Mi marido tiene una camiseta en la que pone “Si no te gusta la policía, cuando tengas un problema, puedes avisar a tu puta madre”. Sí, todo esto cabe en su enorme espalda de Policía Nacional. Me encanta esa camiseta porque, a pesar de que rece ese lema, no es una realidad y, si alguien que despotrique del Cuerpo, un día tiene un problema y solicita su ayuda, sin duda alguna la recibirá. Exactamente igual que ocurre con la Guardia Civil. Estos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado están aquí para ayudarnos y para hacer cumplir la ley, por eso me duele que, a veces, la sociedad se ponga en contra por hechos puntuales normalmente azuzados por partidos políticos a los que no les va la seguridad, la ley y la tranquilidad por la que ellos velan.

A raíz del supuesto referéndum en Cataluña que provocó la aplicación del Artículo 155 de la Constitución, nuestra Policía Nacional y Guardia Civil han visto cómo ciudadanos se les echaban encima acusándoles, insultándoles y maltratándoles. Lo único bueno que trajeron aquellos locos días fue el reconocimiento de su labor por la mayoría de españoles y, a la vez, la petición de esa famosa equiparación salarial con el resto de policías autonómicas que ganan bastante más que ellos. El Gobierno se comprometió, el Ministro de Interior también lo hizo  y, cuando creíamos que iba a ser un hecho, llegado el momento, esa aclamada equiparación se ha convertido en un intento de votación frustrado que terminó con un acuerdo de subida de sueldo que no llega a igualar lo que cobran esas policías autonómicas. Todavía faltarán, dentro de dos años, cuando se alcance la subida en su totalidad, alrededor de 400 euros para cobrar lo mismo que los otros.

Entonces, ¿qué ha pasado?, ¿por qué venden la moto de que se ha conseguido una equiparación total cuando se trata de una subida y seguirán cobrando 400 euros menos que los autonómicos? Sólo me cabe una respuesta: se creen que somos tontos, y me incluyo porque me afecta y porque los siento como míos.

Toda esperanza de equiparación se perdió en el momento en el que los sindicatos de la Policía Nacional y Guardia Civil se vendieron, por decirlo de alguna manera. También podemos decir que se bajaron los pantalones o, si lo prefieren, que traicionaron a los suyos, a los que confiaban en ellos. Muchos policías y guardias civiles se han dado de baja de esos sindicatos después del acuerdo porque se han sentido traicionados. Esa no era la lucha, ese no era el resultado que querían. Qué pena que se prometan unas cosas y luego no se cumplan. Qué pena que se de tan poco valor a quien se juega la vida por nosotros y vela por nuestra seguridad. Qué pena de políticos que juegan con el pan de otros. Qué pena de sindicatos que traicionan a los suyos pero, sobre todo, que pena de policías y guardias civiles a los que les han tomado el pelo. Pero ellos no se rinden y seguirán luchando por conseguirlo, yo también seguiré aquí y con ellos, yo también soy JUSAPOL.

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