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La construcción de una gasolinera en un área residencial de Tomelloso, junto a la avenida Juan Carlos I, está generando diversas reacciones entre los vecinos. La mayoría lo ve con cierta inquietud, cuando no indignación, aunque también los hay que simplemente se encogen de hombros ante la apertura de un nuevo negocio en el que ni pinchan ni cortan.

En cualquier caso, el mamotreto que se ha levantado con inusual celeridad, encastrado entre viviendas, chirria hasta a un ciego. Parece un despropósito en tiempos de preocupación medioambiental y de transición hacia fuentes de energía más limpias, en tiempos de planificación urbana donde se dice, debe primar el interés general sobre el particular.


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Por eso, la simple búsqueda en Google de “gasolineras en zonas residenciales”, arroja casi dos millones de resultados y el primero, un elocuente: “El PSOE de Puerto Lumbreras, en contra de la instalación de gasolineras en zonas residenciales”. Le sigue una petición en Change.org, bien argumentada y que retomaré, para legislar en contra de estas instalaciones. También me entero que está en marcha un nuevo plan urbanístico en Barcelona, nada menos, en el que, cito: “Las gasolineras tendrán que estar lejos de la población vulnerable, como niños o personas mayores, y de las zonas residenciales, con el fin de reducir el ruido y la presencia de vehículos, proteger la salud del vecindario y preservar su descanso.»1 Seguimos: “Bormujos impedirá las gasolineras cerca de zonas residenciales, colegios o parques”2, resolución que “primará el interés general frente a posibles beneficios económicos de intereses privados”. Otra noticia de 2017 en Cadena Ser Sur, Getafe: “La Comunidad –de Madrid- permite la restricción de gasolineras. Medio ambiente da luz verde a la modificación del PGOU de Getafe para endurecer su instalación en el casco urbano”. Sevilla se mojará y “El Ayuntamiento limitará la implantación de gasolineras cerca de viviendas”3.

Otras capitales andaluzas como Huelva han regulado para que “las nuevas gasolineras estén a cien metros como mínimo de las zonas residenciales”4 y ciudades más pequeñas cambiarán el PGOU “para que no se instalen gasolineras en zonas residenciales”.


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Esto he encontrado en la primera página, ¿seguimos otras dos?: Alhendín en Granada, Valladolid, Ávila, Aljaraque en Huelva, Betanzos en A Coruña, Tabernes de Valldigna y Oliva en Valencia1, Moralzarzal2 en Madrid y otras, o bien tienen a los vecinos en pie de guerra, recogiendo firmas, movilizándose y protestando o sus consistorios, de distinto signo político, se remangan para modificar el PGOU y adaptarlo a los tiempos, exigiendo al Estado que haga lo propio y renueve una legislación obsoleta.


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Uno, vecino de la zona no solo desde 2007, sino antes, porque me crié jugando en las llamadas “eras de Pitití”, que se indignó al conocer que a escasos cien metros de su casa habrá una gasolinera, se siente reconfortado leyendo que su preocupación la comparten cientos de miles de personas y es un clamor —si Google no lo inventa todo— a lo ancho y largo del país.

Pero, ¿qué tiene de malo una gasolinera?, ¿no será que nos hemos vuelto un poco, como decimos en Tomelloso “delicados”? Si uno visita grandes ciudades, es habitual ver pequeñas instalaciones junto a bloques de viviendas. Resumiré algunos de los argumentos que esgrimen vecinos airados, estudios científicos y partidos políticos, que además se pueden consultar en la iniciativa que los vecinos de San Martín de la Vega hicieron pública en Change.org3. Vecinos que, por cierto, lograron paralizar la construcción de dicha gasolinera logrando un acuerdo a tres bandas4:


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El primer motivo, el que asusta de primeras, es el de la salud. Diversos estudios consideran entre 100 y 250 metros la distancia mínima a la que tienen que estar las gasolineras de zonas residenciales, ya que está demostrado su efecto nocivo sobre las personas, especialmente ancianos y niños. Copio el extracto de Change.org, del que ya tienen el hipervínculo:

“El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, y la OMS califican al Benceno como cancerígeno (R45). Una estación de servicio provoca que la concentración de Compuestos Orgánicos Volátiles como el Benceno, Tolueno y Xilenos aumente a niveles altos en sus inmediaciones.”


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Parece ser que estas sustancias son una de las principales causas de cáncer de pulmón, junto al tabaco. Si el cáncer no te quita el sueño, quizá la salud de tus hijos sí, porque “según un estudio de casos y controles publicado en “Occupational and Environmental Medicine” vivir cerca de una gasolinera puede llegar a cuadriplicar el riesgo de leucemia en niños.”1 Sobre el tema, un estudio de la Universidad de Murcia, concluye que: “En las gasolineras se registran niveles de algunos compuestos orgánicos en el aire -como el benceno que incrementa el riesgo de padecer cáncer-, superiores a los medidos en localizaciones urbanas donde la principal fuente de emisión es el tráfico».


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En fin, el cáncer no viene de un día para otro y la leucemia es una rara avis. ¿Algo más? Vamos con otro elemento que no asusta, pero escuece: el económico. Los expertos consideran los cambios en los atractivos de la zona como uno de los mayores enemigos de la plusvalía, ¿se compraría usted una vivienda junto o cerca de una gasolinera?, de tasar esa vivienda ¿pagaría más o menos teniendo o no una gasolinera a menos de cien metros? El manifiesto de Change.org afirma que “la apertura de estaciones de servicio en zonas residenciales devalúa el valor de las viviendas de la zona, especialmente de las más cercanas en incluso más del 50%”.

El dueño de la gasolinera ganará dinero, posiblemente, pero los vecinos perderemos y si se tiene en cuenta que la mayor parte del barrio se levantó al calor de la burbuja inmobiliaria, con precios ya inflados, queda claro que nunca recuperaremos nuestra inversión. Este daño es un golpe bajo, que no hemos visto venir, porque las viviendas estaban ahí mucho antes que la gasolinera.


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Las asociaciones de vecinos afectados esgrimen otros argumentos, que no son baladí y están derivados de la actividad del propio establecimiento: el aumento del tráfico conlleva una mayor inseguridad, porque hablamos de calles transitadas por niños, familias y mayores, esto incluye el paso de camiones cisterna y vehículos agrícolas. Suelen estar abiertas las 24 horas, con lo que el descanso, si la gasolinera tiene mucha actividad, se hará difícil especialmente en verano.

La posibilidad de accidente es remota, pero no imposible. Recordar que una gasolinera almacena miles de litros de combustible (50.000 de media). Además, suelen ser instalaciones desatendidas, sin personal. Hay polémica al respecto, pero comunidades como Andalucía han legislado en contra porque consideran que existe un perjuicio económico (crean menos puestos de trabajo) y mayor inseguridad en caso de accidente o incendio (el usuario se surte con ropa de calle, mientras que el operario lleva por ejemplo botas ignífugas).

Son argumentos poderosos, pero algo bueno tendrá, ¿no?, ¿seguro que no hace falta una gasolinera en la avenida Juan Carlos I?, ¿es que tú no echas gasolina?, ¿es que tu coche funciona a pilas?, dirán algunos. De nuevo, nos ceñimos a los hechos. La avenida Juan Carlos I y la calle Antonio López García, donde presumiblemente tendrá la entrada y salida la futura gasolinera (se han levantado las aceras de los dos lados, como muestro en fotos), son zonas residenciales. Como hemos visto, es suficiente motivo para no conceder la licencia a ese negocio. Pero es que, además, en la propia avenida, hay otra gasolinera, con centro de lavado, a menos de 500 metros según Google Maps.

Por si fuera poco, hay cartelería anunciando, un poco más adelante, antes de llegar al IES Airén, la próxima construcción de una zona de autolavado, ¿incluirá estación de servicio, como suele ocurrir? Si fuera así, tendríamos tres gasolineras en menos de un kilómetro, junto o cerca de zonas residenciales, colegios y parques infantiles. Lo nunca visto, ¿será verdad que lo que pasa en Tomelloso no pasa en ningún sitio? A este paso, la Avenida Juan Carlos I pasará a llamarse la avenida de las gasolineras o la ruta del gasoil. Una avenida que, por otra parte, está saturada de tráfico, tanto que entre los tomelloseros es conocida como la “M-30” y por ahí vamos.

La gasolinera no hace falta y perjudica a los vecinos. Parece que el único beneficiado es el promotor. Y en esto también tengo mis dudas, por el exceso de oferta en una zona saturada de gasolineras (en Eroski, a 1 kilómetro escaso, hay otra y en el Paseo San Isidro a 1,5 kilómetros, otra) y por el futuro de los combustibles fósiles. A no ser que se haya planteado una red de carga eléctrica, que no lo parece. Existe la probabilidad de que la instalación a medio o largo plazo, no sea rentable. Dañina, pero no rentable. Casi parece cosa de tontos.

Pero hay más. A finales de agosto, Juventud por el Clima de Tomelloso registró una petición en el Ayuntamiento para declarar la “emergencia climática” en el municipio. Fueron bien acogidos y recibieron el apoyo del equipo de gobierno. El 27 de septiembre hubo una manifestación a escala global, que también tuvo su eco en Tomelloso. ¿Qué piensan estos jóvenes de la construcción de una gasolinera INNECESARIA en una zona residencial de su ciudad? Me gustaría saber su opinión. Mención aparte merece el Ayuntamiento de Tomelloso, que y cito la propia nota de prensa publicada por ellos1respecto a la llamada “emergencia climática”:

“No solo nos adherimos a esa lucha, sino que tenemos una conciencia clara sobre el uso eficiente de la energía y el agua y sobre la gestión eficiente de los residuos”. Ha destacado el concejal (…) las iniciativas puestas en marcha para el cuidado del medio ambiente con ampliación y creación de nuevas zonas verdes, con más vegetación, “para crear espacios urbanos que potencien el disfrute de los ciudadanos y que permitan un ocio sano y alternativo” (…) “todo ello se engloba en un desarrollo sostenible de la ciudad que estamos cuidando sobre manera”.

¿Digo que voy a luchar contra el cambio climático, que defiendo una movilidad sostenible y luego autorizo la construcción de una estación de servicio en una zona residencial, en una avenida recién reformada (y que ha habido que destrozar en parte) donde hay otra gasolinera a menos de 500 metros? Incoherencia es una palabra que se queda corta. Pero vamos a pensar que no hay mala intención y que, como rasgo de la política de nuestra época, se estila, según refrán castizo “poner una vela a Dios y otra al diablo” (que, por cierto, procede de una frase del Evangelio que dice “no podéis servir a Dios y al dinero”), todo con tal de no perder ni un voto. Maniobra equivocada, porque en mi casa han perdido un voto y han ganado mi activismo: no me pienso callar y como yo muchos vecinos y espero otras personas a las que nos les guste verse vapuleados.

En cuanto al resto de partidos, ni pío. O no se han enterado o consideran que, por ejemplo, la aparición de pintadas, los toldos en el centro o un bache en cierta calle peatonal son más importantes y generan mayor inquietud entre la ciudadanía que su bienestar, economía y salud.

Pero veamos, tanto que te quejas, ¿es legal? Los leguleyos me dicen que sí, que la ley lo permite, también el POM de Tomelloso. Si este es el único argumento que tienen los defensores de la gasolinera, es débil. Muy débil, porque las leyes se tienen que adaptar a los tiempos y no al revés. No hay más que buscar en Internet para darse cuenta que hay una sensibilidad general a alejar estas instalaciones de zonas residenciales y que ayuntamientos de ciudades pequeñas y grandes, incluso consejerías de regiones como Andalucía o Madrid, se están pronunciando al respecto y lo hacen regulando a favor de los vecinos, no del interés particular, es decir, parafraseando a los Evangelios, “sirviendo al pueblo y no al dinero”.

No es lógico construir una avenida y a los dos años, levantarla para que los coches puedan acceder a dicha gasolinera, tal y como se ve en las fotografías: clama al cielo. El destrozo ya no solo hace daño, es irracional, ¿quién lo paga? FALTA PLANIFICACIÓN Y COHERENCIA.
Y, ¿SE PUEDE HACER ALGO? Algunos pensamos que sí. Una licencia, igual que se concede, se puede revocar. Una obra, igual que se inicia se puede detener. Ejemplos hay miles. Solo hace falta tener la razón y la justicia de tu parte y, a no ser que alguien me demuestre lo contrario, creo que los vecinos afectados la tenemos. Por eso se debería revisar el expediente, modificar el PGOU o POM para evitar futuras tropelías, pedir explicaciones al área de gobierno que autorizó semejante dislate y suspender la construcción y apertura de la gasolinera.

Si como vecino o persona con sensibilidad por lo público, el tema te preocupa, únete a nosotros. Ya somos varios. De momento, revisaremos con lupa el expediente para saber si se ajusta a la ley: ¿se hizo público?, ¿se informó a los vecinos?, ¿había cartelería previa, como exige la norma? NO, la obra se ha hecho con el mayor de los secretismos y eso es porque SABEN que ni es moral ni es cien por cien legal. ¿Se hizo un informe de impacto medioambiental? En caso afirmativo, ¿cuál fue el resultado? Y después, pediremos firmas. Nos verás. Nos oirás. Como vecinos, nos organizaremos y nos reuniremos con quien haga falta. Ya estamos dando los primeros pasos. Son tiempos de elecciones, que nadie se olvide. Porque una sociedad que renuncia a pedir explicaciones cuando se toman medidas irracionales y dañinas, es una sociedad que renuncia a su bienestar. El principal atractivo de vivir en una ciudad pequeña es su calidad de vida, respirar un aire limpio, poder criar a tus hijos en un ambiente seguro y saludable: no hay que dejar que nos lo quiten.

EUROCAJA RURAL PIE

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