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Comenzaré estas líneas relatando lo que me sucedió hace años cuando trabajaba en una entidad de ahorro. Entre los clientes morosos que había en la sucursal se encontraba un vendedor, (el sector no viene al caso), que adeudaba varias cuotas de un préstamo. Cierto día lo visité para hacerle saber la gravedad de la situación. El moroso, haciendo uso del comportamiento propio de su profesión, cogió la palabra y me endosó una parrafada tan bien construida que no tuve por más que decirle: Fulano, cualquiera que te oiga no sabrá si eres tú quien debe a la Caja o es la Caja la que te debe a ti.



La declaración del mediático Iglesias diciendo que “Jesucristo habría estado en Podemos”, sirve como pretexto para intentar acercarme a realizar la siguiente reflexión.

Llevamos ya bastantes años en los cuales determinados movimientos sociales y políticos del planeta, que se auto-declaran a bombo y platillo agnósticos y ateos exhibiendo un pedigrí anti-religioso de lo más puro, de vez en cuando hacen referencia a la figura de Jesucristo, proclamándolo como “socio” del contenido de sus discursos, programas, ideas y acciones.

Bien es verdad que esto no es algo nuevo. Desde que Jesucristo Resucitó, el intento de apropiación más o menos integral del mensaje plasmado en el Nuevo Testamento no ha dejado de ser una constante dentro y fuera de la Iglesia.



Pero el fenómeno con el que ahora nos encontramos es mucho más curioso. Visto con un nimio y precario aspecto positivo, es de “agradecer” que “alguien que pasa de algo”, lo exhiba como virtud o coincidencia.

Para un cristiano, como es mi caso, quien Jesucristo ante todo y sobre todo es el Hijo de Dios hecho hombre, con lo que este acontecimiento conlleva de oferta vivificadora de Salvación, la identificación de valores evangélicos con las ideas que sostienen determinados partidos políticos no deja de ser un bufo intento de querer minorar o trocear a la pura conveniencia tanto el origen, como la trascendencia y el porqué de la figura de Jesús.

“Capar” la esencia y universalidad de su Mensaje para pretender adecuarlo a algo parecido, seleccionando frases, dichos, hechos…que Jesús realizó. Y además todo ello, con la necedad de la ignorancia de quien ni cree, ni ama a aquello que alude. Como aquél que mira a través de una pared de cristal de vez en cuando, entretenido y admirado con lo que sucede al otro lado pero sin mascar, sin entender ni por supuesto participar de ese ambiente que sus ojos ven.



Esta postura de querer justificar o al menos dar credibilidad a lo que se defiende, refiriendo nada menos que a Jesucristo, me lleva a la doble conclusión de que por un lado se intenta reducir su figura a la de un “avalista” del propio pensamiento y acciones y por otro, arrancar de su vida las páginas o frases del evangelio que coindicen con determinada postura política, sicológica…etc.

Se trata pues de disecar el mensaje trascendente de Jesús y ajustarlo a la propia estatura existencial. Utilizar a Jesucristo como pretexto y excusa de las convicciones políticas o morales. De esta manera Jesús no es su figura a la que se tenga que imitar, sino que se convierte como coartada para uno mismo.

Como el vendedor de la historia, cuando uno oye a estos políticos, da la sensación de que no tratan de proclamar a Jesucristo como un ejemplo a seguir, sino que es Jesucristo quien tendría que estar agradecido por coincidir con lo que ellos defienden o piensan.



Fermin Gassol Peco



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