Hierve la sangre
en este frío cansino
que se encaja en la piel
de mis arrugas,
en estas viejas manos
que llevan un verso
por el contorno
de una eternidad buscada,
y que tristemente no llega,
ni tan siquiera hace alarde
de presencia entre los vientos,
que ya te llevaron
mis enardecidas penas.

Te fuiste como el aroma de la primavera,
en una esencia de veranos calcinantes,
buscando otoños caídos en los charcos
donde no alcanzan los inviernos las hojas. 



Se me pasa el tiempo
volando ante tu sombra,
en esta tumba de recuerdo
que te implora,
que vuelvas a darme
la ilusión que contenga,
la triste angustia de tu
ausencia en mis horas. 

te-fuiste



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