Salones Epilogo

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Vicente Morales Becerra (Tomelloso 1969) descubre la historia de Tomelloso, investigando intrincados legajos. O personajes, que si no fuese por él pasarían inadvertidos como es el caso Luis Quirós, con el ganó el Premio de Artículo Periodístico de la Fiesta de las Letras del 2009, o Gregorio Arrieta el último de sus personajes rehabilitados, con el que logró el Premio Periodístico del último Certamen Cultural Virgen de las Viñas. Esos hallazgos los dona a sus conciudadanos como ofrenda de amor y respeto.  Y escribe, mucho y bien; también practicó la fotografía,la puntura, la escultura, hizo cine, vídeo… y tiene dos hijos.


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Hemos quedado con Vicente para descubrirlo, para conocer de esta suerte de hombre del renacimiento trasmutado al XXI —«¡No, qué va! Soy una persona normal a la que gusta hacer cosas»—. El descubridor descubierto, parafraseando a uno de sus autores preferidos. Bajamos a sus dependencias, un sótano rodeado de paredes de hormigón, un bunker donde los papeles consistoriales están a salvo y no pase lo de antaño, el borracho aquel que metieron en el calabozo y plantó fuego a casi todo el archivo.

La mirada de Vicente es dulce y confiada, tanto como su voz. Destaca su humildad —esa cualidad de los grandes hombres— y su peinado perfecto. Nos sentamos delante de una pared ornada con el Espasa, todo el saber al alcance de la mano, en una edición de finales de 1920. Hablamos de que Borges leía con fruición la Enciclopedia Británica, al menos una página al día. Confesamos que hemos hecho lo mismo, con la que teníamos a mano. Todos tenemos algún rodal oscuro, claro. La cosa no puede empezar mejor, pensamos.


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Comenzamos con los estudios, nos cuenta que, paradójicamente, cuando acabó segundo de BUP le alegró el no tener que volver a dar Historia, nunca. «Me fui por ciencias. Cuando acabé el instituto me matriculé en Físicas en la Complutense… A los tres años me di cuenta de que aquello no era lo mío, que mi cuerpo se negaba. Aunque sacaba buenas notas, me gustaban más los libros y los documentos. Hice Biblioteconomía y Documentación en tres años. Cuando acabé, como mi familia no tenía excesivos recursos, me volví a Tomelloso. Comencé un itinerario de oposiciones que tuviesen que ver con estos estudios… por cierto que en 1994 vine por primera vez a este archivo».

Premios literarios y colaboraciones


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En 1993 había una revista catalana de ciencia ficción, llamada Zineshock  que la dirigía Jaume Balagueró (luego director famoso con las películas de REC). La publicación organizó un certamen de relatos fantásticos, «me presenté y lo gané… pero me enteré cuando fui a comprar la revista, nadie me dijo nada».  No nos quiere dar más datos que «era un relato fantástico de una persona atormentada y con ideas suicidas».

Aquel premio le despierta el gusanillo y en 1994 se presenta al certamen del Periódico del Común de la Mancha,  “Tomillo y Espliego, «me presenté y gané con una poesía dedicada a la Virgen de las Viñas. Eso te va animando… me enteré de que había un certamen en Vitoria y presenté un trabajó. Lo envié y me olvidé. Con pocos días de diferencia concurrí al “Félix Grande” de la Fiesta de las Letras. A las pocas semanas me avisaron de que había ganado el premio de la Fiesta de las Letras. Días después me llamaron de Vitoria, había ganado y me pedían que fuese allí a recoger el premio». El que ganó en el certamen de la Fiesta de las Letras era “Diario de primavera”. La pieza ganadora en el Certamen de Relato Breve Fantástico de Vitoria  fue “Sueños negros”.


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Tras un tiempo con contratos en el archivo de Tomelloso, Vicente está dos años en la Biblioteca de Argamasilla, allí hace algunos escritos para los programas de festejos. También colaboró en la edición de un libro de personajes de Juan Yáñez. Por entonces fue jurado, y estuvo muchos años, de un certamen de relatos para jóvenes, que primero organizó el Ayuntamiento y después Alcazul. Vicente Morales ha sido colaborador de Lanza.

Le dejamos caer que para escribir es necesario leer, y le enhebramos a bocajarro que debe ser un devorador de libros, «sí. En el colegio, en séptimo u octavo, leía a García Márquez, que había ganado por entonces el Premio Nobel, Cien años de Soledad… En el instituto descubrí a Cortázar y a gente que hacía maravillas y me dije que aquello lo tenía que conocer». Hablamos sobre la vigencia o no del libro más famoso del colombiano y volvemos al asunto. «He leído mucho, todos mis ratos libres… Yo con lo que disfruto es con la lectura. De pronto te metes en esa historia, eso es genial. Y hay gente tan buena escribiendo cosas tan bonitas y tanto por conocer, que yo dedicaría todo mi tiempo a leer».vicente-morales-3


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La escritura, íntima y a la vez para todos

La conversación (poco lineal, todo hay que decirlo) nos lleva al momento en que uno considera que lo que escribe es digno de ser leído «Sale solo. En clase estaba aburrido y me ponía a escribir en un cuaderno, en el instituto… me ponía a escribir en el cuaderno, lo mismo si no tenía nada mejor que hacer alguna tarde. Eso también va demostrando cómo es mi carácter».  A Vicente que se le olvidaba decir que «cuando estaba en quinto de EGB, los maestros del Miguel de Cervantes, don Carlos de la Osa y don Manuel Manzanero, organizaron un certamen de relatos que me costó dos ediciones ganarlo, compartiendo el primer premio con José Luis Benito Andújar. Aquello para mí, fue la demostración de que se pueden hacer relatos para que los lean otros y esos son independientes  de aquellos escritos que tú necesitas para poner en orden tus ideas, o para comprenderte a ti mismo».


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La escritura parte de uno, es íntima y el escritor se desnuda, ma non troppo, pensamos. El escritor bisoño arregla sus cuentas letras mediante, pero llega un momento es que eso queda atrás «Yo terminé de ajustar cuentas conmigo mismo y con el mundo en torno a los veintitrés años, a partir de ahí esos escritos los dejé. Pero, para alguien que sepa leer la literatura, cualquier texto es un retrato del autor. Por eso, en cualquier texto, aunque no lo hagas explícitamente, te estás desnudando».

Vicente Morales, además de relatos, tiene varias novelas inéditas. Con veinte años, viviendo en Madrid, escribió una trilogía de fantasía, “El diario de Joseus Enskelz” «que está guardado en un cajón». Después vino “Sueños negros”  e inspirado en Amós Tutuola «un escritor nigeriano que me encantaba»,  hizo “El constructor de menhires”. Entre los 22 y los 24 años, compuso tres novelas, como quien no quiere la cosa.


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Pero Vicente se da cuenta que con la edad que va alcanzando debe dedicarse a estudiar para conseguir aprobar unas oposiciones. «De Archivos y bibliotecas, me presentaba a todo lo que se movía, la Complutense, Alicante, Ciudad Real, Villarrobledo, donde fuese. Hasta que ya le cogí el  hilo, se convocó la plaza del Archivo de Tomelloso, de forma interina y me dije, “no te va a ganar nadie”. Estudié cono un loco y saqué la plaza, que era de interino. En el 2001 la obtuve en propiedad».

Investigando sobre Tomelloso

Y comienza la investigación sobre Tomelloso «Javier escudero me enseñó documentos de Tomelloso, del siglo XVI. Le pedí uno para leerlo, ya que había aprendido paleografía. En el año 2002 comencé a leer un documento de 1538. Escudero decía unas cosas y  el legajo decía otras. Tardé cerca de seis meses en leerlo, pero me sentí como cuando un mago hace aparecer algo entre humo y estese disipa. La máquina del tiempo existe y son los documentos, estaba oyendo hablar en directo a Aparicio Quiralte, a Martín Sánchez, a los que fundaron Tomelloso. Estaban hablando en “su presente”. Cuando llevaba media hora transcribiendo documentos, me abstraía de todo lo de alrededor y oía hablar a esos hombres, que eran analfabetos, con sus expresiones, con su día a día. Lees como se relacionaban, las riñas entre vecinos, las primeras chanzas, como cantaban los mozos cuando se iban a la faena por las mañanas. Me empecé a meter en la vida del XVI en Tomelloso… y me tiré siete años estudiándolo».

Por una necesidad de conocimiento y un afán de investigación Vicente «quería descubrir si era cierto lo que había dicho García Pavón y lo que decía Escudero  y Lorenzo Sánchez de que Tomelloso se fundó como aseguraban. Me di cuenta de que no era como ellos decían. Para mi ese descubrimiento fue tremendo y me dije que se lo tenía que contar a mis vecinos en un libro de historia. Las cosas que yo descubría y creía que la gente tenía que conocer, se las mandaba a Jaime Quevedo y las publicaba en su periódico».

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Y vinieron descubrimientos importantes «la ermita de San Francisco, la historia de La Asunción, quien construyó la Posada de los Portales y en qué año, el cementerio de la Glorieta… todas las cosas que son de todos los tomelloseros, pero que no sabíamos cómo eran ni de donde habían venido».

Con todo ello Vicente se propone escribir un libro, pero «gracias a dios, después de muchos años, nació mi primera  hija y a los tres años nació mi hijo. Lo de la investigación lo tuve que paralizar. ¿Qué hice? Pues ya que no puedo investigar me dedico a estudiar los ratos que tenga libres entre biberón y biberón. Eso me permitió hacer la adaptación al grado, un curso de especialista, ahora estoy haciendo un máster en Investigación Histórica, sobre la Repoblación Tardía en La Mancha… y para rentabilizar todos mis esfuerzos, una tesis doctoral, con estudio sobre la Repoblación Tardía en Castilla».

Seguimos hablando de historia, de nuestra fijación por la intrahistoria, por los pequeños personajes que sufren «lo que los de arriba deciden por bien de ellos, sin contar con ellos», que daría para otra entrevista. No obstante Vicente asevera «lo que me importan son los seres humanos».

La Independencia de Tomelloso

Resumiendo «me he hecho especialista del siglo XV y el XVI, pero entre medias me salieron documentos del XVIII que contaban la Independencia de Tomelloso. Y que los doscientos cincuenta años de aquello se celebraban en el 2014. Pero lo descubrí el año pasado y se lo conté a la Corporación para que intentaran hacer algo con respecto a este aniversario».

Gracias a esos documentos, Vicente Morales pudo reconstruir la historia del Tomelloso del siglo XVIII y el 23 de abril, Día del Libro a la sazón, va a dar una charla en la Posada de los Portales.

Le pedimos que destaque un personaje, de los que ha ido descubriendo, de Tomelloso. Nos habla de un ayudante de alguacil, que no era de aquí «En Peñarroya había venados. Existía uno blanco, precioso, que el Prior de San Juan tenía dicho que no lo mataran, que era una preciosidad. Llego un cazador de Socuéllamos y lo mató, también iba gente de Alhambra a matar venados. Ese ayudante de alguacil, que no recuerdo su nombre, para descubrir quién mató el venado blanco se escondió detrás de unas matas, averiguó quien eran los cazadores y dónde vendían la carne. Se disfrazó de paisano y fue a Alhambra y haciéndose el tonto comenzó a indagar, hasta que se dio cuenta que lo estaban detectando porque estaba preguntado mucho y además era forastero, se retiró. Ese personaje al que nadie había enseñado técnicas detectivescas, ni existía Simenon, ni Pavón, ni Agatha Christie, ese señor ideó algo para detener a alguien que había cometido un atropello… A mí ese personaje me encanta y encima cuenta eso cuando está preso en la cárcel del Quintanar o de Ocaña, ¡es genial!»

Podríamos estar hablando con Vicente Morales horas y horas, pero tiene una visita programada de alumnos de un colegio que van a conocer el Archivo. Esperamos ansiosos ese libro de Vicente sobre la historia de Tomelloso.

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