lunes, 19 enero, 2026

De Chinchilla a Angrois: Adamuz revive la memoria de las grandes catástrofes ferroviarias

El suceso de este domingo se ha convertido en el siniestro ferroviario más trágico en España desde el accidente de Angrois en 2013

Comparte

El descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad en Adamuz (Córdoba), que ha provocado al menos 21 fallecidos, se convierte en el siniestro ferroviario más trágico en España desde el accidente de Angrois en 2013 y el choque frontal en Chinchilla en 2003.

La magnitud de la tragedia de Adamuz recuerda a uno de los momentos más oscuros del ferrocarril español: el descarrilamiento del Alvia en Angrois (Santiago de Compostela), ocurrido el 24 de julio de 2013, con un balance de 80 muertos y 145 heridos. Previamente, en junio de 2003, el choque frontal entre un Talgo y un tren de mercancías en Chinchilla (Albacete) causó 19 víctimas mortales, situándose también entre los peores accidentes de las últimas décadas.

  • Vinícola de Tomelloso

Además de estos siniestros, en los últimos años se han registrado otros accidentes ferroviarios con víctimas. En O Porriño (Pontevedra), en septiembre de 2016, cuatro personas fallecieron cuando un tren de la línea Vigo-Oporto descarriló cerca de la estación. En Vacarisses (Barcelona), en 2018, una persona murió y 44 resultaron heridas al salirse de la vía un tren de Rodalies.

Ya en febrero de 2019, un choque entre dos trenes de cercanías en la línea R4 en Barcelona causó la muerte de la maquinista, natural de Córdoba. Un año después, en junio de 2020, una colisión entre un tren Alvia y un todoterreno dejó dos fallecidos. En 2022, un nuevo siniestro en Sant Boi de Llobregat terminó con la muerte de un maquinista y 85 personas heridas.

Otros accidentes relevantes en Castilla-La Mancha incluyen el arrollamiento en Hellín (Albacete) en 2004, donde murieron cinco personas, y el citado accidente de Chinchilla, uno de los más graves del siglo XXI.

Durante el siglo XX, destacan catástrofes como la del correo expreso Madrid-Galicia en 1944, con 78 muertos, y el descarrilamiento de un ferrobús entre Cádiz y Sevilla en 1972, que dejó 77 víctimas mortales.

En las décadas siguientes se sucedieron múltiples siniestros con víctimas, como el de Torralba del Moral (Soria) en 1980, donde fallecieron 17 personas, o el de Juneda (Lleida) en 1988, en el que murieron 15 personas, entre ellas diez niños de entre 3 y 5 años, al ser arrollado un autocar escolar por un tren.

QUIXOTEUS

En los años 90, la estadística negra continuó: doce muertos en 1993, siete en 1994 en una ambulancia arrollada, cinco en 1995 y dieciocho en 1997, entre otros.

Con la tragedia de Adamuz, el ferrocarril español vuelve a enfrentarse a una de sus peores crisis en términos de víctimas, en un siniestro que, según el Ministerio de Transportes, aún no tiene una cifra definitiva de fallecidos. El recuerdo de accidentes anteriores reabre el debate sobre la seguridad ferroviaria y la necesidad de medidas preventivas más eficaces.

Advertisement

+ Noticias