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Marta Somoza y Diego Salamanca son musicoterapeutas. Durante la semana pasada han estado al frente del Chiquiverano Musical. Nos llamaba la atención su disciplina y hemos querido compartir un rato con ellos esta mañana. Marta es tomellosera —fue Madrina de la Feria—, estudió piano desde los 7 años. Diego es de Madrid y guitarrista.

Una charla jugosa y, sobre todo, sorprendente. Resulta un alivio, en esto tiempos que corren, encontrar a personas como Diego y Marta.


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Diego estudió Magisterio Musical, para impartir clases de música. «En la universidad me topé con la musicoterapia. Decidí cambiar el rumbo, antes trabajaba como profesor de música y desde hace quince años me dedico a la musicoterapia a jornada completa».

Marta estudió también Magisterio Musical, después Historia de la Música «y acabé haciendo musicoterapia, porque esto de la música está tan poco valorado que cuantas más te formes más opciones tienes».


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La música es una “maría” en la educación, pensamos, y así se lo lanzamos a Marta y Diego. «La música no solo no tiene valor en cuanto tiempo en el currículum, sino que tampoco se le da el valor como potenciador del aprendizaje del ser humano», asegura Diego; para Marta «la música es una herramienta que favorece el desarrollo del niño en la edades más tempranas. Eso no se está teniendo en cuenta en el sistema educativo. Está desapareciendo poco a poco y la única opción que tienen las familias es la de una escuela privada».

La música como terapia, ese es el meollo del asunto. ¿Sus beneficios son apreciables o es algo como los lactobacilos? Diego: «Tiene beneficios inmediatos y efectos a medio y largo plazo. Hay investigaciones médicas y publicaciones que así lo corroboran». Marta: «Además el oído es el primer sentido que se desarrolla».  ¿Está comprobado que el feto oye la música  y la conoce en el seno materno? Marta asegura que sí y que además, «despierta el resto de los sentidos».


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«Hay una respuesta fisiológica inmediata a cualquier estímulo sonoro, a la música. El ritmo cardiaco se altera, el respiratorio, la saturación de oxígeno en sangre… Hay parámetros fisiológicos que varían dependiendo de la utilización de la música. Y también psicológicos», nos explica Diego, «y desde esa área es desde donde la musicoterapia trabaja».

Les cuestionamos como han sido capaces de reunir a un montón de chiquillos durante toda una semana y que, encima, se lo pasen bien. «La música», señala Marta sin dudarlo ¿Solamente? «La música en directo hace mucho. Te adaptas a la necesidad del momento, por donde van los niños. También el aspecto didáctico que ponemos en cada una de las actividades, lo lúdico».  «Y que somos muy conscientes de cómo están los chicos cada día», nos cuenta Diego, «no es que llevemos una batería de actividades que haya que cumplir, sino que depende de cómo vengan los chicos ese día, vamos orientando la clase a un lado u otro… cohesión grupal, desarrollo del lenguaje, psicomotricidad No necesitamos convencer a las personas de lo que estamos haciendo, como encuentran el beneficio, el trabajo sale solo. Es buscar el potencial de la persona a través de la música y darle cabida más allá de las dificultades».


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No solo hacen actividades más o menos lúdicas como la que acaba de terminar en nuestra ciudad. «En otros proyectos trabajamos con poblaciones muy afectadas: chicos con discapacidad, personas mayores con dificultades neurológicas, también en un hospital en Madrid. Nos encontramos con personas con dificultades severas, chicos autistas o con parálisis cerebral donde la música desarrolla esa parte más íntima del ser humano y le da cabida más allá de su problemática».

Nos interesa saber cómo, a través de la música —o con la ayuda de la música— son capaces de paliar esas situaciones. «Trabajamos con chicos con discapacidad, estamos en varias asociaciones y colegios,  se busca la problemática concreta y que podemos ofrecer desde la música. Desde la forma de tocar, físicamente, para chicos sin movilidad o con movilidad reducida, elaborando canciones con letras determinadas para que haya un desarrollo del lenguaje. También aprovechamos el potencial motivador de la música que otras disciplinas no tienen. Para un chaval es más divertido cantar una canción con unos fonemas determinados que ir al logopeda. Hacemos un trabajo interdisciplinar».


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También están en el Hospital Gregorio Marañón, en la planta de cardiología pediátrica. «Hacemos la intervención en planta con los niños y familiares. En control de enfermería nos informan de las necesidades, nuevas incorporaciones, pruebas que se van a llevar a cabo… nosotros hacemos la sesión de musicoterapia mientras ellos realizan la intervención, retirada de un catéter, colocación de una vía…. cuestiones dolorosas. Entramos un minuto antes y luego pasan las enfermeras cuando el chaval está tocando con nosotros. Nuestra metodología es trabajar con música en directo porque puede adaptarse a las necesidades del momento».  

Marta está más orientada a lo académico, «trabajo con chicos que tienen dificultad de atención, desarrollo del lenguaje, de socialización».


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¿Cómo consiguen no llevarse todo eso a casa? «Por un trabajo de desarrollo personal, nosotros, como una responsabilidad con nuestro trabajo, nos cuidamos de forma interna».

Marta para acabar «pensamos que la música puede acompañar toda la vida, en dificultades, en logros y servir de apoyo. Eso es lo que nos motiva para seguir».


Diaz Valles

Enlace a MUSA – Música y Salud

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