Ayer por la noche, mientras hacía fotos por el centro de Tomelloso, me encontré con un guante de lana olvidado sobre un bolardo. No era elegante ni delicado, sino de esos hechos para soportar inviernos serios y manos trabajadoras.
En una zona concurrida, pero tranquila por la hora, y bajo la luz amarilla de las farolas, aquel guante solitario parecía tener más historia de la que aparentaba. Lo fotografié como si fuera el protagonista inesperado de la noche, porque a veces, en medio de la rutina, un simple objeto olvidado se convierte en toda una escena que protagoniza la foto de la semana.
