Si algún día, arribara mi muerte a los insensibles crepúsculos,

dejaría cortados los alambres que me unen a esta tierra,



y mientras el alma se desespera de vicio y de trajín,

contaría que llegué a ser una ermitaña y melancólica tristeza.



 

Por más que negara mi insufrible y pasional bautismo



en los abrojos del recuerdo, por más que la esencia y el cuerpo

se mortificara, nací sin la fuerza del supremo orden,



colmada la conciencia y la paz en calma.

 



Quiero convertirme en todo aquello que no he llegado a ser,

el agua dislocada, el viento que azota los efluvios del alba,

el fuego, cual brizna candente que empapa los fríos inviernos,

y la tierra, que no soporta más raíces y cardos que la hieran.

 

Así, como esa libertad que tanto anhelo,

compitiendo con céfiros silencios y brumas,

dejaré el sudor entre las acartonadas venas,

frunciendo el poder de mi libertaria esencia.

 

Si algún día, arribara mi muerte a los insensibles crepúsculos…

 

Derechos reservados de autor @Poemas 2011

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