Salones Epilogo

Volví a enfocar su figura uniformada en la mirilla del rifle, y recordé, como otras veces, las vejaciones y abusos cuartelarios sufridos. Pero sabía que tenía que girar el arma. Sentí el acero frío en el paladar.

Virgen de las Viñas

Fundí a negro aquel anochecer oscense del setenta y siete.

Ya no contaré las majaderías varoniles de aquella puta mili. Ni tampoco sabré, Mi Teniente, si soportó usted el oprobio justiciero que le inculpaba, en la carta que quedó junto al agujero sangrante de mi calavera.

FERCAM

Amanecía cuando me encontraron.

EURO CAJA RURAL PIE

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here