En Tomelloso se está levantando algo más que un hotel. Se está probando una nueva forma de construir, de entender la arquitectura, la industria y también el turismo en ciudades medianas. Un edificio que se fabrica en una nave, se monta en semanas y, si algún día hace falta, se puede desmontar y volver a montar en otro lugar.
Para situarnos, hablamos con Rafael Rodríguez, CEO del grupo Anro, una empresa tomellosera con más de 60 años de experiencia en el acero que ahora da un paso más con el que podría ser uno de los primeros hoteles industrializados, desmontables y reubicables de Europa.

Rafael, mucha gente en Tomelloso lo ha visto ya y aún se hace la misma pregunta: ¿qué es exactamente esto de un hotel desmontable?
Es normal que sorprenda. A nosotros mismos a veces nos sorprende, porque llevamos tres años trabajando en este proyecto y lo tenemos ya muy interiorizado. Pero cuando lo cuentas fuera, la gente dice: “¿un hotel desmontable?, ¿reubicable?, ¿eso qué es?”.
Yo me atrevo a decir que probablemente sea el primer hotel industrializado en altura y reubicable que se hace en Europa. Se ha hablado mucho de casas industrializadas, pero llevar este concepto al sector hotelero y además hacerlo en altura es un paso muy interesante.
Tenéis una trayectoria muy potente en la construcción de estructuras metálicas por todo el mundo. ¿Cómo se da el salto hasta llegar a este concepto?
Esto no surge de la nada. Llevamos 67 años siendo industria. Hemos hecho proyectos muy grandes: estadios como el Roig Arena, el Centro Botín de Santander, cubiertas de estadios en Francia, ahora Getafe…
Hace 12 años dimos otro paso con Anrotech, un sistema de aparcamientos modulares en altura, desmontables y reutilizables. Hoy tenemos más de 400.000 metros cuadrados montados en España y Portugal.
A eso se suma que también somos promotores desde hace una década en Madrid, en zonas premium. Y cuando juntas todo eso y ves los problemas que tiene la construcción tradicional, te das cuenta de que hace falta una alternativa. La forma de construir viviendas no ha cambiado en 50 o 70 años. En cambio, mira cómo ha evolucionado la automoción. Ahí empezó todo.
Claro, porque aquí hay una clave importante: vosotros ya habíais demostrado que un edificio se puede desmontar y volver a montar.
Exacto. Al principio tuvimos que certificarlo con entidades externas. Hoy ya no hace falta explicarlo tanto: lo hemos hecho.
Desmontamos un aparcamiento de 9.000 metros cuadrados en San Sebastián, tras tres años de uso, y lo montamos íntegro en Madrid, ampliándolo además. En Santander estamos ampliando ahora otro parking que hicimos hace tres años.
Y con este hotel hemos vuelto a certificar la desmontabilidad: levantar un módulo, apoyarlo, bajarlo otra vez al camión… Al final es un mecano. Parece muy complejo cuando lo cuentas, pero en realidad es muy sencillo.
Para entenderlo bien, ¿cómo es el proceso de fabricación de un hotel como este?
Fabricamos módulos completos en la industria. Son como grandes cajas con un chasis metálico, cerramientos mucho más aislantes que el ladrillo, todas las instalaciones, acabados, mobiliario…
Las habitaciones llegan terminadas, con camas, colchones, baños, todo. Luego en la obra montamos la estructura portante y vamos colocando los módulos, creciendo en altura. Es un mecano doble: estructura por un lado y módulos por otro.

¿Hasta cuántas alturas se puede llegar con este sistema?
En torno a ocho o diez plantas. De hecho, esta misma semana nos han adjudicado un concurso público en la Comunidad Valenciana para un edificio industrializado de cinco alturas más ático, en una zona afectada por la DANA. Son 37 viviendas y se pedía expresamente un sistema industrializado por la rapidez.
Eso es otro concepto que rompe esquemas: tener las habitaciones hechas antes incluso de la cimentación.
Totalmente. En este hotel hemos terminado las habitaciones antes de empezar la cimentación. Es el mundo al revés: primero alicatamos y luego hacemos los cimientos. Empezamos la casa por el tejado, literalmente.
Más allá de la rapidez, ¿qué ventajas aporta este sistema frente a la construcción tradicional?
Muchas. La primera, el tiempo: reducimos los plazos a un tercio. Este hotel lo vamos a tener en cinco o seis meses; de forma tradicional hablaríamos de 18 meses.
Luego está la seguridad: el 90 % del trabajo se hace en una industria, no en una obra. Menos riesgos, mejores condiciones laborales, sin trabajar a 40 grados o bajo cero.
Y algo muy importante: abrimos la puerta a perfiles de trabajadores que en la obra tradicional no tienen cabida. Aquí han trabajado mujeres y personas con capacidades diferentes, que han aportado muchísimo valor.

Y desde el punto de vista medioambiental…
La diferencia es brutal. Un hotel como este, construido de forma tradicional, generaría 30 o 40 contenedores de escombros. Aquí no llegaremos ni a dos.
El consumo de agua también es mínimo, porque se construye en seco. Y además está la reutilización: desmontar un edificio y volver a montarlo es, probablemente, lo más sostenible que existe.
Esto es importante explicarlo bien: no solo es construir rápido, es poder reutilizar lo construido.
Exacto. Siempre decimos una frase: no hay nada más sostenible que lo ya construido.
En este país hay hoteles y edificios abandonados que no se demuelen por el coste y los residuos que generan. Aquí puedes desmontar, ampliar, dividir… Hoy tenemos 24 habitaciones, pero mañana podrían ser dos hoteles más pequeños. No es lo habitual, pero la posibilidad existe.
¿Por qué apostar por un hotel como primer gran proyecto visible?
Porque el problema de la vivienda y del alojamiento es real, especialmente en poblaciones medianas y pequeñas.
¿Por qué Tomelloso o Campo de Criptana no pueden tener hoteles de calidad? Las grandes cadenas no vienen porque no les salen los números. Un hotel de 20 o 24 habitaciones no se rentabiliza con el modelo tradicional.
Este sistema abre una puerta: hoteles de calidad, bien diseñados y con costes ajustados.

Además, este hotel será también diferente en su funcionamiento.
Sí. Será un hotel autónomo, inteligente y domotizado. Sin recepción física, pero no sin atención.
Hoy la gente busca una buena cama, una buena ducha y un precio razonable. No pasar media hora haciendo un check-in o esperando una factura. Este modelo se adapta mejor a poblaciones pequeñas.
¿Tenéis ya más proyectos en marcha?
Estamos trabajando con una cadena hotelera griega muy potente, con proyectos de 600 habitaciones en Andalucía y 200 en Portugal. Son 800 habitaciones en total.
A nivel interno, primero queremos rodar bien el hotel de Tomelloso, aprender de él y, a partir de ahí, replicarlo en otras ciudades.
Y mirando a Tomelloso, viene también una ampliación industrial importante.
Sí. Vamos a construir una nueva fábrica de 14.000 metros cuadrados junto a las actuales instalaciones. Llegaremos a casi 40.000 metros cubiertos.
La idea es fabricar entre 25.000 y 30.000 metros cuadrados al año, unos 500 módulos, con la posibilidad de generar entre 70 y 80 empleos directos en un solo turno, y hasta 120 a doble turno.
Además, replicamos el modelo en Valencia con una planta de 12.000 metros cuadrados para el proyecto adjudicado allí.
Para acabar, el hotel tendrá un nombre muy especial para Tomelloso.
Sí. Se llamará Ogar. Pintor Francisco Carretero.
Queremos que sea el segundo hogar de quien venga. Por eso quitamos la “h”, porque no aporta nada al pronunciarla, y porque simboliza ese concepto de cercanía.
Y además es un orgullo rendir homenaje a un gran pintor de Tomelloso. Innovación, industria y cultura unidas en un mismo proyecto.
Tomelloso vuelve a situarse en el mapa como laboratorio de nuevas ideas, esta vez en la forma de construir y de alojarse. Un hotel que no solo se inaugura, sino que abre un camino.
Rafael Rodríguez, gracias por explicarlo con tanta claridad y por compartir este proyecto pionero.






