De nuevo vuelven las personas a salir a la calle.

Otra vez se escucha a la gente hablar con quien tanto tiempo ha dejado de hacerlo.



Otra vez los más pequeños y pequeñas ríen cogidos de la mano de su madre o padre.

Otra vez se ve a los grupos de adolescentes reunidos en los polletes de las casas poniendo la música sin los cascos correspondientes.

Otra vez se ven en las terrazas a jóvenes reunirse para celebrar que hay un mañana más esperanzador que hace unos meses.

Otra vez me vuelvo a encontrar con gente que llevaba tanto tiempo sin ver.

Pero, de esta nueva normalidad, como dicen, me faltan personas, y en entre ellas, estáis vosotros/as, los mayores que han sido víctimas de esta pandemia.

Hay veces que pienso que si fuese otra vez a la ventana de vuestra pequeña estancia, te vería junto al abuelo leyendo el evangelio que tocase en ese día. Hay veces que pienso, que a través de la ventana de tu habitación de la residencia, nos preguntarías cómo está tu casa que abandonaste porque los años ya no te daban tregua. Aunque no pudiésemos abrazarnos, podríamos vernos, y con eso me hubiese bastado. Como me hubiese bastado daros el último adiós, sin prisas, sin miedo, sin restricciones de ningún tipo.



Siempre quedará vuestro recuerdo.

El de una infancia donde garantizasteis que fuese una de las etapas más hermosas de mi vida. Muchas de las cosas de las que sé, lo aprendí de vosotras/os. No os tocaba cuidarme, ya lo habíais hecho con mis padres, pero aún así lo hicisteis sin quejas ninguna y endulzando cada día que pasaba el tiempo con vosotros/as. Partíais de la imaginación de una niña creativa para construir aventuras que nadie hubiese podido imaginar. Siempre, desde la humildad y de lo que tanto os caracteriza, que de pequeñas cosas que hoy en día no damos importancia, se podía crear cosas grandes y bonitas. De un corral donde se guardaban tractores y herramientas del campo, lo convertíais con una tiza en espacio de dibujos, sumas, restas, divisiones y abecedario. Y, como no mencionar, que si no fuese por vuestros ánimos y vuestras curas y cariños, todavía no sabría cómo subirme en una bicicleta.

Nos distéis tanto cariño, que se me hace difícil no recordaros con el mismo amor que entregasteis. Si pudiese volver al pasado, pasaría mucho más tiempo con vosotras/os y dejaría de lado cualquier cosa con tan de volver a jugar en la calle con mis abuelos/as.

Desde aquí, quiero hacer un homenaje a todas esas personas mayores que han cuidado, y siguen cuidando, de sus hijos/as y de sus nietos/as, que han trabajado tanto para darnos lo mejor y construir la gran ciudad en la que vivimos. Sobre todo, a esas personas que por esta pandemia nos han dejado.

Quiero que sepan, que aunque no estén aquí, está en nuestro recuerdo de los momentos que vivimos juntos.

Mucha fuerza, mucho ánimo y mis más sentidas condolencias a esas personas, que como yo, no tuvieron oportunidad de despedirse de sus seres queridos como ellos quisieran.

Marina Morales



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