Salones Epilogo

Cada vez me gustan menos las redes sociales. Antes, cuando las descubrí, publicaba sin parar todo tipo de cosas; desde fotografías hasta pensamientos. Ahora mi actividad se ha reducido bastante, más de la mitad. Uno de los motivos ha sido que me he casado, bueno, hace ya tres años. Antes, soltera, tenía más tiempo para no hacer nada; quiero decir que me sobraba tiempo y podía dedicarlo a contarle al mundo todo lo que hacía y pensaba. Ahora, con la vida matrimonial, no es que tenga menos tiempo, sino que el tiempo libre que tengo, procuro dedicarlo a mi familia y mi felicidad.

Sea como sea, el caso es que, desde que me casé, he perdido casi dos mil seguidores en Twitter. No tengo explicación alguna a este fenómeno. Veo los perfiles de algunas famosas que se casan o se ennovian y ponen toda su nueva y feliz vida llena de paz y amor en sus redes y suben y suben como la espuma. En cambio yo, cada vez que publico fotos o temas relacionados con mi matrimonio, bajo y bajo también como la espuma, pero cuando se hace agua. En realidad no me afecta para nada, al contrario, me da exactamente igual. Es mejor que se vayan a que te insulten, ¿no? Cierto es que subí muchísimo cada vez que nombraba mi cuenta de Twitter cuando trabaja por las mañanas en la radio; cada mención suponía doscientos seguidores más, así, de golpe. Llegué a tener más de treinta mil. Esos seguidores se mantuvieron un tiempo cuando pasé a trabajar por la tarde pero fui comprobando que se iban en manada cada vez que publicaba algo. Esa manada va ya por casi dos mil. Dos hechos coincidieron: pasar a trabajar por la tarde y mi boda, por lo que deduzco que a esos seguidores, o no les gustan los tuits por la tarde o no les gusta que me haya casado.


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Hay quien compra seguidores, quien ve esto de las redes sociales como una lucha cuantitativa para ver a quién le sigue más gente porque así se sienten más importantes. Actualmente uso las redes para estar informada y para cotillear, sí, como todos, pero no me preocupa tener más o menos seguidores, me importa tener, pasar y dedicar más tiempo a mi familia. Prefiero poner mi mejor pose y mi mejor cara con los míos. Disfrutar más de ellos y que sean ellos los que me digan “guapa” cuando me ven en carne y hueso y no en una foto en las redes. Esa vida 2.0 está bien para quien necesita halagos y aprobación por parte de los demás. Si hoy subo una foto con mi marido es porque me apetece mostrar algo o enviar algún tipo de mensaje, no por tener más o menos seguidores, ni por ser más o menos importante. También uso las redes para opinar en mi condición de periodista, para quien quiera leerme, criticar y compartir, nunca insultar y sí, voy a seguir publicando mis sentimientos cuando me apetezca, igual que ustedes pueden seguirme o dejar de seguirme cuando les apetezca.

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