Salones Epilogo

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Conocí a Ana María hace ocho años. La encontré en una reunión, en Tomelloso; ella tomellosera de pro, yo, castellano viejo, compartíamos amigos, como Fran o Inma.


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Ana María entró en mi vida como reflejo de mí mismo. Es manchega, estudiante, opositora, hija de obreros, dura y constante.

Ana es de familia obrera, de esas que trabajan de sol a sol, y superan cada día las dificultades con esfuerzo y en silencio. De esas familias que viven con la amargura de saber que se puede vivir mejor, si el egoísmo se acabara.


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Ana María es socialista, aunque no sé aún si dogmática o pragmática, pero sobre todo es fiel a sus ideas. Llueva o haga frio, pegando carteles, pierda o gane, ella siempre está ahí; y con ella, sus padres.

Ana María fue una aplicada estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, donde compartimos pasillos, aunque jamás paseáramos juntos en ellos. Esos pasillos donde veíamos a los hoy conocidos Verstrynge, Monedero, Pablo Iglesias o el sociólogo de cabecera del PSOE, Iñaki Urquizu.


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Ana María es una mujer de letras, devora libros, sus autores favoritos -García Pavón, Félix Grande o Philip Roth- no faltaban en su casa, donde los libros estaban por todos lados. Y esa pasión por la cultura fue algo que me trasladó con la novela La balada del abuelo Palancas, de Félix Grande. Con este libro, Ana María quiso acercarme a la literatura de los grandes maestros de Tomelloso, y quizás también a ella misma, a su mundo de letras, a su ideología… y a mi bisabuelo tomellosero.

Ana María es como decía Machado “mujer manchega garrida y bien plantada”.



Ana María es amiga de sus amigos, fiel y leal.

Ana María es una profesional que se ha hecho a sí misma, viajando en el autobús Samar durante años para estudiar en el CEF, en Madrid, y prepararse una gran oposición, la de Inspectora de Trabajo, un adalid para una familia obrera, con una hija socialista. Aquella oposición, como el reto de hoy, ser senadora, no fue fácil, fueron muchos los viajes, las horas de estudio y los sinsabores, pero se consiguió con esfuerzo y tesón.



El 20D, Ana María, la vida te tiene preparada una nueva reválida, que no la última. Y una vez más, estoy seguro que, gracias a tu dedicación y coraje, conseguirás superarla con nota.

Suerte, Ana María, pase lo que pase, seguimos siendo los mismos.


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Me despido con unas palabras de Antonio Machado, de la poesía La mujer manchega, “El sol de la caliente llanura veraniega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón”.

José Alberto Crespo
Politólogo

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