«—Si tú me dices ven no dejo nada, pero te acompaño.



Mírame llevo contigo más tiempo del que puedes recordar.

Sé exactamente lo que necesitas para ser feliz. Quizás te falle más veces de las necesarias, pero te quiero ¿sabes?



Me gusta como eres cuando de verdad estás.

Otra vez tienes esa mirada que no necesita de palabras.



Otra vez tu alrededor tiene color.

Otra vez vuelves a ser tú. Llenas de magia el lugar. Esto hace que yo vuelva y me enamore de tu sonrisa, una vez y otra y otra…



No necesitamos a nadie más, solo tú y yo.

Verás cómo vuelves a comerte el mundo con una sola palabra.



Todos esos ojos que te miran y creen conocerte, te volverán a ver, cogida de mi mano, indestructible.

Y ahora relájate y disfruta, lo mejor no se ha ido ni está por venir, lo mejor es ya, lo mejor eres tú. -»



Apagó el cigarro, y sin dejar de mirar al espejo le lanzó una sonrisa de complicidad, se dio la vuelta y se fue, dejando la puerta abierta.

Ya no había nada que encerrar.



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