La intervención del diputado de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, para defender la ley “trans” en base a la libertad de expresión que todos los españoles tenemos gracias a nuestra Constitución, le sirvió de pretexto/ocasión para atacar la libertad de los demás, es decir, de los que no comparten su punto de vista y se oponen a esa ley. No queremos entrar, en esta ocasión, en el fondo de la ley si bien nos proponemos hacerlo en otra ocasión, sino en el uso y los límites de la libertad de expresión y el uso que se puede/debe hacer de la libertad de expresión en defensa de las propias ideas.

La primera cuestión que se nos suscita es si la defensa del punto de vista del defensor de una idea -la de la transexualidad en este caso- se puede apoyar en descalificar el punto de vista del oponente mediante su ridiculización o, por el contrario, debería haberse hecho con argumentos. Es decir, en una ley de esta envergadura y de tanto calado personal y social, lo importante ¿son las creencias personales o los argumentos biológicos, éticos y sociales? Desde mi punto de vista son los segundos. La utilización de los primeros como “plato fuerte” de la argumentación refleja, cuanto menos, que no se tienen argumentos sólidos del primer tipo y su uso solo acredita que se pretende la descalificación espuria del adversario para dejar sin valor sus argumentos por sólidos que estos puedan ser. Es una técnica dialéctica muy usada, pero que no por ello le da más validez.

Si, además, el uso del argumento descalificador no es tal argumento (basado en la lógica y/o en la experiencia) sino un “chascarrillo” de barra, da la impresión que lo que se pretende por parte de quien lo usa no es argumentar ni convencer sino solo entretener, distraer y hacer gracia: hacer el payaso. Lo lamentable, sin embargo, no es solo que, en este caso, no es gracioso ni convincente, sino que es ofensivo, muestra una absoluta ignorancia y, desde luego, nada convincente.

¿Cree el señor Rufián que la referencia bíblica a la igualdad de la mujer con respecto al hombre, al ser ambos creados por Dios a partir de una materia preexistente, es un argumento baladí a la hora de defender la igualdad entre hombre y mujer aunque con sexos diferentes? ¿Cree/ignora este diputado que la exégesis bíblica no ha avanzado en los últimos siglos y que hoy alguien hace una interpretación literal de la misma? Me da la impresión que o bien es un ignorante o, no siéndolo, ha querido pasarse por tal para así ridiculizar las creencias católicas presentándonos como unos infantiles, ingenuos y, sobre todo, incapaces de entender la “modernidad” como consecuencia de nuestra fe. Olvida que Copérnico, Lemaitre, Mendel, Galileo, Volta y un larguísimo etc. fueron científicos que revolucionaron la ciencia y fueron católicos.

La libertad de expresión no puede ni debe ofender las creencias del oponente, sino más bien al contrario: respetarlas. ¿Que diría ud. de algún diputado que le dijese que ud. no debería formar parte de las Cortes de España ya que resulta ridículo formar parte de algo en lo que no se cree y que se pretende destruir. Yo creo que ud., en el Congreso, es respetado en sus opiniones aunque no se compartan y pienso que, por justicia y lógica, ud. debería hacer lo mismo. Ah! Y para terminar un consejo: no olvide que las creencias son libres y todas respetables y con el derecho a no ser despreciadas, para lo que que no le vendría mal ilustrarse un poco sobre exégesis bíblica o por lo menos en el simbolismo de la literatura.

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