Lorencete, primero, es pescador, siempre intentando capturar peces de una pequeña fuente en la que no encuentra el premio a su persistente afán, y luego es vigilante, dando la bienvenida a los visitantes del museo-auditorio López Torres (hubo un tiempo que causó baja y dejó la plaza vacante).

Símbolo de Tomelloso, rodeado de cultura, anda que no habrá escuchado conciertos, disfrutado de teatros, charlas y demás representaciones. También, debe ser, si no el que más, de los mayores expertos en la obra del gran pintor Antonio López Torres, y seguro que no se cansa de admirar los magníficos lienzos que cuelgan en la iluminada sala, algún día nos tendría que decir las miles de alabanzas que reciben dichas obras.



Un «conserje» inagotable que también vela en el exterior del edificio por unos jardines con buena sombra en verano, y una zona de columpios para que los más pequeños se diviertan.



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