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El Club de Lectura de la Escuela de Escritores Alonso Quijano, ha peregrinado este lluvioso domingo por algunos de los lugares significativos de Francisco García Pavón y Plinio. Organizadas por Rocío Torres, directora de la Biblioteca Municipal, la de hoy ha sido la segunda de las jornadas dedicadas a recorrer los espacios relevantes del genial escritor tomellosero. Esta suerte de vía crucis, pavoniano comenzó en mayo pasado, visitando la calle Independencia, la del Infierno, la esquina de la calle Martos  —aquella en la que Paulina despedía cada lunes a Gumersindo—, entre otros lugares.



Una docena de miembros del club, acompañados por directora de la Escuela de Escritores, Paloma Mayordomo, iniciaba la jornada en el Hotel Paloma —donde debió estar la buñolería de La Rocío— dando cuenta de unas tortas de mosto, que para eso estamos en vendimia.

Dirigidos por Rocío Torres y el concejal de Medio Ambiente, Isidoro Torres, han recorrido el Jardín de las Historias de Plinio. Deteniéndose en cada uno de los atriles en los que se van describiendo los volúmenes con las aventuras del Jefe de la GMT, los guías han referido anécdotas, situaciones o historias referidas a las novelas y relatos del porrista.



Después, la comitiva se ha dirigido al cementerio, pasando por la orilla del pueblo, aquella que nunca duerme (o casi nunca). Allí, Rocío Torres ha puesto un ramo de flores en la tumba de Francisco García Pavón y ha leído un par de pasajes de su obra, propios del sitio.

La jornada ha acabado en el Casino de San Fernando, contemplando la vida como la veía García Pavón cuando estaba en ese lugar: a través de las cristaleras.  El “Pliniosday” finaliza leyendo otro jugoso episodio del policía municipal más famoso de la literatura.



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