Incomprensiblemente, se ha instalado en la agenda del Departamento de Parques y Jardines unos procedimientos expeditivos para saldar la problemática gestión, parece ser, de los pies arbóreos más longevos, ubicados muchas veces en espacios y rincones singulares de la ciudad. El pretexto esgrimido suele ser la existencia (que nadie discute) de avanzados procesos de pudrición o de patologías graves que pueden provocar caídas o desprendimientos de ramas con el consiguiente daño a personas, mobiliario y propiedades. Pero lo que podría presentarse como un argumento serio y creíble a la hora de motivar este tipo de actuaciones, siempre de forma selectiva y como última opción, se está convirtiendo, si no lo ha hecho ya, en una norma generalizada que no distingue entre los grados o estadios diferentes de la enfermedad, y no digamos entre ejemplares sanos o enfermos.

Así, alineamientos y glorietas de chopos han desaparecido de forma increíblemente rauda, dejando un paisaje estéril, casi lunar, además de plátanos, moreras, y acacias en diferentes puntos del casco urbano. La tala sistemática es hoy por hoy la praxis dominante para erradicar definitivamente los últimos vigías del reino vegetal de nuestra historia más reciente.



Ahora es el turno de unos de los barrios más genuinos de Tomelloso, el del Carmen, antiguamente conocido con el nombre de Las Casas Baratas por su condición, allá en los años cuarenta del pasado siglo, de proveer viviendas protegidas. Los árboles que delimitan el perímetro rectangular de su plaza (adornada con una bella fuente rodeada de rosales y que dispone de bancos públicos e instalaciones de juego infantil), han sustanciado un entorno incomparable para combatir el calor estival, animando la convivencia vecinal y el esparcimiento. Las fiestas patronales de mayor solera de Tomelloso tienen lugar aquí.

En torno a un centenar de sóforas, olmos, y acacias van a desaparecer sin que nadie lo remedie. Ejemplares de 75 y 80 años que conforman un pulmón verde que atrae biodiversidad, atrapa C02, genera un amable microclima, y representa una estampa característica de Tomelloso.



Estamos ante una actuación de despotismo y desprecio no sólo a los árboles señeros y maduros, sino a los vecinos y vecinas del Barrio del Carmen que han implorado, en vano, la interrupción de las talas en presencia de concejales, y que sienten con gran pesar la pérdida fatal de un tesoro botánico, cultural y sentimental.

Hay que desenmascarar los llamados planes de poda y sustitución del arbolado, una estrategia devastadora contra nuestro patrimonio vegetal. Los árboles son seres vivos con necesidades especiales, acentuadas con la edad y el maltrato diario que le infringimos. Los achaques que presentan, normalmente causados por un mal manejo en el pasado y por la falta de mantenimiento de los servicios municipales, no justifican, de ninguna manera, su desaparición en un paisaje urbano cada vez menos reconocible.



La gestión de las zonas verdes exige gobernantes municipales responsables y competentes que garanticen una mayor inversión pública, la incorporación de la arboricultura moderna a los planes técnicos, y personal dirigente y operativo cualificado. Mientras no se den esos condicionantes, nos tendremos que preparar para lo peor.



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