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Nunca tiempo pasado, por Inés M. Losa Lara

Cuando se nos van personas como Miliki, se nos hace un agujero tan grande en el corazón que sólo es posible llenarlo con las buenas cosas que nos dejó a lo largo de su vida,  una herencia de las que valen más que todos los tesoros del mundo: una infancia feliz capaz de gritar con fuerza “Biiiieeeeen” cuando se le preguntaba ¿cómo están ustedes?,  mientras la vida familiar de los 70 se paralizada para reunirse en torno a un televisor que aún no sabía de colores. Los niños de entonces, ahora ya creciditos, llevamos para siempre el marchamo de un...