Los antiguos depósitos de acero para el vino, que hoy están en desuso, fueron durante muchos años una parte fundamental de las bodegas, y lo siguen siendo, aunque en formatos más modernizados.
En ellos se fermentaba y se fermenta el vino, además de almacenarse, aprovechando la resistencia del material que los alberga y su facilidad de limpieza.
Siguen siendo un reflejo del trabajo, la tradición y la historia vitivinícola de nuestra ciudad y, en ellos, al igual que en muchos otros detalles, puede apreciarse la innovación propia de la época en la que fueron instaurados.


