Castilla-La Mancha conmemora este 26 de febrero el Día Internacional del Pistacho convertida en el gran referente nacional de un cultivo que ya forma parte de la identidad agraria regional. Más allá de los datos coyunturales de cada campaña, el pistacho se ha consolidado como un eje estratégico para el medio rural, por su adaptación al clima, su vinculación con la agricultura ecológica y su capacidad para generar valor añadido en origen.
En las dos últimas décadas, el crecimiento ha sido constante. La región supera ya las 63.600 hectáreas plantadas, con un incremento de 3.500 nuevas hectáreas solo en 2024. Castilla-La Mancha concentra alrededor del 77% de la superficie nacional y se sitúa muy por delante del resto de comunidades autónomas.
El cultivo mantiene un marcado carácter de secano —el 68% de la superficie— y una fuerte presencia ecológica, que ronda el 36%, aunque en términos de producción el pistacho ecológico ya representa entre el 41% y el 45% del total regional. Esta orientación refuerza la estrategia de diferenciación basada en la sostenibilidad y la calidad.
De cultivo emergente a sector estructurado
Si en 2021 el pistacho era aún un cultivo emergente en expansión, hoy se encuentra en una fase de consolidación y organización. La reciente campaña 2025 alcanzó las 11.000 toneladas, confirmando el crecimiento productivo, pero el debate sectorial va más allá de las cifras.
La calidad del fruto, con altos porcentajes de pistacho abierto y buen calibre, se ha convertido en uno de los principales argumentos comerciales de la región.
La IGP, el gran paso hacia la diferenciación
Uno de los proyectos clave para el futuro inmediato es la Indicación Geográfica Protegida “Pistachos de La Mancha”. Entre 2023 y 2025 se han analizado 178 muestras procedentes de cinco provincias y 17 comarcas, estudiando parámetros físicos, composición en ácidos grasos, minerales y compuestos antioxidantes.
Los trabajos técnicos han permitido definir un perfil propio del pistacho regional: proteína entre el 16% y el 24%, un 88% de ácidos grasos insaturados y elevados niveles de polifenoles. El objetivo es respaldar científicamente la singularidad del producto y fijar un pliego de condiciones que garantice calidad, trazabilidad y vínculo con el territorio.
Durante las jornadas técnicas celebradas en el CIAG El Chaparrillo el pasado verano se insistió en que el sector debe liderar este proceso. “No vale decir que el nuestro es el mejor pistacho, hay que crearse una imagen”, se defendió en el encuentro, donde también se puso el acento en la necesidad de promoción y posicionamiento en mercados emergentes.
Interpistacho y el reto de asegurar suministro
En paralelo, el sector avanza en la constitución de la Interprofesional del Pistacho de Castilla-La Mancha, Interpistacho, cuyo primer borrador de estatutos ya ha sido presentado. La creación de este organismo pretende coordinar producción, transformación y comercialización, además de reforzar la capacidad de promoción y defensa del producto.
El contexto internacional ofrece oportunidades, pero también competencia. Estados Unidos lidera el comercio mundial con un modelo altamente tecnificado, mientras Turquía continúa ampliando superficie. En este escenario, Castilla-La Mancha apuesta por un modelo mediterráneo basado en menor intensidad de insumos, sostenibilidad y figuras de calidad.
Un cultivo ligado al territorio
El pistacho se ha consolidado como alternativa rentable en zonas semiáridas del interior, vinculando la agroindustria al territorio y ofreciendo estabilidad a explotaciones familiares. Su expansión ha contribuido a diversificar el paisaje agrícola regional y a generar nuevas inversiones en transformación y procesado.





