ocio

En este artículo queremos hacer hincapié en la importancia de programar actividades de ocio que nos resulten agradables y placenteras. En la mayoría de ocasiones, las presiones del día a día y el estrés al que nos vemos sometidos, hacen que dejemos de lado las cosas que verdaderamente nos gusta realizar, relegándolas a un segundo plano y convenciéndonos de hacerlas en el fin de semana o en período de vacaciones. Sin darnos cuenta, muchas personas pasan semanas, e incluso meses, sin dedicar tiempo a realizar este tipo de actividades y como consecuencia, su estado de ánimo comienza a disminuir. De esta manera con el paso del tiempo nos vamos volviendo cada vez más huraños, con peor humor y, en mayor o menor medida, nos sentimos más deprimidos y tristes.



Para intentar romper esta tendencia presente en nuestra sociedad queremos explicar el por qué de la importancia de realizar actividades que nos gustan. Existe una relación causal y directa entre el número de actividades agradables que realizamos y la calidad de nuestro estado de ánimo. Esta relación es tan evidente como para notar los efectos día a día.

Habitualmente, los días más felices de la semana, para la mayoría de las personas, son aquellos en que más actividades placenteras se realizan: los fines de semana. Normalmente, los sábados y los domingos se suelen dedicar a los deportes, a estar con los amigos, a leer, a ir al cine, a salir, a tener relaciones sexuales, y a un sinfín de actividades que provocan que el estado de ánimo sea alto. Este fenómeno es aún más visible durante las vacaciones.

La importancia de recibir satisfacción diariamente no sólo se ve a nivel individual, sino también en parejas y en familias. Es un hecho claramente demostrado que las parejas y familias más felices y unidas son aquellas que comparten más momentos agradables.



Sin embargo, este esquema no es matemáticamente perfecto. Una persona puede estar teniendo un día muy agradablemente activo y sufrir un contratiempo (por ejemplo una sanción de tráfico), y a pesar de haber realizado un buen número de actividades agradables, la aversión provocada por la multa podría “desplazar” el bienestar conseguido, bajando el estado de ánimo. Se podría decir que nuestro estado de ánimo es el resultado de una imaginaria balanza, donde se sopesa la cantidad y la calidad de eventos positivos y negativos. Si queremos subir el estado de ánimo, debemos, por tanto, incrementar la entrada de lo positivo.

En ocasiones, nuestro termómetro para medir si nos apetece hacer una actividad o no está roto, y pensamos que esa actividad no nos va a resultar agradable, porque en un primer momento no nos apetece realizarla en absoluto. Sin embargo, es muy positivo ser consciente de que ese termómetro como decíamos está averiado y que hasta que se arregle, es bueno forzarse a hacer algunas actividades que podrían resultarnos agradables, para así poder ir mejorando poco a poco nuestro estado de ánimo, y que dicho termómetro se arregle.

El primer paso para aumentar y recuperar el número de actividades agradables que hacías antes de tu problema actual, es saber con exactitud de qué actividades estamos hablando.



Para ello haz un listado con las siguientes actividades que te detallamos, intentando para ello recordar tus preferencias y deseos. Es necesario desfocalizar la ansiedad actual que te generan tus preocupaciones, y listar las actividades usando la razón y los recuerdos. En este listado hay que apuntar qué actividades realizabas en el pasado, en el presente y las que te gustaría realizar en el futuro. Después cada actividad hay que ordenarla según el nivel de dificultad que presenta su realización (puntuando de 0 a 10)y el grado de satisfacción que te produce (también puntuando de 0 a 10).

Algunos ejemplos de actividades agradables pueden ser: leer un libro que me gusta, quedar con amigos, caminar descalzo, realizar una tarea manual, ayudar a alguien desinteresadamente, hacer un regalo, ir de compras, planear un viaje, hacer deporte al aire libre, darse un masaje, ver una película, estar fuera de casa (campo, playa, parque…), darse un baño relajante, jugar a un juego de mesa, mantener una conversación interesante, asistir al teatro o un concierto, reírse, echarse una siesta, cantar, saborear una buena comida, soñar despierto, pasar tiempo con alguien que amo, etc.

A continuación, elegimos aquellas actividades que tengan una puntuación menor en la primera columna (dificultad de realización) y una puntuación mayor en la segunda (nivel de satisfacción). Esas serán nuestras actividades a realizar en las próximas semanas. El próximo paso será programarlas en el tiempo y especificar la manera de llevarlas a cabo durante el día a día. Para programarlas, utiliza como unidad de medida, el tiempo. Por ejemplo: 10 minutos para leer una revista.



Lo más relevante, y lo más complicado, de realizar un programa de actividades agradables es vencer la inercia y la apatía. La única manera de hacerlo bien es cumplir con los tiempos programados para la realización de actividades placenteras. De modo que ¡PONTE EN MARCHA!

 



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