En el cruce de la Avenida Carlos Cotillas y la Calle Ría de Vigo —un área conocida coloquialmente entre la juventud como «el kilómetro»—, se despliega un muro singular. Estas paredes, saturadas de grafitis, son un punto de referencia local, célebres por su capacidad de capturar la atención del transeúnte. Despiertan una curiosidad incesante, invitando a una pausa reflexiva para descubrir en cada ojeada, nuevos detalles inéditos fruto del arte callejero.
Aunque habitualmente bulliciosas y repletas de actividad en ciertas épocas, normalmente más templadas, el rigor del invierno impone su calma. En estos días de temperaturas gélidas, y con la ciudad retomando su pulso tras el paréntesis festivo de la Navidad, el lugar presenta una estampa inusualmente desangelada, esperando pacientemente el retorno de la vitalidad primaveral.


