hoja en blanco

De blancura inmaculada, quieta, serena, allí la vi y me atrajo. La tome en mis manos con el afán de llenarla de imaginación. Hice un trazo y ella tembló, y a medida que iba dejando mi huella vi que su color de nieve iba desapareciendo y adentrándose en el mundo de las sombras. Seguí en mi empeño hasta cubrirla de lodo, de ese fango teñido de entendimiento que mi ego me sugería ante la indefensión de la blanca inocencia que tenía delante.


Bodegas Verum

Era la hoja de mi cuaderno, blanca, inmaculada, a la que ultrajé con mi mal concierto y mi torpe mano.

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