certamen Artículo Periodístico “Juan Torres Grueso”

JURADO
PRESIDENTA
Dña. Mª DOLORES CORONADO GONZÁLEZ
Ex-Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Tomelloso
VOCALES

D. FRANCISCO NAVARRO NAVARRO
Periodista
Dña. LAURA ESPINAR SÁNCHEZ

Periodista
D. JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZDE LA MOYA

Periodista
SECRETARIA

Dña. VICTORIA BOLÓS MONTERO
Jefe del Departamento de Servicios Culturales del Ayuntamiento de Tomelloso
Examinados los trabajos presentados, el Jurado porUNANIMIDAD, acuerda conceder el
XX PREMIO ARTÍCULO PERIODÍSTICO»Juan Torres Grueso» 2.015
dotado con 1000 Euros y diploma a
D. AMADOR PALACIOS LÓPEZ
de Albacete
por su artículo titulado: Cementerio de Tomelloso “Pequeño Pére-Lachaise” y
publicado en el ABC-Artes y Letras

Cementerio de Tomelloso: Pequeño Pére-Lachaise

El parisino cementerio Pére-Lachaise guarda una colección de difuntos célebres, exhibidos a «cascoporro» en los flancos de sus románticos senderos. En la zona este de París, es un recinto conocidísimo, utilizado por los habitantes de la capital francesa como un parque más de la bonita urbe. Desde hace más de dos siglos, cuando en su solar se produjo la primera inhumación, el Père Lachaise guarda los restos de «infinidad» de notables artistas: desde Gillaume Apollinaire a Maria Callas, desde Marcel Camus a Frédéric Chopin, desde Alfonso Daudet a Colette, desde Isadora Duncan a Molière, pasando por Yves Montand, Georges Moustaki, Amadeo Modigliani, Nerval, Édith Piaf, Proust, Oscar Wilde… Quizá las máximas estrellas del conjunto abultado de estos honorables pobladores sean el último de los nombrados, Wilde, y, sin ninguna duda, James Douglas Morrison, el Jim Morrison de los Doors, quien nunca deja de tener flores en su tumba y admiradores que, tras fumarse un porro cabe el mármol, dejan la «toba» allí como enseña del más sentido homenaje.

Otro cementerio parisino, el de Montparnasse, también recoge huesos de importantes artistas, como es el caso del dramaturgo Samuel Beckett, Tristan Tzara, padre del dadaísmo, el polémico matrimonio formado por Jean Paul Sastre y Simone de Beauvoir, además de, entre tantos otros, los escritores hispanoamericanos Julio Cortázar, César Vallejo o Carlos Fuentes. Quien conozca estos cementerios de París, disfrutará, seguro, en ambos, pero le sacará más jugo al de Père-Lachaise.

Ya sabemos que las comparaciones son odiosas. No se puede equiparar la nombradía de esos resultones «osarios» de París con la extensión de panteones, tumbas y nichos que conforman el cementerio del poblachón manchego de Tomelloso. Pero así como París fue una cantera inmensa de artistas plásticos, pensadores, novelistas, poetas (quizá lo siga siendo, pese a su decadencia), Tomelloso también lo es, habiendo dado a luz uno cuantos selectos personajes destacados en el mundo del Arte y la Literatura. En este camposanto tomellosero, pues, descansan Félix Grande, Francisco García Pavón, Juan Torres Grueso, Antonio López Torres, Eladio Cabañero, orgullo, todo este conjunto, de este pueblo singular de la Mancha.

Juan Torres Grueso no es tan renombrado como sus actuales compañeros de «urbanización». Autor de una poesía con anclaje en la realizada por las huestes garcilasistas (no en vano fue muy amigo del pontífice garcilasista José García Nieto), quizá su mayor mérito es la promoción de la ya añeja Fiesta de las Letras de Tomelloso. Desde que en 1955 publica su poemario Tierra seca, su actividad literaria fue incesante. Fue becado por la Fundación Juan March. Desde 1967 a 1969 alcalde de Tomelloso, se dedicó de lleno, como se escribe en la web entomelloso.com, «a numerosos proyectos que supusieron un gran impulso social, urbanístico y cultural para su ciudad natal». En 1988, la revista tomellosera El cardo de bronce, dirigida por el cura-poeta Valentín Arteaga y primorosamente confeccionada por Tomás Casero, le dedicó monográficamente uno de sus números, publicando el libro, inédito hasta entonces, de Torres Grueso Los pobres.

Ni Félix Grande ni Eladio Cabañero ni Francisco García Pavón ni Antonio López Torres necesitan apenas líneas justificativas para cargar de propaganda sus eximias figuras. Antonio López Torres inició en el estudio de la pintura a su sobrino, el tan celebrado artista Antonio López García. Su pintura realista no es muy prolífica, al morir el creador la legó a su pueblo, de forma que podemos contemplarla, en casi su totalidad, sorprendiéndonos de su seguridad y delicadeza, sin salir del propio Tomelloso.

Francisco García Pavón es uno de los grandes novelistas españoles del siglo XX. Profesor en la Escuela de Arte Dramático y crítico teatral, cosechó importantes galardones, como el Premio Nadal y el Nacional de la Crítica. Su personaje Plinio fue muy popular al adaptarse la saga novelística de este policía tomellosero para la televisión en los años 70.

Tanto Eladio Cabañero como Félix Grande fueron dos grandes poetas, decisivos en el transcurso de la poesía española llamada de posguerra. Cabañero tuvo una formación totalmente autodidacta, hasta el punto de que de adolescente apenas sabía leer y escribir; su poesía delata un fiel reflejo de humanidad encarnada en el escueto y sufriente paisaje manchego. Félix Grande avanzó, con hermosa singladura, por la travesía de la poética testimonial de su tiempo, siendo a la vez propulsor de las vanguardias. Su poesía está dotada de una aguda y muy sugerente riqueza verbal y su expresión poética siempre alcanza unas cotas verdaderamente magnánimas.

Sería hermoso ver conversar a todos ellos (imaginémoslo) con el culo puesto en una de las lápidas (la de Grande o la de Cabañero, pues las otras son nichos), y oír una vez más la cariñosa mas contundente recriminación de Eladio a Félix, como hermano mayor, por haber incurrido tantas veces, tan compulsivamente, en sensuales impulsos de arrebatada conducta.

“Las rebajas”, Premio Local de Narraciones “Félix Grande”

JURADO
PRESIDENTE
D. RAÚL ZATÓN CASERO
Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Tomelloso
VOCALES
Dña. SONIA GARCÍA SOUBRIET
Escritora
D. PABLO SEBASTIÁ TIRADO
Escritor
D. DAVID PANADERO GÓMEZ
Escritor
D. JESÚS EGIDO SALAZAR
Rey Lear Editores
D. JUAN ANTONIO BOLEA FERNÁNDEZ-PUJOL
Escritor
SECRETARIA
Dña. ROCIO TORRES MÁRQUEZ
Directora Biblioteca “Francisco García Pavón” de Tomelloso
Examinados los trabajos presentados, el Jurado acuerda por
UNANIMIDAD,
conceder el PREMIO LOCAL DE NARRACIONES «Félix Grande» 2015,
dotado con1.000€ y Diploma a:
Dña. LYDIA MONREAL MENA
de Tomelloso, por su obra titulada :
«LAS REBAJAS»

 

La rebajas

Nunca antes me habían interesado las rebajas. Sin embargo, mi compañero de oficina Luis era un apasionado de ellas. Durante todo el año nos hablaba y hablaba sin conseguir que nadie le acompañara.

Ocurrió durante el verano del noventa y siete que entre las páginas de una revista de moda, encontré un pijama de raso verde con topos blancos, de diseño elegante y discreto. Estaba sentada en el borde de la silla, cerca de mi mesa de trabajo cuando Luis, con una sonrisa, pasó por allí y me dijo que vestida con esa lencería estaría preciosa. Mi corazón palpitó, pero pronto recordé que Luis no podría ser mío nunca porque ya estaba prometido. Eso no importó para que sus palabras sonasen en mi oído como música. El caso es que llegué a obsesionarme con aquel pijama de tal modo que recorté la fotografía y la coloqué en el espejo de la consola de mi habitación. Todos los días, al levantarme y al acostarme, la acariciaba. Me hacía sentirme cerca de Luis. Así que aquel año, detrás del pijama, no le resulto difícil convencerme para que le acompañase el primer día de rebajas. Salimos pronto de casa. Caminamos casi cogidos de la mano y entre risas llegamos hasta la avenida de Maisonnave, donde estaba el centro comercial.

—Esto es demasiado —susurré viendo la cola de gente que esperaba.

Luis, dándoselas de experto, me explicó que en las rebajas había muy pocas reglas: estar concentrados, ser los más rápidos y tener la suficiente cara dura…Él, acariciando mi mejilla, me susurró al oído que si era capaz de seguir sus instrucciones nada tenía que temer. Sentí su aliento tan cerca que me estremecí, el olor de su perfume, el vaho de su respiración en mi cuello me excitó.

Delante de las correderas la gente esperaba impaciente, algunos ya no aguantaban más. Me fijé en una señora que pesaría casi cien kilos y gritaba a los vigilantes para que abrieran de una vez las puertas. Miraba el reloj, les miraba a ellos y exclamaba, «si es que no puede ser… ¡si es que no puede ser! A las diez de la mañana tuve la impresión de que alguien había hecho saltar la alarma de incendios: las voces de la gente se superponían, alguien insultó al fondo de la sala a otra señora que muy irritada también esperaba. La señora opulenta seguía gritando a los guardias de seguridad porque la persiana le había dado al bolso tirándolo por encima de las cabezas de otros clientes y ella no podía hacerse con él; en una esquina dos hombres se agarraban uno a otro para ver quien entraba antes, y un tercero resolvió el asunto saltando por encima de sus brazos; un señor que llevaba dos muletas se abría paso a bastonazos… Me quedé sin palabras, era increíble lo que veía. Ni siquiera me di cuenta que minutos después de las diez entraba en aquel lugar empujada por un flujo de gentío vociferante. Luis, a un metro de distancia, con el brazo extendido, hacía esfuerzos desesperados por alcanzarme. Parecía que estaba divirtiéndose con la situación. De golpe sentí que todo se detenía y mis pies volvían a tocar el suelo firme. A mi alrededor la música era suave, el aire frío, las luces y fragancias sensuales, y todos los dependientes tenían la misma sonrisa artificial.

— ¿Por dónde empezamos querida? ¿Qué te parece por arriba? —dijo mientras deslizaba su mano desde mi busto hasta mi cadera—Subimos y al bajar parecerá que nos estuviéramos vistiendo. Es muy excitante hacerlo así — Por instinto me giré, tropezando de bruces con Luis, el cual se contoneaba como si bailase un baile de salsa.

Me aturdía oír sus palabras y ver su forma de comportarse. En todos los años que lo conocía, nunca me dijo nada similar. Mi corazón comenzó a latir sin parar, amenazando con salirse del pecho. Me cogió la mano para arrastrarme hasta las escaleras mecánicas. En unos minutos, sin darme cuenta, llegamos hasta la planta de la lencería. A esa altura, según pasaba entre las prendas, me empecé a sentir más y más relajada. Tocaba el satén sintiendo su tacto liso y brillante, la suavidad agradable de la seda, en los encajes olía el sabor amaderado del lino, ese aroma tan peculiar de la lana y sentía que los acrílicos crujían como frutos secos al machacarse entre los dedos.

De repente, sin esperarlo, lo vi. Estaba en una esquina de una gran caja, escondido entre los otros pijamas. Casi me pareció vivir un sueño. Sin pensarlo dos veces me acerqué al expositor en el que se asomaba. Con cuidado aparté las demás prendas y pude ver el conjunto completo. Sí, era el pijama de la revista.

—Cuesta tres euros, Luis, sólo tres euros—repliqué en voz alta

No puedo entenderlo pero a la vez que escuché mi voz, olí a mi derecha, en el ambiente ese olor acre a sudor reseco como de varios días que lleva un mendigo cuando pasas a su lado y sentí una fuerza que me empujaba sin control. Apreté con más energía, si cabía, el pijama entre mis manos y contra mi pecho, para que nadie pudiera arrebatármelo. A mi espalda se formó un griterío. Yo no lo recuerdo pero me dijeron que parecía una leona, encima del stand de los pijamas, paseando entre ellos. Rompí el mueble que los contenía, a una señora la dejé en bragas y en el suelo al llevarme su falda por delante, un niño acabo empotrado contra la pared, y el murmullo crecía a mi espalda… y en segundos caí al suelo. Solo recuerdo ver el ajedrezado de baldosas blancas y negras cerca de mi nariz, cientos de pies aplastándome, un denso olor a huevo duro podrido… Pasaron varios minutos hasta que dejé de sentir la presión en la espalda. Alguien me levantó del suelo. Era un guardia de seguridad que había logrado atravesar la muralla humana y me preguntaba si estaba bien. Moví la cabeza en sentido afirmativo a la vez que comprobaba que el pijama seguía en mis manos.

— ¡He ganado yo! ¡Tengo el pijama!—dije al agente que me miraba atónito.

— ¡Tengo un pijama de tres euros y ellas no!—grité con gran alegría

Luis me miró sin contestarme. Se disculpó ante los policías y tiró de mí hasta llevarme al cuarto de baño. Me puso delante del espejo para que me viese reflejada. Mis ojos examinaron la imagen de una persona completamente despeinada, con una camisa ocre hecha jirones, una cazadora negra a manchas azul celeste, los ojos desdibujados y el maquillaje mezclado con restos de lo que fue unas rayas de pintura negra de ojos resbalando por sus mejillas y tratando de colonizar su boca.

—Elena, ¿seguro que te encuentras bien?— exclamó Luis — ¡No tenías que tomarte al pie de la letra mis recomendaciones! Tanto la gente como yo nos hemos quedado con la boca abierta mientras te veíamos moverte como una loca. Ha sido necesario un forzudo de gimnasio para tirarte contra el suelo …

—Luis, no te enfades conmigo… ¡vale tres euros! — murmuré haciendo una mueca a modo de sonrisa.

Pero en su mirada percibí que lo que brotaba por los poros de su piel era aquella extraña sensación irracional, mezcla de incredulidad y de desesperación que, unida a su disgusto, me recordó a mi padre cuando se enfadaba, siendo yo pequeña, viéndome rebañar el kétchup en el plato de las hamburguesas.

Esa fue la primera y última vez que he ido a las rebajas.

Luis no volvió a hablarme hasta pasados tres años, cuando me invitó a su boda.

“Haikus de la intemperie”, Premio Local de Poesía “Ángel López Martínez”

JURADO

PRESIDENTE

RAÚL ZATÓN CASERO

Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Tomelloso

VOCALES

JESÚS GARCÍA LORENZO (Urceloy)

Poeta

Dª. GUADALUPE GRANDE AGUIRRE

Poeta

LUIS ALBERTO DE CUENCA PRADO

Poeta

SECRETARIA

Dña. VICTORIA BOLÓS MONTERO

Jefe del Departamento de Servicios Culturales del Ayuntamiento de Tomelloso

Examinados los trabajos presentados, el Jurado por UNANIMIDAD, acuerda conceder el

PREMIO LOCAL DE POESÍA»José Antonio Torres»

dotado con 1.000 Euros y Diploma a:

  1. JOSÉ POZO MADRID

de Tomelloso

por su obra titulada :

«HAIKUS DE LA INTEMPERIE»

 

Haikus de la intemperie

 

Renacimiento
1
Marzo salpica
su paleta de verdes;
después dispone.
2
La puerta abierta
deja entrar el perfume
mientras te instalas.
3
Por la arboleda
en flor, sumo al pañuelo
veinte estornudos.
4
Ciega de polen,
aterriza la abeja
contra el gazpacho.

Canícula
1
Al antenista
se le altera la sangre
con los escotes.
2
En la guantera,
junto a medicamentos,
el abanico.
3
Sol y galbana.
Un whatsapp rompe el sueño
bajo la higuera.
4
Piromanía:
con un libro de haikus
queman el monte.

Otoño
1
Todas a una,
las hormigas avanzan
con la castaña.
2
Entre racimos,
la araña inicia un show
de trapecista.
3
En los maizales,
crucifixiones múltiples
de espantapájaros.
4
Perro y canana:
“Temprano levantó
la muerte el vuelo”

Intemperie
1
Un inmigrante
porta toda su hacienda:
cartón y escarcha.
2
Viento del Norte.
Tus manos en mi pecho
son un iglú
3
Con qué frescura
la nieve incita al Sol
para hacer aguas.
4
Tras el letargo,
la vida vuelve a ser
renacimiento.

 

“Sobre el amor y otras buenas costumbres”, Premio de Poesía José Antonio Torres

JURADO

PRESIDENTE

RAÚL ZATÓN CASERO

Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Tomelloso

VOCALES

JESÚS GARCÍA LORENZO (Urceloy)

Poeta

Dª. GUADALUPE GRANDE AGUIRRE

Poeta

LUIS ALBERTO DE CUENCA PRADO

Poeta

SECRETARIA

Dña. VICTORIA BOLÓS MONTERO

Jefe del Departamento de Servicios Culturales del Ayuntamiento de Tomelloso

Examinados los trabajos presentados, el Jurado por MAYORÍA,, acuerda conceder el

PREMIO DE POESÍA»José Antonio Torres»

dotado con2.000 Euros y Diploma a:

Dña. PILAR GARCÍA ORGAZ

de Madrid

por su obra titulada :

«SOBRE EL AMOR Y OTRAS BUENAS COSTUMBRES»

 

Sobre el amor y otras buenas costumbres

EL POETA CIRLOT, ENAMORADO DEL PERSONAJE
QUE INTERPRETA LA ACTRIZ ROSEMARY FORSYTH
EN LA PELÍCULA “EL SEÑOR DE LA GUERRA”, ACUDE
A LONDRES A CONOCERLA PERSONALMENTE,
TARDANDO DIECISEIS MINUTOS EN DARSE CUENTA
DE SU ERROR.

 

He encontrado tus alas en el pasillo,
tiradas en el suelo.
Has dejado tu torre en el armario
y la espada, que aún sangra, en la cama.
Has vuelto sin escudo a la habitación
que recoge tus sueños,
como si fueses una obra de JeeYoung Lee.
Llevas siglos en la bañera,
donde te desabrochas la angustia,
escondiendo tus lágrimas en pompas de jabón.
No debiste conocer a Rosemary.
Los mitos son máscaras que colocamos al tiempo,
para disfrazarlo de eternidad,
y tú has matado al tuyo en dieciséis minutos.
Te has quedado dormido,
y he cambiado tu almohada por la mía.

 

RIEN, NE VA PLUS

Has apostado al rojo de mis labios.
Rueda la bola, brinca, se para.
Quieta, en el número fatal de la inconstancia.
-“Diecinueve, par y rojo”
canta el crupier sin inmutarse,
arrastrando por el verde los colores.

 

Hay un ganador que multiplica su risa,
un oriental que se impacienta,
una rubia platino que fuma en boquilla de náca
Sigues jugando al veinticinco,
sigues jugando al rojo de mis labios,
sigues jugando a ganar, mientras me pierdes.
Abandono tu ruleta sin destino,
y en mi boca explota la guinda de unmanhatta
en el último trago de un adiós
impar y negro.
El humo ciega tus ojos, no los míos.
Rien, ne va plus.

 

LA MUJER MÚSICA

 

Cuándo te conocí,
yo no sabía quién era,
y ahora, tú no sabes quién soy yo.
Toca.
Tócame.
Hay días, que soy la guitarra de Santana
y otros, la de Gary Moore.
Por las tardes, suelo ser una guitarra española.
Toca.
Tócame
Hay días, que me despierto en la trompeta de Miles Davis
Y otros, dentro del bandoneón de Piazzolla.
Hoy, soy el piano de Scriabin.
Toca.
Tócame
Y afina.

 

COPLAS DE RED

 

Ni las redes sociales
ni los mensajes
ni los twiter ni el facebook
me dan masajes.
Sin los hilos de fibra
te comunicas.
Con mirarme a los ojos
tú me masticas.
Por las redes sociales
no te enamores,
que te pierdes los besos
y sus sabores.

“Al final de la escalera”, XVIII Premio de Poesía “Eladio Cabañero”

JURADO

PRESIDENTE

RAÚL ZATÓN CASERO

Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Tomelloso

VOCALES

JESÚS GARCÍA LORENZO (Urceloy)

Poeta

Dª. GUADALUPE GRANDE AGUIRRE

Poeta

LUIS ALBERTO DE CUENCA PRADO

Poeta

SECRETARIA

Dña. VICTORIA BOLÓS MONTERO

Jefe del Departamento de Servicios Culturales del Ayuntamiento de Tomelloso

Examinados los trabajos presentados, el Jurado por UNANIMIDAD, acuerda conceder el

XVIII PREMIO DE POESÍA «Eladio Cabañero»,

dotado con4.500 Euros, Edición de la Obra y Diploma a:

ENRIQUE GRACIA TRINIDAD

de Madrid

por su obra titulada :

«AL FINAL DE LA ESCALERA»

 

 

VAMOS A IR POR DELANTE

Antes de que llegue el fin del mundo, una mujer volverá de la compra
con un yogur caducado. No tuvo para más.

Antes del ángel del exterminio, alguien resistirá frente a la adversidad,
se ganará los besos y la risa. Tendrá sueño.Antes de las trompetas cantará un mirlo.

Antes de que quien corresponda llame a resucitar, algunos habremos hecho rebelde juramento de no volver.

Antes de que algún juez supremo pretenda juzgar al mundo, se habrá acabado la cerveza en el bar de la esquina.

Antes de Ragnarök, estaremos ya hartos de batallas. Nada nos asustará.

Antes de que los dioses se venguen de nosotros, viajaremos al mar para comer paella y ajoaceite.

Antes de que la Puta de Babilonia nos mire de reojo, estaremos de vuelta.

Antes de que Visnú traiga la última oscuridad, habremos encendido la luz de la mesilla y estaremos hablando de Aristóteles.

Antes de que Nostradamus sepa si tiene razón, habremos recogido la cocina y fregado los platos, ¿qué comemos mañana?

 

¿PODRÁS? (con la ayuda de Quevedo y Ruiz de Torres)

Aunque amenaces con el descalabro,

aunque extiendas tu dedo represivo

y atenaces mi mano de escribir,

mi cuello, mis pulmones, mi saliva,

a tu poder enfrentaré mi aliento;

al clamor de tu grito, mi susurro;

al peso de tu fuerza, mi esperanza;

mi oculta libertad frente a tus reglas.

 

No temblarás pero sabrás que existo,

te reirás pero yo no estaré triste,

pasarás por encima pero entonces

como el junco oriental me alzaré luego.

Así ha de ser la pura resistencia

que mi orgullo alzará contra tu estirpe.

 

No he de callar hasta que acabe el plazo

que a mis días conceda el infinito,

y como Ruiz de Torres, por entonces,

dejaré algún papel donde se diga:

Vivir valió la pena

 

EL FIN DE TANTA OSADÍA

Un día todas las palabras

van a vengarse de nosotros.

 

Asaltarán los muros

donde las escribimos sin reparo.

Volcarán los estantes, vaciarán los cajones,

y en una inmensa hoguera

harán arder la falta de conciencia

con que fueron usadas tantos siglos.

También irán al fuego

ordenadores, e-books y otros instrumentos

donde hicimos con ellas sortilegios absurdos,

vanidades de cáscara, soberbia,

inútil instrumento del miedo ante la muerte.

Las palabras,

todas y cada una

tendrán su instante de venganza

Y quedaremos mudos para siempre.

 

¿TE ATREVERÍAS? 

Despreciando la técnica y el ritmo,

con la boca pequeña y sin esfuerzo,

me dispongo a escribir alejandrinos de más de treinta sílabas.

¿Que para qué, diréis?

Quisiera demostrar,

en verso o como sea,

que si el mundo es redondo es porque Dios,

un día,

estaba cocinando y se le fue la mano.

 

“La muerte Invisible”, XVIII Premio de Narrativa “Francisco García Pavón”

JURADO

PRESIDENTERAÚL ZATÓN CASERO

Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Tomelloso

VOCALES

Dña. SONIA GARCÍA SOUBRIET

Escritora

PABLO SEBASTIÁ TIRADO

Escritor

DAVID PANADERO GÓMEZ

Escritor

JESÚS EGIDO SALAZAR

Rey Lear Editores

JUAN ANTONIO BOLEA FERNÁNDEZ-PUJOL

Escritor

SECRETARIA

Dña. ROCIO TORRES MÁRQUEZ

Directora Biblioteca “Francisco García Pavón” de Tomelloso

Examinados los trabajos presentados, el Jurado acuerda por UNANIMIDAD,

conceder el XVIII PREMIO DE NARRATIVA»Francisco García Pavón»,

dotado con7.500€, Edición de la Obra y Diploma a:

ALBERTO PASAMONTES NAVARRO

de MADRID, por su obra titulada :

«LA MUERTE INVISIBLE»

… Fragmento: 28 de abril

Me despierto sobresaltado, envuelto en una afilada oscuridad, sin tener conciencia de dónde estoy ni qué me ha pasado. Me duele todo el cuerpo, un dolor interno que no es uno, sino cientos de ellos por cada uno de mis órganos, y la lengua -si es que es mía, cosa que dudo-, parece un pedazo de cartón dentro de mi boca pastosa, que sabe a metal y a bilis. Tardo un rato en darme cuenta de que he vomitado, y solo lo hago al ver una mancha oscura que se extiende por mi chaqueta. Un olor desagradable impregna el aire con su penetrante acidez. La sensación de algo pegajoso que baña mi piel desde la barbilla hasta el cuello me produce una sacudida de asco. Saco el pañuelo del bolsillo y me limpio nervioso. Miro a mi alrededor. Estoy sentado dentro del Vaz, pero no comprendo por qué está ese edificio tan cerca de mí, a solo dos, quizá tres metros de distancia, y mucho menos qué coño hace un árbol empotrado contra el capó. Compruebo en mi reloj que pasan cincominutos de las dos. Abro la puerta y salgo al aire de la calle, frío y lúgubre, pero al menos no tan viciado como el del coche. Esa es la impresión que da, al menos, si nos olvidamos por un segundo de la Central, la radiación, la ceniza del incendio, todos esos pequeños detalles sin importancia. Me quito la chaqueta, sucia y maloliente, y la tiro al suelo, para luego comprobar con alivio que el desastre no ha llegado a los pantalones, tampoco a la camisa. Me acerco a observar los daños del choque contra el árbol. El follaje impide que la luz de una farola que hay a pocos metros llegue hasta el suelo, pero me las apaño para comprobar que el faro izquierdo está roto, y ese lado de la carrocería algo arrugado. El capó algo levantado por esa esquina, pero sigue cerrado, no hay en el suelo agua del radiador, tampoco aceite, y la rueda parece en buen estado. No ha sido gran cosa. Sigo sin recordar cómo he llegado hasta allí, pero es evidente que he tenido mucha suerte. Subo al coche de nuevo y pruebo a ponerlo en marcha. El motor de arranque gime desganado al girar la llave. Vuelvo a probar con poca convicción, pensando ya dónde podré hacerme con otro vehículo, cuando tras unos segundos el motor carraspea, tose con sonido metálico, y por fin, con un temblor que sacude todo el chasis igual que un perro se agita para quitarse de encima el agua después de un desagradable baño, ruge soltando una nube de humo blanco por el tubo de escape. Hace un ruido extraño, huele a goma quemada, pero funciona, y salgo del parterre en el que me he metido dando marcha atrás.

Intentar colarme en la Central con la camisa blanca, por mucho que todavía sea noche cerrada, es como llevar un luminoso con forma de flecha apuntando sobre mi cabeza. No estoy lejos de casa, así que decido pasar a por otra chaqueta. Además, desde allí podré llamar a Yevgueni para ver si ya ha podido averiguar algo. Como he estado inconsciente, tengo la impresión de que acabo de hablar con él, pero en realidad han pasado ya varias horas. Acelero con cuidado, no quiero forzar un motor que no sé qué daños puede tener. A mitad de camino, las farolas de la calle titilan asustadas. Luego, se apagan con un chasquido. Algo ha debido fallar en el transformador anejo a la Central. O quizás hayan apagado los otros reactores, por precaución.

Tardo apenas dos minutos en llegar a mi edificio. Decido dejar el motor en marcha por miedo a que luego no vuelva a arrancar. Subo las escaleras despacio, en total oscuridad, palpando los escalones con los pies antes de apoyarlos con firmeza. Me pregunto si podré encontrar la puerta de mi apartamento en medio de semejante negrura. Llego a mi planta fatigado, y tengo que dedicar unos segundos a recuperar el resuello. Al menos, compruebo con alivio que la luz de la luna se cuela por la ventana que hay al final del largo corredor en forma de tenues hilos de plata que, en contrapartida, -y esto, aunque me cueste reconocerlo, ya no me gusta tanto-, crean una atmósfera espectral no apta para corazones sugestionables. Sé que es una bobada, pero me siento más seguro echando mano de la Makarov mientras empiezo a andar pasillo adelante. Los crujidos y chasquidos propios del asentamiento del edificio, que en cualquier otra circunstancia pasan por completo desapercibidos, se amplifican y multiplican como chinches en el irreal silencio que me rodea. Un portazo en algún lugar no muy lejano me

hace dar un respingo. Eres un cagón, ¿lo sabes? Escucho con atención, los pies clavados al suelo, preguntándome si habrá alguien más en el edificio o solo ha sido una ráfaga de aire. Al cabo me pongo de nuevo en marcha. Mis pasos cautos resuenan entre estas paredes como si un soldado se cuadrase con castrense entusiasmo ante su malhumorado coronel una vez, y otra, y otra, y así hasta que por fin me encuentro ante la puerta de mi apartamento. Solo cuando voy a buscar la llave me doy cuenta de que se ha quedado en el bolsillo de la chaqueta que he dejado tirada junto al árbol contra el que me he estrellado hace un rato. Pruebo a girar el pomo, aunque sé de sobra que está cerrada. Con un gesto de resignación doy un paso hacia atrás y, haciendo acopio de todas mis fuerzas, lanzo una patada con la intención de tirarla abajo. No solo no lo consigo sino que, además, todos los dolores que me mortifican desde hace horas retumban con la violencia de un trueno en mi interior. Me doblo sobre mí mismo al tiempo que me agarro las tripas con las manos y me entran ganas de llorar de lo estúpido que me siento. Cabreado y frustrado, acabo pegando un tiro a la cerradura. Bien pensado, era lo primero que tenía que haber hecho. Al fin y al cabo, ni tengo ya veinticinco años, ni la porquería que me devora por dentro me permite tomarme muchas alegrías.

Aprovecho para lavarme un poco antes de coger otra chaqueta y, ya que estamos, una camisa limpia. Froto con ganas la cara, el cuello y las axilas, donde más sucio me siento. Me quedan en los dedos unos restos, al tacto son como las virutas que suelta una goma de borrar sobre el papel. Prefiero no pensar en ello, pero no soy tonto, no puede ser otra cosa que mi piel que se desprende con solo rozarla.

Salgo del aseo con prisa para buscar una camisa en el armario de la habitación, hace frío en casa. Escucho un leve crujir de tela, quizás se haya quedado alguna ventana abierta –la del salón quizás-, por la que entre el aire y agite las cortinas. Voy a comprobarlo mientras me abotono. En realidad no tiene ninguna importancia, dudo que alguien vaya a vivir aquí en los próximos mil años, pero lo hago de todos modos; no me gusta que las cosas se puedan estropear por dejadez. Justo al llegar a la puerta, de la oscuridad del salón surge ante mí una

criatura de piel oscura y mate, grandes ojos brillantes y amenazadores y una pavorosa boca sin labios ni dientes abierta en un silencioso grito circular, un lamento desgarrado que solamente resuena en mi cabeza con la intensidad de una angustiosa petición de auxilio. Doy varios pasos hacia atrás, el instinto me hace echar mano a la pistolera, pero todavía no me la he vuelto a poner después de lavarme, la criatura entra, otra más a continuación, ¿estaré sufriendo una alucinación?, tropiezo con la mesilla de noche, uno de los monstruos extiende una garra hacia mí, y cuando ya me encuentro arrinconado contra la pared, ¿se encuentra bien, qué está haciendo todavía aquí?, mi cerebro por fin reacciona, y junta los pequeños hilos de nformación que han entrado en él con la contundencia de una explosión.

Hemos escuchado un disparo, ¿está usted bien?, pregunta de nuevo uno de los soldados con la voz distorsionada tras su máscara de gas mientras el otro me apunta con una linterna. Asiento, cierro los ojos deslumbrado, sintiendo las piernas todavía temblorosas y un pinchazo en el pecho, justo en el sitio donde el corazón está volviendo poco a poco a recuperar su ritmo normal. ¿Por qué no ha sido evacuado?, insiste el soldado. Levanto la mano pidiendo un momento para reponerme. Cuando al fin abro los ojos, el soldado se ha quitado la máscara. Es una mujer joven, de facciones toscas y severas, que me mira con desconfianza. Tomo aire, todo el que no he debido coger desde que han entrado por la puerta como una macabra aparición, y le explico que soy policía al tiempo que le enseño la placa que está en la mesilla, junto a la pistolera con la Makarov, que ese es mi apartamento, que he perdido la llave y que le he pegado un tiro a la cerradura porque necesitaba cambiarme de ropa. Me imagino que no atenderán a razones si les digo que estoy investigando por mi cuenta quién es el responsable de todo esto, así que miento, no crea que no me gustaría hallarme a quinientos quilómetros de aquí, pero soy uno de los encargados de la seguridad de un alto miembro del Partido Comunista que se encuentra alojado en el Polissia. No parecen demasiado convencidos, pienso en que no debo rascarme la oreja, pero vuelvo a hacerlo, no lo puedo remediar. Al final, la placa de policía hace que se queden conformes con la explicación. Yo también les pregunto qué hacen allí. Son una de las patrullas que recorren la ciudad en busca de gente que haya podido quedar rezagada tras la evacuación. Me cuentan que van a estar el tiempo que haga falta para asegurarse de que no quede nadie, y que cuando hayan terminado de revisar todos los edificios volverán a pasar de nuevo. No les envidio el trabajo, digo ladeando la cabeza.

Aunque ya hemos aclarado las cosas, no tienen intención de marcharse hasta que yo lo haya hecho. No podemos dejar a nadie atrás, vamos a sellar la entrada al edificio, dice la mujer, de modo que esperan a que acabe de vestirme. Por desgracia, no puedo llamar a Yevgueni con ellos delante, se caería la historia que les he contado. Pienso tan rápido como puedo en busca de una solución, pero esta no se presenta por más que me demoro en colocarme la pistolera, coger la placa y ponerme la chaqueta. Tendré que llamar más tarde. Luego me acompañan por el corredor hasta las escaleras y se aseguran de que salgo a la calle. Vaya directamente al hotel, me ordenan antes de perderse de nuevo en la oscuridad del portal, y manténgase en el interior de edificios tanto como sea posible, el viento puede traer partículas radiactivas consigo. Les agradezco el consejo, aunque me temo que a mí ya no me valga de mucho, y con un gesto de despedida les aseguro que así lo haré y les deseo suerte. La van a necesitar.

De camino a la Central, poco antes de la salida de Pripyat, veo una farmacia. Como si hubiesen estado esperando el momento oportuno, mis múltiples dolores parecen reactivarse y me recuerdan que siguen ahí. Detengo el coche y, del mismo modo que antes, dejo el motor en marcha. Ya no queda mucha gasolina, espero no quedarme tirado a mitad de camino. Me aseguro de que no hay ninguna patrulla militar por los alrededores, y rompo la puerta de cristal de una pedrada. Se deshace en un brillante granizo que cae al suelo con un estruendo. Busco un analgésico entre las estanterías de medicamentos. Después voy a la rebotica. Como suponía, hay allí un lavabo que el farmacéutico usará para lavarse las manos cuando tenga que elaborar algún medicamento. Encuentro también un vaso, y lo lleno para ayudarme a tragar un par de comprimidos. El agua tiene un sabor metálico, quizás sea solo aprensión. Me acuerdo también de las pastillas de yodo que me dio Leonenko. No estoy seguro de tenerlas, quizás se hayan quedado en la chaqueta sucia, pero las encuentro en uno de los bolsillos de mis pantalones. Aunque no creo que me sirvan ya para nada, me las tomo también. Más daño no me van a hacer. El agua cae como una paletada de cemento en mi estómago, o así lo parece al menos, porque este comienza a dar vueltas como si fuese una hormigonera, y casi de inmediato me asaltan de nuevo las ganas de vomitar.

Por fortuna, tras un par de minutos sentado en el suelo, todo queda en una amenaza y puedo ponerme de nuevo en marcha.

Obsesionado con la idea de hablar cuanto antes con Yevgueni, busco sin suerte un teléfono en la farmacia. Luego compruebo la caja registradora en busca de monedas para poder llamar desde la cabina del centro comercial, pero, por muy precipitada que haya sido la evacuación, se ve que el farmacéutico no se ha olvidado de pasarse por allí para recoger hasta el último rublo.