De cara a su marrón-oscuro-casi-negro futuro, el hospital de Tomelloso enfrenta tres serios problemas, imbricados entre sí y con desigual urgencia e importancia, aunque ninguno de ellos es un problema menor. Dos de ellos (digamos el uno y el dos) son externos, nos vienen dados y poco podemos hacer los tomelloseros salvo vigilar, tratar de intervenir o influir en su desarrollo y protestar las decisiones lesivas, en último caso. El tercero, más sangrante, es enteramente nuestro.

El primer y principal problema de nuestro hospital es reciente, no es exclusivo, tiene mal diagnóstico y peor remedio. Lo ha traído la covid-19. Básicamente, consiste en que todo el sobrecoste económico en que se traducen los esfuerzos realizados en medios y personal se va a tener que pagar. Si alguien duda de esto, no hace falta que siga leyendo: estamos en diferentes universos.

Así es, amigos. A estas alturas, con la vacunación a velocidad de crucero y el fin de la pandemia a la vista (quedará el coronavirus ad aeternum como una gripe más), por todo el Estado Español los directores y gerentes de hospital, jefes de servicio y responsables de todo pelaje han recibido instrucciones, planes y directrices de recuperación económica y funcional. Traducido al cristiano culto: hágase lo necesario para enjugar la sangría económica de este último año. En cristiano vulgar: ya no se contrata más ni se realizan esfuerzos extra, se acabó el buen rollo que lo de los cuartos de Europa no va tan deprisa. Ahorren, y ahorren mucho.

Así pues, si desde 2007 estamos sin UCI ni sucedáneo alguno y hemos pechado con la crisis, ¿tendremos lo prometido una vez que pase la nube? Un servidor opina que no. Pero como es muy duro decir la verdad y mucho más así, de golpe, pues seguimos anunciando inversiones, que callan muchas bocas y siempre se pueden panear. Que para los problemas y los fallos ya están los de arriba, los de al lado o (ideal) los que lleguen nuevos del partido contrario. De primero de política española, vaya; de concejal joven.

¿Y cuál es la imbricación de este problema, gravísimo de por sí, con el siguiente? Enseguida lo entenderá el amable lector.

El segundo gran problema que afecta nuestro hospital viene de antiguo. Es anterior a su propia existencia, de hecho. Y aunque es propio de Tomelloso, no es ni mucho menos exclusivo del hospital. Podríamos definirlo como la situación histórica y sociopolítica que, por pura inercia, mantiene a Tomelloso como principal granero de la comarca de La Mancha radicada (e inventada) en Alcázar de San Juan. Esta situación deviene en problema cuando constatamos que los intentos realizados para conseguir entidad propia fracasan anegados en un mar de inconvenientes, contraindicaciones, coyunturas desfavorables y amnesias sobrevenidas.

Los que tenemos una edad recordamos que aquí había tren, y dejó de haber. Hubo incluso comisaría, y desapareció. Los anales históricos de hace ciento setenta años todavía conservan la iniciativa (fallida, cómo no) de la línea de tren Manzanares-Tomelloso-Socuéllamos. Pero no vayamos tan lejos. Cualquier profesional de la sanidad con más de quince años de servicio en nuestro hospital podrá rememorar, se atreva a reconocerlo o no, las críticas vertidas desde el Mancha Centro a la apertura de este, los deseos indisimulados de cierre, los desplantes… y el saqueo material y funcional que continúa a día de hoy. Esta es la clave. Si esa inercia sociopolítica fuera sólo eso, inercia, a la consecución en los 80 de una demarcación judicial (ojo, que ya ha estado en peligro) habría seguido la instalación gradual de otros servicios de la Administración Pública. No ha sido así. Al contrario, existe una oposición directa pero soterrada, activa y estudiada, a cualquier iniciativa que suponga la consecución para Tomelloso de servicios que le desvinculen de la actual “comarca”.

Esta oposición, que abarca a multitud de servicios, ha sido paradigmática con el caso del tren y lo sigue siendo en lo referente al hospital. Y en este caso, la cosa pinta fatal. Los responsables del Mancha Centro no se libran de las medidas generales de ajuste, recorte y apriete. Sin embargo, cuentan con una ventaja que supondrá ni más ni menos que el desastre para el HGT. Somos la despensa, la plataforma reguladora, el laboratorio de pruebas y el estercolero que vienen de perlas en estos casos. Cada euro que nos puedan chorizar, será un euro menos que gastarán allí. Dejaré que el lector imagine qué pasará, teniendo en cuenta quién es la jefa del Sescam. Para quienes piensen que no, que quizás nos ayuden o que no nos van a perjudicar, me remito a mi comentario anterior sobre lo de dejar de leer, los universos opuestos y tal.

Y aquí es donde se imbrica con este el siguiente y tercer problema, ese que sí es enteramente nuestro y que hasta ahora no hemos sido capaces de resolver.

Ante esa actitud de boicoteo consciente y constante a nuestras aspiraciones, desde Tomelloso sólo hemos sabido responder con reproches, amenazas, manifestaciones más o menos extemporáneas y exigencias a los políticos de equidad, justicia, decencia, honestidad… cosas que nunca jamás les han importado ni motivado lo más mínimo. No hemos sabido ni podido negociar las cosas en los despachos. Tomelloso dispuso de un momento mágico a finales de la década de los 90, en el que se vislumbraba la opción real de conseguir el paulatino distanciamiento de nuestros vampiros del norte. Durante los años que siguieron, de la mano de las infraestructuras públicas promovidas por ingentes fondos europeos en manos de políticos caraduras, pudieron haberse conseguido casi todas las grandes demandas de la ciudad… si hubiese habido alguien con capacidad o hubiésemos tenido algo parecido a un plan. Pero el único plan que se creó de verdad fue el del trabajo antes aludido en contra de nuestros intereses, impulsado por personas concretas que sí supieron gestionar aquel momento de locura económica. Personas cuyos aprendices dirigen actualmente, por ejemplo, el Sescam.

Mientras tanto, ya sabemos lo que hubo aquí: deslealtades, traiciones y mentiras infinitas, desde fuera pero también desde dentro, que lo único que dejaron en la población fue esa querencia tan tomellosera por la autoafirmación y una extraña afición a promover manifestaciones.

Y en esas estamos. En las manifestaciones. Vayamos por partes.

Tras lo acontecido con la reivindicación del tren y los problemas con el hospital en tiempos de Cospedal, las reivindicaciones de Tomelloso sencillamente ya no le importan a nadie fuera de aquí. No importan porque no preocupan, apenas molestan y en el juego político actual el PSOE domina la situación, lo cual equivale a decir que aquel plan diseñado en Alcázar sigue vigente. Teóricamente, nos iría mejor con el PP (por lo que se refiere al conjunto de reivindicaciones, nada más), pero la actual irrelevancia regional y local de este partido y sus líderes, más allá de hacer una patética oposición tanto si llueve como si escampa, no permite hacernos esperanzas. Dicho en cristiano culto: cualquier gobierno local adscrito a un partido político nacional estará mediatizado en sus reivindicaciones por los intereses superiores de su partido y ello conllevará la ralentización, o incluso el abandono, de dichas demandas. Específicamente para el hospital, lo diremos en cristiano vulgar: mientras la fámula de aquel alcalde anti-tomellosero siga estando al frente del Sescam y en el PSOE, a nuestra alcaldesa (que es lo mismo que decir a nosotros) le darán buenas palabras, algún caramelito y muchas puñaladas por la espalda.

Aludo en estos términos a la alcaldesa porque quiero pensar que tiene interés honesto en cubrir las necesidades de Tomelloso. La otra alternativa, más parecida a la posición que mantuvo su antecesor, sería mucho más fea pero en esencia tampoco cambiaría la situación actual.

La situación actual es de crisis, pero las posiciones de los diferentes actores sociales son las mismas. Se acaban de difundir preocupantes mensajes acerca del empeoramiento (más, sí) de las condiciones asistenciales del hospital por problemas de personal: bajas, renuncias, etc. Nada nuevo, como bien saben profesionales y usuarios, y provocado, supongo, por la combinación creciente de los problemas 1 y 2.

Los mensajes se han viralizado, con el resultado previsible: ya se ha convocado una manifestación. Por parte de UNA de las organizaciones “reivindicadoras” de nuestra localidad. Ignoro si cuenta con el apoyo de la otra, o qué relación hay entre ambas organizaciones. Lo que sí sabemos, al menos hasta el momento de escribir esto, es que no existe pronunciamiento oficial respecto de los problemas de personal denunciados, por parte de alguno de los tres estamentos que podrían emitirlo: el Ayuntamiento, el Sescam o la gerencia del propio HGT.

Y vamos como siempre, y yo voy terminando: si nadie lo remedia, el próximo domingo (o al otro o al otro, igual da) habrá una nueva manifestación, la tropecientos-enésima, con este precioso lema: “¡El Sescam no quiere a Tomelloso y su comarca!”, donde se volverá a decir con razón pero sin consecuencia ni novedad alguna que nos maltratan, nos chulean, nos ningunean, nos vacilan y nos roban (porque al final el dinero está detrás de todo). Probablemente se criticará también duramente a la alcaldesa, se gritarán consignas contra los que nos quieren dejar como un pueblo grande (sean quienes sean), y la gente se volverá a su casa con el orgullo de lo hecho y la incómoda sensación de cuánto queda por hacer.

Termino. Me consta que existe oposición directa, estudiada y explícita a puerta cerrada en contra de las reivindicaciones de Tomelloso, pero no puedo especificar más acerca de ese plan. Solo sé cuál es su punto principal: dejarnos hacer a nosotros. No necesitan más.

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