Los grandes expertos mundiales vaticinan que en cuanto se supere la actual pandemia se deben comenzar a abordar dos asuntos de vital importancia para la humanidad: el denominado cambio climático y la producción de alimentos.

Ambos están más que ligados, son prácticamente paralelos, pues pese al avance de técnicas, cultivos, prácticas y nuevas tecnologías, producciones agrarias y ganaderas siguen dependiendo en un alto porcentaje de las condiciones meteorológicas (precipitaciones, temperatura, humedad, fenómenos adversos…).



Y otro factor está ligado a los anteriores, especialmente en las zonas rurales, la despoblación, es decir, el abandono de los pueblos, sobre todo de jóvenes, por falta de oportunidades laborales.

Todos estos temas se están abordando a nivel global, a veces, demasiado teóricamente, sin tener en cuenta a los actores principales, los habitantes de las zonas rurales y los agricultores y ganaderos.

Cambio climático y producción de alimentos no deben ser abordados exclusivamente por expertos, sino, principalmente, por quienes más lo sufren: agricultores y ganaderos. Los conceptos teóricos de ambos problemas mundiales deben llevarse al terreno, si no, de nada servirán congresos, jornadas, acuerdos… Y deben presupuestarse para su posterior desarrollo.

En cuento a la producción de alimentos en ocasiones se habla de exceso de producciones, mientras organismos internacionales como la ONU o la FAO advierten sobre el aumento de la demanda de alimentación de la población mundial. Esta producción también requiere de estudios sobre rentabilidad y mercados, así como un control de los márgenes comerciales. Igualmente, es fundamental una política correcta sobre exportaciones e importaciones de productos agroalimentarios procedentes de países que producen con escasas medidas de control sanitario, laboral o medioambiental. Es fundamental, máxime en la época actual, apostar por productos de origen cercano, potenciando el mercado nacional.

Alto Guadiana

En cuanto a nuestro territorio, el Alto Guadiana, en el corazón de Castilla-La Mancha, las diversas administraciones llevan muchos años, demasiados, sin realizar inversiones importantes ni acometer infraestructuras. Es más, son escasos los estudios rigurosos realizados y menos las soluciones aportadas en torno al regadío de la zona, verdadero motor socioeconómico de la comarca de La Mancha. Y así van más de treinta años. En los que los agricultores han visto limitadas sus dotaciones de riego mientras que no se han adoptado otro tipo de soluciones y mientras los Planes Hidrológicos de cuenca apenas se cumplen.

La lucha contra el cambio climático no puede estar solo basada en la denominada ‘arquitectura verde’, debe conllevar importantes inversiones en infraestructuras o en otras acciones como la adquisición de derechos de agua en zonas de especial protección.



Y todos estos planteamientos deben ser acometidos con ámbito nacional, pues las cuencas de los ríos españoles discurren por varias comunidades autónomas, cada una con sus peculiaridades, y una estrategia localista no arreglará el problema y generará nuevos enfrentamientos entre territorios.

Sin la agricultura de regadío (fundamental para la producción de alimentos para cubrir la demanda de la población) numerosas zonas de España prácticamente desaparecerían, además de que se perderían numerosas especies y hábitats. Por eso es urgente acometer una planificación hidrológica nacional, con presupuesto suficiente, y ya es casi tarde.



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