Poca ocupación tenía esta vieja silla de mimbre apostada en una acera de nuestra localidad durante los últimos días, han sido, pocos y pocas, los valientes que se han atrevido a sentarse en ella para intentar soportar las gélidas temperaturas de estas jornadas, en las que hemos visto caer algo de nieve, y más lluvia,  al paso de la borrasca «Gloria».

Vendrán tiempos mejores y con la llegada del buen tiempo tendrá horas de mucho uso, en las que será testigo de largas conversaciones, preocupaciones, cotilleos, y seguro, que muchas risas, cierto es, que tendrá que llegar sana y salva.



Al encontrarla de paso, su estado y color, mimetizaba muy bien con todo el entorno, fachada y acera, menos mal que, las sombras propiciadas por las farolas que iluminaban la calle, la hacían más visible para evitar un encontronazo fortuito.



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