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En el momento actual en que las normas de prevención frente a la COVID en los colegios parecen absorber todo el debate público, parece más necesario que nunca reflexionar sobre los retos que supone enfrentarse a estos retos desde el ámbito de la Psicología Evolutiva. Un tema imprescindible para no perder la perspectiva que tratará el Curso de Verano “Psicología, educación y familia: retos en la sociedad actual” realizado por el grupo de investigación PSYE de la Universidad de Castilla-La Mancha y que se celebrará de manera online los días 30 y 31 de octubre con el patrocinio de Grupo 5. La catedrática de Psicología Evolutiva de la Universidad de Valencia, Emilia Serra, y la doctora en Psicología, Isabel Martínez Sánchez, directora del curso, nos sirven de brújula para no perder el norte.

Una nueva realidad que ha vuelto a poner en el centro el papel de las familias en la educación de las niñas y niños. “Una cosa es tener un hijo biológicamente y la otra es construir la paternidad, en la que se tiene que ir armando un proceso de socialización continuo”, afirma Emilia Serra, “esto es lo que hace que el ser biológico se convierta en un ser humano y un miembro adaptado y saludable de nuestra sociedad. El papel socializador de la familia es vital”. Algo que durante el confinamiento se ha intensificado, pues “aunque el papel de los padres no lo tengamos tan asociado a la transmisión de conocimiento, durante el confinamiento los padres han sido un poco los profesores de los hijos, sobre todo de los más pequeños. La función de socialización es una función inicial de los padres, pero aparecen otras figuras, como la escuela y las amistades, pero fundamentalmente de ellos va a depender cómo van a ser esos hijos. Esto lo vinculamos con la adaptación tanto en la parte emocional como en la parte comportamental”, completa la doctora Martínez.



En la finalización del curso pasado, el papel de las familias ganó peso frente a las escuelas, porque según Isabel Martínez “pudimos observar la diferencia entre familias que tenían la capacidad de destinar más tiempo a los hijos y las que no. También se puso de manifiesto la diferencia social en la capacidad de los padres por enseñar a sus hijos, dependiendo del nivel en el que se encuentre el niño”.


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“Las desigualdades sociales también se han agravado durante estos meses, pero ya existían porque la educación infantil sigue sin ser gratuita y global en todo el territorio nacional”, afirma la catedrática Emilia Serra. “En muchos casos, cuando los padres necesitaban salir a trabajar se producía una sustitución de cuidados por parte de los abuelos. El problema añadido durante la pandemia ha sido que hay un veto a la posibilidad de que los abuelos siguieran ejerciendo como cuidadores, porque los niños eran un peligro para los mayores. Esto ha provocado un vuelco a nivel familiar y un replanteamiento educativo sobre lo que realmente significa la enseñanza y la socialización dentro de ella”.

A esto se le ha añade que la enseñanza online “no es un sistema adecuado para los primeros niveles, es decir, de 0 a 3 años, pues supone poner al niño delante del ordenador a que juegue, con la imposibilidad socializar entre ellos”. Durante este tiempo parece que “nos hemos olvidado”, completa la psicóloga Isabel Martínez, “que la adquisición de conocimientos, no es sólo memorizar, si no también aprender a socializar y relacionarse, y eso se tendría que estar cuidando muchísimo más”.


Una formación online, en la que se ha constatado el papel central del profesor que ha tenido que adaptarse rápidamente a la nueva situación, un hecho que según Emilia Serra, debería hacer que recobremos el debate “sobre quién es buen profesor, es en la formación de los estudiantes de magisterio donde se tiene que empezar a trabajar en este sentido. Un maestro aprende a hacer las cosas como le han enseñado a él. En ese sentido, las escuelas de magisterio necesitan una renovación total de contenidos, de estilos de aprendizaje, de formas de transmisión de conocimientos y de formas de evaluar. No puede ser que los exámenes de grado valgan el 80% de la calificación y no todo lo que el alumno ha ido trabajando y haciendo a lo largo del curso”. Es importante abordar “cómo se tienen que impartir los contenidos para que tengan un valor práctico para el niño o el adolescente que los aprende y cómo eso se relaciona con los problemas que están basados en la vida real”, completa la doctora Martínez.

“También es importante”, continúa, “que los padres sepan las consecuencias que tienen sus comportamientos sobre su hijos. Abordar estos temas tiene ahora más importancia por el papel que la familia desempeña en este momento, y que puede que todo termine de nuevo volcado sobre ellas”.

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