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Este jueves, día del Corpus Christi en Castilla-La Mancha, Ediciones Soubriet presentó en Madrid “La chica de la linterna”. Se trata de la primera novela de Vicente Martínez Onsurbe (Madrid 1965), tomellosero, licenciado en Filosofía y Derecho que ejerce como abogado desde 1991.


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En un conocido local de la capital (del rompeolas de las Españas, que dijera Machado) el autor estuvo arropado por sus amigos. Martínez tomó la alternativa como escritor con esta novela, que según nos contó, es una metáfora de lo que ocurre realmente en el mundo. Al acto asistió el alcalde de Argamasilla de Alba, Pedro Ángel Jiménez y el poeta Valentín Arteaga, entre otros.

La editorial fletó un autobús desde Tomelloso para los invitados y la prensa. Durante el trayecto charlamos con el autor, contenidamente nervioso, pero con el rostro iluminado por la satisfacción. Nos confesó que estaba a punto «de dar mi primer beso», el autor tenía «las mismas sensaciones, los mismos niervos y el mismo miedo suave, que no te llega a asustar pero que te infunde un poco de respeto». Vicente nos decía que «a pesar de estar rodeado de amigos» se trataba de un momento muy especial.


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Es el primer libro de Vicente Martínez. Y para su bautismo literario se embarcó en el hercúleo trabajo de componer una novela. De 350 páginas. «Siempre he querido escribir algo, desde que terminé Filosofía» pero el momento ha llegado, dijo, «cuando tenía que llegar». Tampoco tenía pensado escribir una novela «pero cuando empiezas a escribir y ves cómo va desarrollándose y aparecen los personajes, va tomando cuerpo de novela y al final, se va haciendo sola» Martínez dice que no sabe cómo lo harán otros autores, pero “La chica de la linterna” «se ha hecho sola».

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El autobús atraviesa la llanura manchega camino de Madrid, se nota la sensación de ser, para todos, una jornada difícil de olvidar. Las letras nuevas, en nuestro caso, siempre son recibidas con gozo. Vicente Martínez mira al frente y nos va contando que «la mitad de la novela la escribí en dos meses». Después tuvo que compaginar su trabajo con la escritura, pero aun así «he tardado ocho meses en escribirla». Insistía en que «se ha escrito prácticamente sola», señalando que él se ha limitado «a contar las vidas y emociones de los personajes que van apareciendo».

En “La chica de la linterna” cada personaje influye en la vida de los otros «creando una metáfora de lo que ocurre realmente en el mundo y en la física cuántica». El observador, señalaba, al mirar las partículas subatómicas, «cambia su posición y así puede averiguar, al mismo tiempo, que velocidad llevan y en qué posición están. El observador cambia la vida del observado». Eso ocurre en la novela, hay 25 o 30 personajes, que unos no se conocen y otros sí, pero que «todos influyen en la vida de todos». El hilo conductor son los dos protagonistas, un estudiante de Filosofía y una chica que está en la cárcel. «Todo empieza cuando se comunican, por medio de la linterna, desde la ventana de la cárcel y desde la de la pensión del estudiante. A partir de ahí surge todo, como una catarata de personajes y de vidas, que al final acaba como una novela».



Se trata de una obra coral «cada personaje aporta su propio sentimiento». Incluso aparece un abogado, «claro, después de 25 años de profesión había que jugar esa baza, poniendo de manifiesto las carencias de la justicia». Es, nos contó, «un conjunto de historias que todas tiene que ver entre sí». Vicente Martínez nos aseguraba ser un enamorado de la literatura española e hispanoamericana, pero «hay tantos referentes que no me marca ninguno». “La chica de la linterna” «es una autobiografía emocional», toda obra tiene que arrancar a la fuerza «de las experiencias y emociones de su autor» dado que nadie puede contar nada que no haya vivido. Como licenciado en Filosofía y amante de esa disciplina Vicente Martínez se ha permitido el lujo «de hacer algunas reflexiones» sobre ella.

El autor nos cuenta que está muy contento con “La chica de la linterna” «Es un amigo que tiene vida. Creo que se puede llegar a emocionar a la gente a través de un libro y eso es fantástico»


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Una novela muy atractiva

El editor, Jaime Quevedo, señaló que la primera edición ha sido de 2.000 ejemplares. Se están llevando a cabo las primeras presentaciones de la novela, comenzando con la de este jueves en Madrid, hay prevista tres más en Tomelloso, que servirán de encuentros con el autor. Serán el día 9 de junio en El Rinconcito, en la Sala Beat «por la que Vicente siente especial cariño» el 24 de junio y otra, pendiente de fecha, en La Librería. Quevedo explicó que Ediciones Soubriet va hacer una distribución directa a las librerías y, además, venta a través del correo electrónico. Desde que la novela vio la luz, hace 10 días, todos los ejemplares de las librerías de Tomelloso se han agotado y ha sido preciso reponerlos, además, en la editorial llevan un ritmo de venta «como hace mucho tiempo no teníamos con ningún título».


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Para Jaime Quevedo ha sido una verdadera sorpresa que el abogado de su empresa y «amigo mío desde los cuatro años se presentara un buen día a la editorial con el manuscrito original, que era, más o menos, la mitad de la obra. Tras leerlo le dije que me parecía un proyecto de novela extraordinario». En los siguientes cuatro meses, Vicente Martínez la acabó.  Es una novela «muy atractiva pensando en el lector. Tiene cuatro historias entrelazadas que le van a gustar mucho al público». Quevedo se sentía «muy orgulloso de que el autor haya escogido nuestra editorial».


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Desconcierta desde la primera línea

El poeta Valentín Arteaga  señaló durante la presentación que “La chica de la linterna” es una novela «que desconcierta desde la primera línea». Dijo que le recordaba la «tradición literaria tomellosera de las pensiones y fondas». La originalidad del libro estriba en «que es una pregunta», ya que lo que nos define como personas, dijo el sacerdote, es la capacidad de preguntarnos. Para Arteaga lo más bonito es «el juego de la linterna» entre los dos protagonistas. También le ha impactado mucho al poeta «como el autor nos hace preguntarnos, ¿quiénes somos? ¿Quisiéramos ser otros? ¿Somos otros si cambiamos las circunstancias? El Laberinto del desconocimiento». Arteaga recomendó al auditorio que compren la novela «no solo para saborearla, también para regalarla».

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