Jose Pozo

José Pozo Madrid es el ganador del Premio Local de Poesía Ángel López Martínez con “Haikus de la intemperie”. Según el jurado, “en Tomelloso hay un autor excelente y estamos muy contentos de que reciba este premio”. Pozo es un poeta laureado, ha ganado, con esta, tres veces el premio local de poesía y una el José Antonio Torres de la Fiesta de las Letras. También ha obtenido el XXVIII Premio Gerardo Diego de poesía de la Diputación de Soria con el poemario “Extravagante” y el XLIX Premio Nacional de Poesía de Reinosa con “Sesión funambulista”.


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El poeta es modesto y huidizo, huye del oropel y nos cuesta trabajo concertar la entrevista. Conseguimos que se produzca el milagro y quedamos una tarde para un café. Por fin. Lo conocemos de hacernos eco de los premios que ha recibido y de las redes sociales. Nos interesa conocer al poeta, la charla es intensa y larga, pero a Pozo le cuesta trabajo hablar de él.

Llega a la poesía a través de la música, de las canciones de Paco Ibáñez o Serrat. «No llevo mucho tiempo escribiendo. Sí he hecho cosas, desde siempre, pero más en serio lo he empezado a hacer hace ocho o diez años… Y creo que la culpa la tiene internet»



La primera vez de José Pozo se presentó a concurso lo ganó, fue en la Fiesta de las Letras, el mismo premio que ha logrado este año. «Aquello me pareció una cosa extraordinaria. La primera vez que te dan un premio es algo fabuloso y es lo que te anima a seguir. Siempre se dice que lo importante es creer en ti, pero eso no es suficiente, necesitamos que alguien más crea en nosotros y le guste lo que hacemos».

La poesía, creemos, admite menos engaños que la prosa, es literatura descarnada, tal vez la segunda admite más trampantojos, por ello, se pueden disimular menos las carencias del poeta. «Puede ser» nos señala, «pero lo que está bien, está bien. Aunque si es cierto que en poesía es mal difícil disimular lo malo. Pero cuando escribes tampoco piensas en el resultado final, la poesía te va llevando, parece como si la controlases menos», es más voluble.


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Nos contaba el poeta que no tiene un método claro para escribir «pocas veces me pongo a ver que sale. De todas formas, es muy difícil esto de la inspiración. Algunas veces me llegan algunas frases de cualquier sitio, de la tele, o el cine, y me surge el poema. Lo escribo, pero yo ya lo llevo en la cabeza. Hay momentos en que te das cuenta que ya está el poema». Escribe de un tirón y luego, si llega el caso, lo modifica «soy muy perfeccionista. Bueno, lo sería si consiguiese la perfección, pero no estoy seguro de ello. Intento buscarla pero no sé si lo que hago no es estropear más el poema».

Pozo, a lo mejor no lo hemos dicho, es un ávido usuario de las redes sociales, sobre todo del Facebook. Eso le sirve para estar en contacto con los poetas, aprender de los mejores. «Siempre es interesante aprender de los que saben más que tú, hago caso a sus recomendaciones. Para decidir que poemas voy a publicar, o cuales merecen la pena, la decisión final, obviamente, la tomo yo, pero me apoyo en ellos».


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Nos metemos de lleno en la obra con la que ha obtenido el premio Ángel López Martínez de poesía, “Haikus de la intemperie”. «Al ser los primeros que he hecho he querido hacerlos bien. He respetado la métrica, son tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, que no pueden rimar. Aunque no deben llevar título, yo sí he querido nombrarlos cada cuatro. El título hace referencia a las estaciones, Renacimiento, la primavera, Canícula, el verano,  Otoño e Intemperie, que es el invierno. Acaba haciendo referencia en el último verso a la primavera, con lo que volveríamos a empezar».

En ese sentido, y a pesar de lo que dijese el jurado, tanto en la estructura de los mismos, como en la composición sí cumple con lo que debe ser un haiku (o sin pronunciar la hache). «Los haikus tienen que hablar de la naturaleza. Una parte de ellos, el kigo, debe evocar las estaciones, no tienes que decir primavera o verano, pero si digo una castaña, estoy hablando, obviamente, del otoño».


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Pozo quiso presentar algo nuevo al certamen y compuso los “Haikus de la intemperie” «algo que se entienda bien y que llame la atención. Como digo, no había escrito nunca este tipo de composición. Escribí los haikus expresamente para presentarlos a este premio».

Para José Pozo el Premio de Poesía Ángel López Martínez «significa mucho, porque me lo han dado en mi tierra, en mi ciudad. Además, fue el primer premio que gané desde que hago poesía. Es importante, es el primer premio real que recibí y el que, seguramente, me animó a seguir componiendo poesía».  El poeta ganó por primera vez el premio en 2009 con “Cuaderno para pelo de Esparto” y volvió a resultar vencedor del mismo galardón el año siguiente con “Bailarines bilingües”. «Después me lancé al José Antonio Torres  y también lo gané, con “Frío”». El del 2015 es el cuarto premio de poesía que recibe en la Fiesta de las Letras de Tomelloso.


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Por lo tanto, nos atrevemos a decirle que su trabajo es reconocido en Tomelloso. «Eso de que nadie es profeta en su tierra en mí no se cumple, al menos, de momento».

Pozo nos contaba que componer versos no es su forma de vida «no, no, ¡qué va! Yo soy tornero fresador, ahora como está el tema del trabajo tan mal, trabajo con mi hermano que tiene una empresa familiar de electricidad».


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A la que te descuidas, el poeta deja de hablar de él y se pone a glosar al entrevistador, Pozo lleva mal lo de hablar de sí mismo. Hablamos de realidad, de realismo fantástico, de trampantojos vitales, de personajes, «no sé si era García Márquez el que decía que si no nos inventamos la literatura, la vida real es muy aburrida».

La poesía de José Pozo es, en nuestra modesta opinión, poco alambicada, directa, usa las palabras con precisión de cirujano; es sobrecogedora. «Trato de no enredarme mucho, si en algo he cambiado en este tiempo es en que trato de hacer más sencilla mi poesía. El lector lo agradece».

En un poeta, (o en un pintor, en un artista en definitiva) en este caso en nuestro entrevistado, están todos los poetas, desde Homero a Dionisio Cañas «al final eres lo que lees». Y le tiramos por ahí, le cuestionamos que a quién lee, claro. «Comencé con la Generación del 27. Ahora leo autores contemporáneos, amigos de Facebook, me gusta compartir su poesía. Por ejemplo, Gracia Trinidad, que ha ganado el premio Eladio Cabañero de este año y a quien cito en uno de mis poemas. Hay mucha gente, Ana Montojo, que estuvo en Tomelloso; Francisco Caro, de Ciudad Real; Vicente Martín, uno de los que más me han influido. Leo mucho, no tengo muchos libros pero en internet leo mucho». Uno mama lo que lee, pero lo bueno es que de todo eso «salga algo diferente, que tenga tu voz, que se te reconozca cuando te lean».

Y claro, llegamos a la discusión celayana de que si la poesía es algo estético (un lujo cultural de los neutrales) o sirve para algo (tome partido hasta mancharse). «Yo sé que la poesía no va a arreglar el mundo, pero en mis poemas siempre hay una carga social. Intento reivindicar cosas. Sí creo que la poesía puede servir para algo, no es un mero lujo. La poesía tiene que manchar y mancharse, no solo ser bonita y bella. Nos tiene que durar un poco en la entraña. Intento decir lo que pienso, para que se vea de qué lado estoy».

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